Bienvenido lector:

Federico Osorio Altúzar ha sido profesor de Filosofía en la UNAM y en la ENP (1964-1996) y Editor de la Gaceta de la ENP desde 2004.
Durante 15 años fue editorialista y articulista en el periódico NOVEDADES.
Es maestro en Filosofía. Tiene cursos de Inglés, Francés, Griego y Alemán.
Ha publicado en Novedades, el Heraldo de Chihuahua, El Sol de Cuervanaca, el Sol de Cuautla, Tribuna de Tlalpan, Tribuna del Yaqui, Despertar de Oaxaca y actualmente colabora en la versión en Línea de la Organización Editorial Mexicana (OEM).







viernes, 3 de octubre de 2014

CONAGUA: SEGUNDA Y ÚLTIMA LLAMADA



No habrá para CONAGUA, todo lo hace entender así, tercera y última llamada.  El pasado 3 de junio, hará ya cuatro meses, se agotó el término fijado por la SCJN  a fin de que el organismo federal resolviera sobre tres títulos de asignación de agua otorgados a la Comisión Estatal de Agua de Sonora.  David Korenfeld, titular de CONAGUA, pidió al Supremo Tribunal, sucesivamente, prórrogas con el propósito de dilucidar acerca de la conformidad o no de la concesión aludida con lo que prescribe la normatividad y en relación con la operación del Acueducto Independencia.  
El próximo 27 de este mes vence el término de la segunda y última prórroga acordada por la Suprema Corte. No hay, habrá que recordar, “plazo que no se cumpla” en éste como en otras situaciones similares.
Sobre la Comisión de referencia, CONAGUA, pesan no una sino varios señalamientos que la colocan en la mira de aquellos inconformes para quienes el organismo en cuestión incumple, una y otra vez sus funciones las cuales derivan en conflictos reales y potenciales. La controversia planteada en el Estado de Sonora está viva y latente: es por abuso de autoridad tolerada hasta más no decir y se convierte en brecha y precipicio que divide a los sonorenses en dos entidades: la del sur y la del norte, ambas enfrentadas, sin que medie autoridad ejecutiva eficiente y eficaz, y sin que las instituciones locales de justicia hagan valer el sedicente Estado democrático de Derecho.
Faustino Félix Chávez, el diputado federal cajemense que abandera con entereza, dignidad y valor en San Lázaro la causa de sus coterráneos y representados, expresa (Tribuna del Yaqui, 30-09-14) lo perentorio de las prórrogas, así como  lo tocante a las indagaciones de CONAGUA en torno a la legalidad de la llamada Presa Padrés, asunto que tiene estrecho vínculo con el controvertido Acueducto que, por hoy, es testimonio de ingobernabilidad y monumento de cinismo y despojo, a mitad del día y en vía pública.
Sobre lo primero, acerca de los títulos otorgados en el caso del Acueducto, no hay al parecer vuelta de hoja. En breve podría ser “Caso Juzgado” y entonces convertirse en un buen ejemplo de aquello que no tiene por qué repetirse, algo en lo que no hay razón para que incurrieran en su comisión, modestos y mucho menos encumbrados funcionarios o ejecutivos de los Estados o de la Federación.
En lo que se refiere al segundo punto, acerca de la Presa del Gobernador, la “hija del Acueducto Independencia”, la respuesta de Korenfeld al diputado cajemense, Faustino Félix Chávez, no se hizo esperar: Dijo “Aún no concluye la investigación”. Y era de esperarse, tomando en cuenta el ritmo burocrático y la inefectividad del organismo que encabeza.
Dicho de otro modo: si a CONAGUA le ha llevado por lo menos dos años resolver lo del Acueducto, ¿cuánto tiempo, cuántas prórrogas más no requerirá para finiquitar lo de la presunta aberración que hoy es motivo de  irritabilidad social en la Entidad?
¿Y qué decir de los abusos en grado de temeridad provocados por la Minera de Cananea que vuelve a remitirnos a los preámbulos de la Revolución y a los umbrales enigmáticos de las expropiaciones, del Petróleo y de la Electricidad?
No ha estado solo el legislador de Cajeme en lo que sigue siendo una desigual lucha por los derechos del agua, una batalla por la humanidad de los yoremes de la Tribu Yaqui y una contienda por los valores del federalismo, hoy en dramática crisis.
No ha estado solo el diputado federal. Da ejemplo a la vera de un federalismo nuevo,  de cuño y sello innovador, en el cual la “ley del rastrillo”, la de “todo para acá” llegue a su punto final.

Mal se entendería el Pacto Federal si bajo su égida se dejan medrar a la impunidad, a la impostura, al latrocinio y a la ingobernabilidad.