En
la inauguración del Foro de Ahorro de Energía convocado por la CFE, el alcalde de
Cajeme, Rogelio Díaz Brown, acaba de dar la gran campanada en la guerra contra
la depredación ambiental. El munícipe cajemense da a conocer un proyecto en
marcha para la defensa del medio
ambiente en la región, antídoto ante posibles efectos nocivos a causa del cambio climático.
Se
trata de la instalación de paneles solares en una extensión de veinte hectáreas,
en cuyos espacios se ubicaría la primera granja solar para la demarcación, con
el respaldo técnico del organismo encargado del agua potable, el alcantarillado
y el saneamiento; y con la participación del sector privado. La iniciativa
proviene de la propia CFE.
En
medio de las recurrentes turbulencias originadas por la imposición arbitraria del
Acueducto Independencia y por los tétricos pronósticos para el corto y mediano
plazos de ecólogos y genetistas, el anuncio de Díaz Brown ocurre como lluvia
refrescante en el desierto y como bálsamo curativo después del envenenamiento
con ácidos tóxicos en los ríos Sonora y Bacanuchi.
El
proyecto en cuestión implica, en principio, ventajas comprensibles aún para el
común de los pobladores. Asimismo, llega a oídos de productores agrícolas,
empresarios e inversionistas para quienes el ahorro es primordial en orden a la
competitividad en los mercados. El ahorro es en el rubro de la energía, dado
que se trata de la fuente solar, entendida como un beneficio generoso, un
aporte benéfico de la Madre Naturaleza.
A
lo anterior se suma la ventaja capital de su calidad, en la medida de ser
anticontaminante y libre de efectos corrosivos, para la salud humana, la
integridad de la fauna y del suelo, como también favorable a la cosecha de
productos alimenticios.
Entre
paréntesis, cabe hacer un reconocimiento al munícipe cajemense quien, día a
día, muestra cómo el oficio de gobernar
no es cuestión de inspiración y mucho menos de tanteos y de alianzas inefables.
En este y otros casos, el alcalde enarbola la defensa de los gobernados de su
jurisdicción, por ejemplo en la desigual lucha por el uso y usufructo legítimo
del agua, cuyos veneros tratan de escriturarlos los usurpadores del poder
público en el sur de la Entidad.
Predica,
así, con el buen ejemplo: auspiciar propuestas como la de la granja solar, al par que encabeza marchas de
protestas, participa espontáneamente en mociones legales y con base en la
competencia de su cargo: En fin, contribuye hasta donde le es posible en el
bienestar de la sociedad por diversos medios.
Volviendo
al tema, las granjas solares en el semidesierto parecen un bello sueño o inasible
ficción, un proyecto de país postmoderno o de un gobierno de primer mundo. No
es así, por supuesto. Se genera, es verdad, en una región flagelada por la
discriminación política y económica, agudizada la situación de sus pobladores por
el desdén y la inepcia de autoridades que teniendo ojos y oídos, no ven ni
escuchan.
En
víspera de que se escuche la última llamada de la SCJN, misma que sin duda
resonará en todo el territorio nacional después del escenario dantesco de
Guerrero y de la salida forzada del que fuera mandatario en la desdichada
Entidad, la vacuna contra la corrupción, del latrocinio y del desgobierno en
Sonora parece surtir efectos positivos. A
lo de la granja solar habría que sumar como un dígito venturoso lo del
gasoducto de FENOSA a título de proveedora de gas natural para los municipios
de Cajeme, de Navojoa y de otras partes del Estado de Sinaloa. Pero ya habrá
oportunidad para comentar este promisorio y providencial proyecto.
Por
lo que vemos, las sombras se disipan a pesar de los pesimistas. Y hay luces en
la impenetrable oscuridad. Todo confirma
que no hay mal que dure para siempre.