Bienvenido lector:

Federico Osorio Altúzar ha sido profesor de Filosofía en la UNAM y en la ENP (1964-1996) y Editor de la Gaceta de la ENP desde 2004.
Durante 15 años fue editorialista y articulista en el periódico NOVEDADES.
Es maestro en Filosofía. Tiene cursos de Inglés, Francés, Griego y Alemán.
Ha publicado en Novedades, el Heraldo de Chihuahua, El Sol de Cuervanaca, el Sol de Cuautla, Tribuna de Tlalpan, Tribuna del Yaqui, Despertar de Oaxaca y actualmente colabora en la versión en Línea de la Organización Editorial Mexicana (OEM).







miércoles, 15 de octubre de 2014

MÉXICO AHORA: INCIDENCIAS Y COINCIDENCIAS



Es verdad que la historia no se repite. Los tiempos y los espacios forman coordenadas diferentes. Lo que sucedió ayer no es idéntico a lo que ocurre hoy, como tampoco los escenarios futuros habrán de producirse con sorprendente similitud a los del presente y del pasado.
Hay, es cierto, incidencias y coincidencias. La movilización estudiantil de hace medio siglo convertida en protesta y rebelión, nos viene a la memoria con motivo de las marchas incruentas y cruentas en Michoacán y, a la fecha, en el convulso Estado de Guerrero.
La masacre del 2 de octubre se asemeja, por la fría brutalidad, a la de Iguala y a la de Edomex. La diferencia es en cuanto al número: miles en el caso de la primera y decenas registradas en la segunda. No tienen que ver con el número, ¿sí con la intencionalidad?
La manifestación de universitarios, politécnicos y normalistas guarda coincidencias con la que tuvo lugar en forma reiterada durante los meses de junio a octubre, aunque con marcados contrastes. La del 68 fue presidida por el integérrimo rector, el ingeniero Javier Barros Sierra; ésta, de la del 2014, no tuvo padrinazgo similar, dado que por medio de la fuerza la directora del IPN había sido repudiada por la denominada base estudiantil.
Entonces los contingentes estudiantiles gritaron consignas frente a Palacio Nacional, conminando al Jefe del Ejecutivo, Gustavo Díaz Ordaz, a que resolviera cuanto antes los puntos del pliego petitorio. Hace unos días, los inconformes acudieron al despacho del titular de Gobernación, Osorio Chong, para entregar en forma casi comedida el documento en el que  formularon, de manera perentoria, respuestas a sus demandas.
Queda en el ánimo de comentaristas y críticos en general la inquietud en el sentido de hasta qué punto hubo premeditación y ventaja en el gesto de los politécnicos al asistir a la SEGOB antes de hacerlo con dicha disposición, a las oficinas del titular de la SEP.       
¿Había la intención de presionar por medio del desdén, a fin de anticipar la caída del secretario Emilio Chuayffet?
Todo esto corresponde al cúmulo de circunstancias en las que habría que espigar a fin de  hace hipótesis y conjeturas sobre los antecedentes y las consecuencias. Es decir, en caso de haberlas.
Desde otro ángulo, los hechos actuales, los sucesos del día apuntan acerca de un tema mucho más difícil de dilucidar.
Nos referimos a las extrañas incidencias en torno a la conducción de la política nacional. Y para decirlo de una vez, en todo lo que concierne a las propuestas modernizadoras planteadas a la Nación, a través de las iniciativas de ley en el Congreso, al arduo proceso de su aprobación y a los inicios, por cierto incipientes, de su puesta en acción.
En este esbozo de hipótesis cabría preguntarse acerca de si hay la pretensión por parte de grupos en acecho que tratan de poner trabas a las reformas, dar golpes de timón para dar giros inesperados a la nave de la República. O, francamente, ¿existe la pretensión más o menos oculta de echar abajo, en conjunto, el proyecto de modernización del Presidente Peña Nieto? ¿Por parte de quién o de quiénes?
Unos elementos más de reflexión. En la ONU el Primer Mandatario fue honrado con un importante premio dándole reconocimiento como ciudadano global. Ahí mismo fue ponderado como defensor de los grupos indígenas y del medio ambiente. Además, por voz propia expresó solidaridad con Estados Unidos en su lucha contra el terrorismo islámico, asegurando compartir la defensa de los derechos humanos a la paz, a la tolerancia y a la justicia social.

La pregunta es, por tanto, ¿hay en todo esto algún asomo de confabulación y connivencia contra la política presidencial y contra la estabilidad de México? ¿Será esto posible?