Bienvenido lector:

Federico Osorio Altúzar ha sido profesor de Filosofía en la UNAM y en la ENP (1964-1996) y Editor de la Gaceta de la ENP desde 2004.
Durante 15 años fue editorialista y articulista en el periódico NOVEDADES.
Es maestro en Filosofía. Tiene cursos de Inglés, Francés, Griego y Alemán.
Ha publicado en Novedades, el Heraldo de Chihuahua, El Sol de Cuervanaca, el Sol de Cuautla, Tribuna de Tlalpan, Tribuna del Yaqui, Despertar de Oaxaca y actualmente colabora en la versión en Línea de la Organización Editorial Mexicana (OEM).







viernes, 10 de octubre de 2014

ALEJANDRA ANCHEITA: NOBEL DE LOS DERECHOS HUMANOS



Pocas veces las premiaciones tienen consigo la impronta de la oportunidad. Los griegos del siglo V de Pericles solían utilizar el término “kairós” para dar a entender la pertinencia o el tino de una acción. Por lo tanto, la feliz concurrencia de lo pretendido y la buena voluntad para lograrlo.
Honrosa es la  distinción del Premio Martin Ennais 2014 discernido en favor de la abogada mexicana Alejandra Ancheita, defensora de migrantes indocumentados, indígenas acosados por autoridades y “emprendedores” nacionales y extranjeros, ejidatarios en vías de perder sus tierras y derechos de toda índole, entre otros grupos de marginados, menesterosos, víctimas de crueldad y de injusticia sin nombre.
El Nobel de los Derechos Humanos otorgado a la valerosa mexicana ocurre precedido del “kairós” con el que, sin duda, el ex secretario general de Amnistía Internacional, Martin Ennais, dotó al Premio para distinguir no sólo a quienes han sobresalido en la tutela de garantías que protegen de las agresiones de poderosos mal concebidos, sino a todo aquel con temple de luchador, a toda costa, de la dignidad y salvaguarda de valores intemporales: dignidad, seguridad, educación y empleo remunerado con justicia y equidad.
Se otorga el galardón a la abogada Ancheita en horas difíciles, enigmáticas y cruciales en México, esto en el sentido de índole definitoria y decisiva en la vertiente de los derechos que, de manera eufemística, se denominan “derechos humanos”, tal vez para acentuar que son garantías que atañen a la esencia de la persona entendida como sujeto de responsabilidades y libertades.
Al margen de esta digresión, cabe aquí subrayar la oportunidad con la que la  defensora laureada es investida con la presea que amplifica y ahonda su benemérita labor de intercesora ante los tribunales para exigir justicia jurídica en los casos de violación de libertades y en asuntos que hacen de nuestro país un ejemplo de lo que no se debe tolerar bajo ninguna circunstancia o componenda.
La oportunidad se esclarece ante lo que el Presidente Peña Nieto llama “debilidad institucional”, expresión equivalente a ineficacia de los órganos y organismos creados para preservar la integridad de las personas.  La oportunidad en cuestión tiene que ver, así, con la apatía de funcionarios, directa e indirectamente responsabilizados, con derechos a la salud, a la educación, a la igualdad social, a los alimentos accesibles  y comestibles, sin contaminación. También con el disfrute de garantías, en paz y armonía, de bienes relativos al uso y usufructo del agua, la tierra y del crédito para beneficio familiar y comunitario.
Se premia a quienes son, a su vez, merecedores de la distinción y al propio tiempo a quienes ofrecen certidumbre en cuanto a lo que pueden esperar las víctimas de opresión, abusos, extorsiones y vejámenes sin que autoridad ninguna, sobre todo con capacidad para hacerlo, intervenga con el objeto de resolver ilícitos perpetrados con lujo de impunidad.
Ingente es el océano que tiene a su vera la abogada Ancheita: acciones atroces del crimen organizado y mar de ilicitudes que emanan desde los poderes públicos en alianza con dueños de negocios mal habidos. En Guerrero, fosas clandestinas denuncian voz en cuello el contubernio entre autoridad y criminalidad; en Edomex  abusos del viejo y renovado militarismo; en Sonora, complicidad de empleados federales y autoridades locales en la comisión de aquellos delitos de “cuello blanco” pero que son como el ébola de la sociedad en la escala de lo infrahumano.

Este es el escenario sobre el que habrá de actuar nuestra laureada en los Derechos Humanos. Habrá, empero, que impulsar su dignificante misión, defendiendo lo defendible en torno a la dignidad y la nobleza de la persona humana.