Los
vientos políticos soplan fuerte sobre el
país y traen de todo. Dejan esperanzas lo mismo que zozobra y desesperación.
Las movilizaciones estudiantiles en la capital de la República como en la mayor
parte del territorio son botón de muestra de la escondida ebullición volcánica
que palpita sobre el subsuelo nacional.
La
enseñanza pública sobrelleva embates desde sus cimientos hasta la cúpula
representada por las escuelas normales, los institutos tecnológicos y las
universidades. El Instituto Politécnico Nacional (IPN) batalla por alcanzar
plena autonomía en lo académico y lo administrativo, de acuerdo con sus propuestas.
A su vez, la Secretaría de Educación
Pública da la impresión de no saber qué hacer ante lo duro más que por lo
tupido.
El
debate sobre el autogobierno, es decir en torno a la autonomía, enciende
polémica en el Congreso de Sonora, la cual llega a la opinión pública como una
versión similar a lo ocurrido en la década de los 70 en la UNAM, con graves
repercusiones en los años subsiguientes.
Comienzan
a percibirse los embates en torno al Instituto Tecnológico de Sonora (ITSON)
cuyo rector, el Dr. Isidro Roberto Cruz Medina, asume con singular prudencia y
entereza la defensa de la institución con arreglo a la legalidad y
constitucionalidad vigentes.
De
suyo elocuentes son los ecos de aquella confrontación en obras de autores y
coautores de la gran revolución librada por la Máxima Casa de Estudios a fin de
que se consagrase la autonomía en el formato constitucional.
Viene
al caso mencionar a Guillermo Soberón, patriarca del autogobierno universitario,
con un par de libros: “Tres Rectores vistos por un Rector” y “La Universidad,
Ahora”; a Diego Valadés con “La Universidad Nacional Autónoma de México”, a
Ignacio Carrillo Prieto: “El personal Académico en la legislación
universitaria”, sin olvidar la obra de Jorge
Pinto Mazal “El conflicto laboral en la Universidad Nacional Autónoma de
México, en 1977”. Y como trasfondo, los ensayos de Gastón García Cantú “Javier Barros Sierra, 1968 y su “Historia en
voz alta: la Universidad”.
En
fin, ameritan cita “La rebelión estudiantil…”, por Víctor Flores Olea, y otros;
“Conflicto y poder en la UNAM”, por Gerardo L. Dorantes. Y el título más
reciente “Autonomía Universitaria y
Universidad Pública”, por Luis Raúl González Pérez y Enrique Guadarrama López,
edición de la UNAM en el primer rectorado del Dr. José Narro Robles.
En
Sonora, sumergida en crisis política y jurídica, una de las iniciativas es la
enlistada con proyecto de Decreto a fin de reformar y adicionar disposiciones al
ordenamiento con arreglo al cual se creó el Instituto Tecnológico de Sonora, y al
de su Ley Orgánica, según el proyecto del diputado priista Abel Murrieta
Gutiérrez
La
iniciativa versa sobre el financiamiento de la educación universitaria, sus
fuentes proveedoras y en tal sentido menciona su magnitud para “lograr y preservar altos niveles de
calidad”. Señala lo que, de acuerdo con el régimen autonómico que gozan los
centros públicos de educación superior, es deber ineludible: el que las
instituciones de ese rango, con
personalidad jurídica y capacidad para autogobernarse, adquieran y administren libre
y responsablemente sus bienes y recursos
Todo
ello iría bien, se infiere de la posición institucional que asume el Rector
Cruz Medina, siempre y cuando la intencionalidad se apareje al Derecho. Más
aún, que se tome en cuenta la voz de la comunidad universitaria, que haya de
por medio una consulta a los alumnos y directivos, a titulares de órganos
académicos y administrativos sobre los que descansa la autonomía.
El
ITSON es vanguardia de enseñanza superior. Debe respetarse su estatus autonómico
que ejerce de modo ejemplar. Y protegerlo ante embates políticos y de cualquier
otro origen.