No todo en Sonora es sombrío. Más
allá de la irresponsabilidad política, hay acciones positivas que expresan
razones por las cuales vale la pena luchar, reclamar y contribuir a fin de
lograr que éste sea el menos deprimente de los mundos posibles.
Aparte de los
hechos delictivos, encubiertos y solapados por los organismos públicos, al
silencio oficial que trata de tapar el sol con un dedo, a la insolencia del
“Grupo México”, hay que esperar noticias que aseguran que no todo se ha
perdido. Que hay dignidad, entereza en el mando de las instituciones. Es decir,
que no todos los que rodean al Presidente de la República, próximos o de
jerarquía inferior están al servicio de la rapiña contumaz y provocadora,
dispuestos a devaluar su palabra: a vender su alma por un
platillo de lentejas.
“Centros Cajeme
Digital” es más que un vacío eslogan o un membrete partidista. Figuró como un
compromiso de campaña, proclamado por el alcalde Rogelio Díaz Brown. Y hoy los
cajemenses, urgidos de credibilidad, se percatan con sus propios ojos de que la
promesa ha dejado de ser virtual para transmutarse en un activo en áreas de la
demarcación, con proyección hacia las comunidades rurales dispersas en el
entorno demográfico.
Y esto se produce
en el seno de una organización política con proyecto social, cuando el Derecho
a la Información es a la Salud Pública lo que el Derecho a la Educación, a la
Seguridad Jurídica y Pública y al Empleo. Ahí, la información es parte
sustancial de la política de bienestar, en cuya red de servicios comunitarios se
finca la convivencia social a fin de que esté por encima de lo tribal o grupal
y sea, al contrario, el centro mismo desde el que irradie la paz y en cada corazón
palpite el afán de cooperar y de
interactuar.
Centros Cajeme Digital
es ejemplo a seguir, inclusive a nivel nacional. Atiende a más de 18 mil usuarios en sus 16 centros
comunitarios, uno de ellos recientemente instalado en la localidad de Cocorit,
Los espacios educativos patrocinados por el municipio de Cajeme con esas
características, dan continuidad a la actividad organizada, con la gran ventaja
de ser lugares abiertos, propicios para el autoaprendizaje y el cultivo del
saber, así como para adentrarse en la aventura informativa con auxilio de la
moderna tecnología.
Los cajemenses
tienen, además, la fortuna de contar con el Instituto Tecnológico de Sonora
(ITSON), plantel educativo señero que refrenda, año tras año, su influjo social.
Concita el reconocimiento ciudadano por sus contribuciones en el planteamiento
y la resolución de los ingentes asuntos poblacionales.
El ITSON ejerce la
responsabilidad de compartr su experiencia científica como en el caso de las plantas
desaladoras, cuya valía es imponderable frente a la mal planificada y peor
ejecutada construcción del acueducto Independencia. Del Tecnológico de Sonora
se hace encomio, en medio del caos ambiental, por investigaciones de sus
académicos en el laboratorio. A muy a tiempo ellos mostraron que los pequeños recién
nacidos de madres yaquis registraban residuos químicos a causa de contaminación
por químicos que propagan las empresas que se enriquecen con el dolor de los
aborígenes desde la Colonia y la Posrevolución hasta nuestros días.
Acerca del
ejercicio del poder con transparencia, cabe añadir a la hoja de servicios del
munícipe citado, su acertado sentido político a fin de vincular instituciones educativas de alto nivel como
el citado ITSON con el desempeño administrativo de la jurisdicción que encabeza.
Así, los Centros Cajeme Digital abonan la tarea de unir, vinculando los centros
de educación especializadas, los derechos ciudadanos y las responsabilidades
ejecutivas en beneficio de los ciudadanos, sin distinción de clase social y
condición económica.