Ciudad Obregón es una bella ciudad con ángel. A fin de sentir sus latidos, su clima
espiritual y su fogoso entorno ambiental, habrá que estar bajo sus cielos, al
menos, unos cuantos días.
Es
indispensable escuchar y degustar, una y otra vez, los acentos que identifican
a sus pobladores; asimismo, gozar de la
franqueza y la cordialidad que predomina
en charlas y pláticas con familiares, amigos y recién conocidos. El hacer
memoria adquiere la impresión de revivir horas, días y años que son el cimiento
de vida y la semilla que fructifica en ideales, proyectos y realizaciones. Es
suelo propicio de ensoñaciones, también de esfuerzos y de responsabilidades
compartidas.
Sus
orígenes y desarrollo van acompasados. Al auge material, socioeconómico, le ha
seguido con verdadero acierto, la apertura cultural a partir de sus centros
educativos de enseñanza básica, media superior y superior. Antonio Alvidrez,
médico y abogado, segundo en el mando municipal al lado de Rogelio Díaz Brown,
nos comenta que, a la fecha, el número de universidades y tecnológicos,
públicos y privados, se aproxima a una veintena. A la cabeza, está el Instituto
Tecnológico de Sonora (ITSON), radiante faro de investigación y formación
profesional, sucesor del señero Instituto Tecnológico del Noroeste (ITNO),
próximo a cumplir seis décadas de servir a cajemenses y sonorenses.
Una
ciudad con ángel es aquella que tiene en su demarcación centros de cultura, instituciones
académicas con prestigio, artistas, escritores y hombres de empresa con
vocación constructiva en lo intelectual y lo productivo. Así, hemos visto,
percibido y disfrutado en breve estancia a Ciudad Obregón, rodeada de estos y
otros no menos ostensibles merecimientos: con sus cafés literarios, sus ferias
populares y culturales, sus homenajes en reconocimiento de sus hombres
ilustres. Por cierto, amerita una amplia y resonante felicitación el Municipio
que, en medio de celebraciones, como su Feria del Libro, rinde pleitesía a uno
de sus comunicadores de mayor lustre en el Estado y fuera de él, a Carlos
Moncada Ochoa, oriundo de la citada demarcación, autor de más de la docena de
libros, profesor y periodista laureado.
Hijos
connotados no le faltan a la región, próspera en expresiones del espíritu
como en los órdenes de la economía
industrial y agrícola, granero alimentario no sólo de México y pivote de
bonanza tecnológica y de investigación en los órdenes que tienen mayor premura.
A
propósito, tuvimos el privilegio de saludar, de paso en Ciudad Obregón, a un distinguido egresado del ITNO, Marco
Antonio Quiñones Leyva, doctor en Biología por la UNAM, colaborador del doctor Norman Borlaug por casi media
centuria, residente en Etiopía por más de 20 años y asesor en el campo de la genética
alimentaria de la ONU.
También
escuchamos la voz de José Escobar
Zavala, como el suscrito viejo tundidor de máquinas, él, autor muy reconocido a
través de sus “Glosas”, amigo admirable por demás cordial, al igual que
Martita, su gentil esposa.
Y, luego, el “prietito en el arroz”. Nos
enteramos de inconformidades de un sector de obregonenses por la parcial falla del alumbrado, con
lámparas Led, en zonas de la ciudad. Asimismo, nos informamos en “Tribuna del
Yaqui” acerca de la preocupación a causa
del deplorable hecho, por parte del Ayuntamiento en la persona de su titular y
de la Regencia, según uno de sus miembros, Susana López. Gilberto Cornejo
Clark, responsable de la buena Imagen Urbana y de los óptimos Servicios Públicos,
quien asume con esmero, prontitud y responsabilidad las quejas fundadas, coloca
a un lado la campaña publicitaria con dedicatoria, y sin perder la cabeza
responde con buena voluntad la calamitosa situación.
En suma, Cd.
Obregón es una ciudad con ángel. Mueve con donaire sus alas tutelares de lo
bueno, lo mejor y de lo óptimo.