La
anunciada protesta en Ciudad Obregón será histórica por más de un sentido. Según
el número de manifestantes, puede llamarse macro o mega marcha, no vista en las
calles de la Ciudad. Según su objetivo, es histórica en razón de que unifica en
un haz de voluntades a todos los ciudadanos del sur de la Entidad; es decir, los
congrega en una causa común: la defensa de los derechos más elementales que
atañen a cajemenses y a no cajemenses. Es por la defensa a la sobrevivencia de
miles y miles de familias.
No
hay trasfondo político. Sus líderes provienen de diversos estratos sociales y étnicos.
Se identifican por un solo móvil: la injusticia pandémica propagada desde
diversos sitios y escenarios.
La
inconformidad es de ricos, clase medieros y de los más pobres entre los pobres.
Se compone de afiliados a la CANACO lo mismo que de ejidatarios y miembros de comunidades
marginadas. Entre la multitud cuentan yoris lo mismo que yoremes: blancos
acomodados que mestizos y aborígenes en la antesala de la consunción social y
pecuniaria.
Nunca
antes el ideal de la igualdad se habrá manifestado con tal espontaneidad,
libertad y responsabilidad como en esta imponente protesta incluyente de todas
las clases sociales, con demandas unánimes y solidarias.
Las
proclamas difieren en la letra. Así, denuncian al autor de felonías inefables
cometidas por la autoridad irresponsable del bienestar de la población; es
decir, por el mandatario del Estado de Sonora. Demandan justicia jurídica, lo que
equivale a exigir la vigencia o eficacia del Estado de Derecho.
Refrendan
su derecho a la rebelión ante la arbitrariedad por parte de un poder ilegítimo,
dejado a las resultas de usos y abusos que propician corrupción, contubernio y
latrocinios sin fin.
Toman
inspiración de la limpia palabra en boca de líderes como Leyva Mendívil, Tomás
Rojo y otros más, dispuestos a dar en prenda su libertad y bienestar personal a
fin de garantizar su dignidad y derechos. Lo mismo los reclamos de hombres cuya
integridad comprobada los hace invulnerables a sospecha y a indefinición.
En
tiempo y forma actúan los representantes ciudadanos en la Cámara Federal y en
la Estatal: los diputados Faustino Félix y Abel Murrieta; asimismo, los
senadores Pavlovich y Gándara. Igualmente, Adalberto Rosas López, destacado
miembro del Movimiento Ciudadano por el Agua.
En
la Megamarcha se hará tangible en las mantas que acusan a jueces venales que
emiten resoluciones para encarcelar dirigentes Yaquis, sin ponderar la licitud
de usos y costumbres que rigen en la Etnia.
Habrá
preguntas como las del ex Munícipe Rosas López, quien cuestiona al Presidente
Peña Nieto sobre si “va a sucumbir
frente a los intereses financieros que están detrás de la burocracia corrupta de CONAGUA y de
David Korenfeld, quienes ya se acostumbraron a estar haciendo grandes negocios
con el agua, sin importar que se dañe a la población y lesione las actividades
productivas”.
Habrá
eco de cuestionamientos como los formulados en vivo al titular de CONAGUA por el
diputado Félix Chávez acerca de lo perentorio de las prórrogas solicitadas a la
SCJN por el susodicho organismo en relación con los títulos de asignación de
agua para la operación del Acueducto. Y más aún, revivirán las quemantes
interrogantes: ¿qué hay de las investigaciones sobre la legalidad de la Presa
Padrés, la “hija menor” del Acueducto de la Discordia?
¿Serán
acusaciones sin respuesta? ¿Será una megamarcha más sin sentido?
¿Se
estará rebasando ya al Primer Mandatario y quedarán sin eficacia las recientes reformas
de Estado? ¿Habrá perdido, en definitiva, su última batalla el Pacto Federal,
el federalismo innovador y democrático implicado en las flamantes iniciativas
presidenciales para modernizar al México de principio de Siglo?