Bienvenido lector:

Federico Osorio Altúzar ha sido profesor de Filosofía en la UNAM y en la ENP (1964-1996) y Editor de la Gaceta de la ENP desde 2004.
Durante 15 años fue editorialista y articulista en el periódico NOVEDADES.
Es maestro en Filosofía. Tiene cursos de Inglés, Francés, Griego y Alemán.
Ha publicado en Novedades, el Heraldo de Chihuahua, El Sol de Cuervanaca, el Sol de Cuautla, Tribuna de Tlalpan, Tribuna del Yaqui, Despertar de Oaxaca y actualmente colabora en la versión en Línea de la Organización Editorial Mexicana (OEM).







jueves, 23 de octubre de 2014

LA REFUNDACIÓN DEL INSTITUTO POLITÉCNICO NACIONAL




Día de movilizaciones, protestas cada vez más expresivas y explosivas es el día de hoy, jueves 23 de este turbulento mes de octubre. Se llenarán a más no pedir los espacios electrónicos y las páginas de los diarios de todo el país con vehementes, contrarias y contradictorias declaraciones políticas sobre la tragedia nacional desde Guerrero.
Mientras tanto, los alumnos del Instituto Politécnico Nacional en diálogo público televisado darán a conocer sus demandas, después de un mes de paro, asambleas y marchas por las calles del Distrito Federal.
La población estudiantil demanda en forma por demás organizada, y en gran medida pacífica, la refundación de su casa de estudios, cuya creación data de la década de finales de los años 30. Es decir, la comunidad politécnica, maestros, directivos, alumnos y personal administrativo, lleva más de tres cuartos de siglo sirviendo, de manera ejemplar, a la sociedad mexicana.
Tiene, así, mayoría de edad. Lo ha demostrado públicamente a través del rendimiento de sus egresados, con disciplina y tenacidad formados e informados en los órdenes de la ciencia natural de fundamento matemático y de las revolucionadas tecnologías en sus diferentes etapas y de acuerdo con las aportaciones de sus investigadores al desarrollo industrial del país, en primer término.
El movimiento estudiantil del IPN ocurre en un momento histórico crucial de México. Se produce al par que la Nación estrena, por decirlo así, la más grande e inédita revolución pacífica de su historia: la modernización del Estado desde sus bases principales.
Piden los politécnicos la refundación de su Instituto, poniendo al efecto su oferta de partícipes con voz y voto, al lado de sus maestros, profesores e investigadores. Piden la renovación de sus estructuras en lo académico y lo administrativo, con propuestas que dan a entender que son mucho más que convidados de piedra, en estos preámbulos de la modernidad.
Hacen acto de presencia a los ojos de la Nación, sin esconder su identidad como parte de la casa de estudios desde la cual se investiga, se enseña y se da sentido social a las ciencias y las técnicas, sin olvidar que el ciudadano, la persona, la familia y el conglomerado humano son el centro del que irradia y al que deben retornar los beneficios de la formación integral.
Nada hace pensar que su demanda es del exterior, con finalidades oscuras. Ciertamente, hay ciertas inconformidades dentro del proceso.. Sin embargo, los indicios que se trata de una movilización con motivaciones propias, proyectos nacidos desde la entraña de la institución que, hermanada con la UNAM, y muchas más en el interior de la República, son esperanza en firme para modernizar al país en lo económico, lo educativo, lo industrial, lo político y lo social.
Son voluntades en pro de la refundación del IPN desde sus cimientos, con el propósito de que esté a la altura de las reformas de México. Tienen que ver con la preparación profesional de los educandos y los egresados.
Con ese efecto,  hasta  donde puede advertirse, los politécnicos no sólo pasan lista de presentes en los inicios de la modernidad del Estado sino, con vocación y ánimo nacionalista, hacen público su compromiso de renovarse junto con su comunidad, refrendan su determinación de participar en la refundación del Alma Mater a la que orgullosa y dignamente pertenecen.
Habría que admitir que el movimiento por la refundación del IPN tiene movilidad propia. Y hasta donde vemos, se ilumina con luces, asimismo, de inspiración propia. Ellos dirían que no requieren de “bules para nadar”, lo cual garantizaría que el diálogo público televisado por Canal 11, el Canal de la casa de estudios, sea expresión de autonomía, de reclamo de libertades y obligaciones. Puede y debe ser discusión abierta, propositiva, innovadora.