Bienvenido lector:

Federico Osorio Altúzar ha sido profesor de Filosofía en la UNAM y en la ENP (1964-1996) y Editor de la Gaceta de la ENP desde 2004.
Durante 15 años fue editorialista y articulista en el periódico NOVEDADES.
Es maestro en Filosofía. Tiene cursos de Inglés, Francés, Griego y Alemán.
Ha publicado en Novedades, el Heraldo de Chihuahua, El Sol de Cuervanaca, el Sol de Cuautla, Tribuna de Tlalpan, Tribuna del Yaqui, Despertar de Oaxaca y actualmente colabora en la versión en Línea de la Organización Editorial Mexicana (OEM).







lunes, 20 de octubre de 2014

DESPUÉS DE AYOTZINAPA, “NADA PODRÁ SER IGUAL”



José Narro Robles, rector de nuestra máxima casa de estudios, es  autor de la certera admonición. En efecto, tras el crimen colectivo por la policía de Iguala y la matanza igualmente atroz en Tlatlaya, Estado de México, a manos de militares, México es otro. Michoacán y Oaxaca lo habían mutilado con anterioridad. En el Estado de Sonora, el gobierno estatal en turno minaba, por todos los medios a su alcance, los cimientos del Pacto Federal.
Lo de Guerrero y Edomex ha sido la escena final de un drama en el que la impunidad, la ineficacia de los órganos y organismos tutelares, se enseñorean en medio del paroxismo de la impunidad, dejando a la suerte de la indefensión a toda una sociedad atónita y confundida.
Dice una gran verdad, inobjetable, el rector universitario. Describe lo dicho con suma objetividad. Nuestro país deja, por lo pronto, de tener prestancia en el concierto internacional, en foros ecuménicos en donde la agenda de los Derechos Humanos es asunto primordial.
A medio siglo de la matanza de Tlatelolco, el flagelo de la represión se pone a la orden del día. Con palabras del doctor Narro Robles, hay huellas imborrables de inconformidad e indignación por los asesinatos, desapariciones, lesionados y afectación de derechos. Y todo esto perpetrado, añade, desde las estructuras que debieran ofrecer garantías de seguridad a la población.
Habla quien al frente de la institución está investido de la representatividad como cabeza pensante de la Nación, espacio de la inteligencia como símbolo de la suprema finalidad en cuanto a formar humanistas y hombres de ciencia, así como ciudadanos ejemplares para un idóneo  servicio público y social.
Convoca el rector a los universitarios de buena cepa, a los estudiosos y docentes en ciencias sociales; es decir, llama a politólogos, a sociólogos, juristas, expertos en comunicación y relaciones institucionales, con el propósito de que contribuyan en el planteamiento y la resolución de la crisis actual. Les pide que hagan oír propuestas viables y previsoras para evitar que los malos funcionarios incurran en decisiones irresponsables por omisión, ignorancia o liviandad.
En suma, solicita de la comunidad universitaria que asuma sus funciones de asesoría, de información especializada, de consejo y orientación. Más aún, y hasta donde le sea permitido, que ponga al alcance de políticos en activo, de administrativistas y funcionarios, su saber teórico, sin vanas presunciones. Haga oferta de su visión cultivada en el análisis y el conocimiento de fenómenos que, dejados al abandono oficial y bajo control de la criminalidad, son origen de nuestros males presentes de corrupción, abusos de poder  y de cínico contubernio.
Después de los cruentos embates de la criminalidad imbricada, México ya no es el mismo.
Sin embargo, nada impide que, en vez de ir hacia los precipicios, tomemos alas para ir hacia mejores y renovados parajes y tras de nobles horizontes. Nada obliga a que las instituciones que lo configuran, las leyes que lo sustentan, los ciudadanos que le dan vida y los estadistas en turno se vuelvan presa de la indignidad hoy reinante, víctimas de la inacción abrumadora que sirve de pasto a mafias, cárteles y encubiertos facinerosos. 
No está solo el Presidente de la República en esta brutal embestida. No están dejados a su suerte los titulares de Seguridad, Educación, Procuración de Justicia; en fin del Trabajo y la Salud. Universidades, Tecnológicos, Politécnicos, Escuelas Normales, públicas y privadas, tienen mucho que ofrecer en estas horas sombrías en las que el poder político necesita de la presencia de consultores, expertos y científicos de la sociedad.

La Universidad Nacional, con arreglo a sus deberes establecidos, da un valioso y valeroso paso al frente.