En
la antesala del LX aniversario del ITNO-ITSON, sería un gesto noble de gratitud
no olvidar a sus fundadores: filántropos y directivos, maestros abnegados y
alumnos diligentes.
Una
acción de genuina bonhomía sería la de ir de la actual casa de estudios bajo la Rectoría del doctor
Isidro Roberto Cruz Medina a la cuna en donde meció sus primeros años el ahora
ingente plantel que se escinde, uno en el centro de la ciudad y otro en el anexo de Laguna Náinari.
Remontar
la memoria a los tiempos de la primera infancia del ITSON significa elaborar la
biografía de la institución tomando en cuenta no sólo sus inmuebles y espacios
ancestrales, sino a quienes construyeron sobre la primera piedra la memorable y
augusta obra.
Cabría
admitir, asimismo, el que una institución educativa es lo que son, y han sido,
sus integrantes. En ese sentido, los egresados son mucho más que fríos,
olvidados o derruidos expedientes. Son parte sustancial de la sangre que fluye
por las arterias de esta casa de la inteligencia. En el relato biográfico a que
nos referimos, quienes dieron significado
y proyección a la enseñanza-aprendizaje fueron, en su momento, aquellos
que desde los pupitres y en diálogo con sus maestros encendieron la antorcha
que aún perdura, alumbrando, desde sus mentes y corazones.
Marco
Antonio Quiñones, miembro del entonces ITNO, muy distinguido alumno al igual
que varios de sus compañeros que brillan en actividades académicas y públicas,
forma parte de la nómina de egresados ilustres, connotado por su capacidad en
cuanto diligente emprendedor de programas y proyectos relacionados con la
seguridad alimentaria. En el Valle del Yaqui y lo mismo durante las últimas
décadas en Sudan, Tanzania y Etiopía.
En
el ITNO de los años de 1958 a 1960 bajo la dirección del Dr. Julio Ibarra Urrea
(en dichoso retiro a sus 91 años en Los Mochis, Sinaloa), Marco Antonio asistía
con rigurosa puntualidad a las clases que impartían los ilustres maestros,
pioneros de la enseñanza media superior en Cajeme, y perfilaba, con lucidez y
tenacidad. su futura vocación de investigador y docente, aunada a la de
promotor de tecnologías avanzadas en materia del desarrollo agrícola a nivel
mundial.
Docente
preparatoriano en la UNAM, impartió su saber temprano en Ciudad Obregón tras
concluir los estudios de Biología Marina 8UNAM), Genética Celular y Fitopatología,
éstas en la Universidad de Manitoba (Canadá).
Colaborador
del Dr. Norman Borlaug, brazo co-ejecutor del programa que le llevó al Premio
Nobel de la Paz, el doctor Quiñones se ha convertido en diligente sembrador de
esperanzas en zonas asoladas por el hambre, en Asia como en África.
Diplomas,
distinciones y reconocimientos al destacado
ex alumno del ITNO abundan en torno a su legado en el campo de la genética
agrícola, allá donde la hambruna hacía temer por el exterminio de los
pobladores en la región, durante el último tercio del siglo anterior.
Y
fruto de su actividad en aquellos territorios son sus estudios convertidos en
aportaciones bibliográficas en revistas especializadas, especialmente en
inglés.
Por
cierto, hace un mes, tuve ocasión de
saludar al doctor Quiñones Leyva, en Ciudad Obregón, y en calidad de viejo
amigo me permití sugerirle la idea de editar en español sus escritos, valiosos
de suyo, para beneficio de estudiosos y de investigadores en temas vinculados
con políticas de desarrollo agrícola y vinculados con la seguridad alimentaria
dentro del país, en Latinoamérica y el Caribe.
El
ITSON podría ver con buenos ojos dicha posibilidad. El Rector Cruz Medina, lo
sabemos, es un notable estudioso, especialista en temas relacionados con las
ciencias agrícolas y su proyección socioeconómica.
Y
esto sería un rubro más, de singular interés, con mira a las próximas conmemoraciones
del ITNO-ITSON.