Bienvenido lector:

Federico Osorio Altúzar ha sido profesor de Filosofía en la UNAM y en la ENP (1964-1996) y Editor de la Gaceta de la ENP desde 2004.
Durante 15 años fue editorialista y articulista en el periódico NOVEDADES.
Es maestro en Filosofía. Tiene cursos de Inglés, Francés, Griego y Alemán.
Ha publicado en Novedades, el Heraldo de Chihuahua, El Sol de Cuervanaca, el Sol de Cuautla, Tribuna de Tlalpan, Tribuna del Yaqui, Despertar de Oaxaca y actualmente colabora en la versión en Línea de la Organización Editorial Mexicana (OEM).







viernes, 29 de agosto de 2014

ENTRE TÉCNICOS DE ESCRITORIO Y VOCEROS DE LA VERDAD




Visto a distancia, el problema de la afectación sanitaria por el derrame de sustancias tóxicas en el río Sonora, produce la impresión de estar observando los sucesos en una especie de kaleidoscopio en donde lo múltiple y heterogéneo es la única realidad válida.
La desinformación sigue estando a la orden del día. Hoy la posición empresarial y las versiones oficiales coinciden,  como si se tratara de una confabulación urdida a última hora. Nada grave ha pasado, y no hay circunstancias extremas que perseguir. Lo “relevante” está en “dejar hacer, dejar pasar”, a cambio de que la industria depredadora sostenga la oferta laboral, a cualquier costo. Las penas pecuniarias no llegan, para empezar, a los cincuenta millones de pesos. La Secretaría de Economía se ha erigido en la defensora a ultranza del eufemísticamente llamado “Grupo México”.
Gana con ventajas la partida, como en el desastre de “Conchos”, la impunidad. La enajenación del país prevalece sobre los valores de autodeterminación y del espíritu de salvaguarda de la  soberanía nacional, volviendo a tiempos del libre e irresponsable intervencionismo económico y a la no muy lejana época del colonialismo político, cultural y tecnológico,
Las reformas modernizadoras del Presidente Enrique  Peña Nieto están bajo la prueba del asentimiento popular y afrontan el peor de los embates por parte de la reacción internacional.
Entre tanto, no faltan, entre sus cercanos consejeros hay quienes lo dejan a la intemperie de la soledad: en vez de proteger los derechos más elementales de los mexicanos, las garantías en salud, abasto alimentario, régimen de la propiedad, otorgando así viabilidad y eficacia a las innovaciones constitucionales, fabrican  aquéllos muros de incomprensión mediática, alientan la confusión y la incertidumbre, propiciando vacíos de poder y tolerancia en favor de los salteadores de la seguridad jurídica y pública del país.
La desinformación oficial y paraoficial corre a cargo de los “técnicos de escritorio”, señala el doctor Rodrigo González Enríquez, investigador y catedrático del Instituto Tecnológico de Sonora (ITSON). Prestigiado experto en temas de ecología, deterioro ambiental y, en particular, acerca de los procesos químicos de la desalación del agua de mar, el académico goza de respeto y credibilidad.
A pesar de lo que se festina en ciertos medios informativos, el Dr. González Enríquez precisa que no existe un análisis científico sobre la afectación por ácido sulfúrico. Es decir, la tortuga de Aquiles (de la burocracia) no alcanza jamás al encantador Hermes. Y ante la proliferación de las actuales políticas desinformativas, divulgadas en forma profusa, difusa y confusa, sostiene: hasta la fecha, las autoridades no han invitado a ninguna autoridad de la región o del País a realizar un estudio confiable, científicamente comprobable (Tribuna del Yaqui, 27-08-14). La ausencia dela UNAM y de la UNISON resultan ostensibles.
Coautor de obras editadas en España, González Enríquez sale al paso acerca de los dimes y diretes vertidos en medios impresos y electrónicos de la Entidad y a nivel nacional. “El gobierno quiere hacer primero un estudio particular para conocer el problema de forma directa, pero no tienen la capacidad ni de laboratorios ni de científicos para realizarlas. Los que están dictaminando, afirma, son puros técnicos de escritorio”. Concluye: “Esto da para pensar en dos cosas, que el problema no es tan grave como dicen o que el daño es mucho mayor de lo que se informa”.

Y esto pasa como antesala del  Informe Presidencial. Cabalga airoso el jinete apocalíptico del descrédito y la desinformación y se ahonda el divorcio entre política y educación, entre las palabras y los conceptos; entre lo que se publicita y lo que se lleva a cabo.