Bienvenido lector:

Federico Osorio Altúzar ha sido profesor de Filosofía en la UNAM y en la ENP (1964-1996) y Editor de la Gaceta de la ENP desde 2004.
Durante 15 años fue editorialista y articulista en el periódico NOVEDADES.
Es maestro en Filosofía. Tiene cursos de Inglés, Francés, Griego y Alemán.
Ha publicado en Novedades, el Heraldo de Chihuahua, El Sol de Cuervanaca, el Sol de Cuautla, Tribuna de Tlalpan, Tribuna del Yaqui, Despertar de Oaxaca y actualmente colabora en la versión en Línea de la Organización Editorial Mexicana (OEM).







lunes, 13 de octubre de 2014

NO AL NOVILLO. “NI UN PASO ATRÁS”

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Queda para la historia del país lo que en sus inicios fue motivo de mera cronología. La Megamarcha del Sur de Sonora en Ciudad Obregón ha logrado, con creces, las metas y los objetivos previamente establecidos. Tiempo al tiempo.
Coincidió, en efecto, con otras movilizaciones para denunciar los cruentos sucesos ocurridos en los Estados de México y de Guerrero. La protesta en Ciudad Obregón registra ecos que, sin duda, tienen particular sentido en la conciencia nacional y en el seno de organismos internacionales.
En Sonora, la marcha por el retorno al Estado de Derecho, la defensa de los derechos del agua por parte de ejidatarios, miembros de la Tribu Yaqui, ciudadanos empresarios y agricultores es, quizá, una de las más impresionantes expresiones colectivas, incluyendo reclamos al gobierno federal, cuyo titular por cierto acaba de refrendar su credo democrático en el sentido de reintegrar al Pacto Federal su carácter de vínculo y unidad, su primacía de órgano vital a través del cual toman vida los órganos que lo constituyen: Estados y Municipios.
No hay, no debe haber, vacíos de autoridad. No hay, no debe haber regencias ni virreinatos en una organización política y social en la que imperanlos principios de  constitucionalidad y legalidad.
No más tolerancia a la intolerancia y no más imperio de impunidad. No más condescendencia ante los desmanes de autoridad. No más acoso y represión a los yoremes de la Tribu Yaqui. Fin a la conducta ilícita de jueces venales (no penales) que violan derechos y domicilios y encarcelan a líderes y dirigentes de la comunidad yaqui, ignorando leyes y convenciones, “los usos y costumbres” vigentes, asimismo, en la Entidad.
No, a la enfermedad vuelta crónica con el fin de incurrir en desacato a las reiteradas resoluciones judiciales del Máximo Tribunal del país, la SCJN, por parte del titular del Ejecutivo de Sonora y empleados secundarios. No, a los actos criminales de dueños de empresas, empleados del Grupo México en Cananea, capaces y predispuestos a envenenar ríos, cuencas hídricas y a decenas de miles de indefensos  pobladores.
No al encarcelamiento arbitrario de líderes yoremes, Mario Luna y otros más,  exigen legisladores sonorenses en el Congreso de la Unión entre los que destacan los senadores Gándara y Pavlovich, así como diputados federales encabezados por el legislador cajemense Faustino Félix Chávez  y por el diputado local Abel Murrieta.
“No al Novillo”, un rotundo “No” lanza el Presidente Municipal, Rogelio Díaz Brown, No al “Acueducto Independencia”. “Ni un paso atrás”, exclama voz en alto. No más aprehensiones fuera de la ley, había dicho poco antes.
Rosas López, honorable ex presidente municipal de Cajeme; Tomás Rojo, connotado  
líder yaqui, dirigentes de ejidos y de consorcios empresariales, todos, a una sola voz, hicieron estremecer los aires en el día 10 de este mes, atestiguando el reclamo de eficacia y justicia jurídica y eficacia de la Carta Magna. Tal fue el coro de expresiones, el conjunto de imágenes en pancartas y en el haz de voluntades unidas entre sí.

Queda en el Congreso Estatal asumir sus funciones para restablecer la legalidad y constitucionalidad del Poder Ejecutivo en la Entidad. Queda en la SCJN ejercer sus atribuciones ante el actual “vacío” de poder convertido en precipicio en el que pudieran naufragar los poderes públicos. Queda en sus manos resolver, emitiendo su  resolución al efecto, si en México  los ciudadanos vivimos en un Estado de Derecho, si compartimos un Estado autocrático (arbitrario) de Derecho. O, en definitiva, si no es sólo ficción seguir refiriéndonos a la Nación como una Nación de Leyes y no de temperamentos. Como sostuvo, en su momento, el Presidente Plutarco Elías Calles, digno Primer Mandatario de México.