El
Estado de Sonora es, sin duda, una de
las Entidades más próspera, progresista y promisoria del País. Durante años ha
estado al frente de la productividad alimentaria en la República,
particularmente por sus feraces tierras del Valle del Yaqui. La “pobreza
moderada” es una forma de aludir al grado de afectación del estado de bienestar
social.
La
visita a la Entidad del titular de SEDESOL, Antonio Meade Kuribreña, ha dado
lugar a la firma del Acuerdo “Por un Sonora sin Pobreza”. La capital, lo mismo Guaymas y Navojoa,
escenarios del encuentro con la gobernadora Pavlovich Arellano, registran
incrementos estimados en uno por ciento en el rubro antes mencionado, sobre
todo en los entornos urbanos de la periferia, a causa sobre todo por la
desocupación. La media nacional al respecto es del 4.6; en Sonora de 4.9
La
pobreza urbana no es una afrenta, sin más. Hay causas que la originan, que la
motivan y la hace avanzar hasta llegar a límites incontrolables. La Mandataria
sonorense menciona aquellos sectores oprimidos por la necesidad: Lo más
importante, reconoce, es regularizar y dar certidumbre jurídica a las familias
con el propósito de que puedan acceder a los programas asistenciales que ha
puesto a su disposición el Gobierno estatal en rubros del desarrollo integral.
El
secretario Meade Kuribreña, por su parte, pone el dedo en los renglones del
rezago educativo y de salud pública. Las cifras son de tomar en consideración,
si se coloca bajo la luz de la densidad demográfica que prevalece en la
Entidad, estimada en 3 millones de habitantes: hay 350 mil sonorenses en rezago
educativo; 340 mil sin acceso los de
salud; 107 mil al margen de la seguridad social. En fin, 240 mil sin atención
en electricidad, agua potable, drenaje y sin vivienda digna.
Otros
datos comparativos hacen notar que en el Estado alrededor del 80 por ciento de
los sonorenses genera ingresos necesarios para vivir con adecuados índices de
bienestar social.
La
pobreza, ciertamente, no es en sí mima o por sí misma un oprobio y un baldón.
Habría
que recordar aquí lo expresado por el filósofo de Abdera, el sofista
Protágoras. “La pobreza en la democracia
es mejor que la tan ensalzada fortuna de la casa de los poderosos, de la
misma manera que la libertad es mejor que la condición de esclavo”.
En
todo caso, lo desdeñable no es el
estigma, está en negarse a salir de las condiciones lacerantes. Es decir, en impedir
hasta donde sea posible que hagan de las suyas los apremios de la necesidad.
Afortunadamente,
la administración política actual en Sonora lleva a cabo gestiones, proyectos y
planes para elevar los índices del bienestar: lo mismo en los enclaves
educativos, de salud, promoción del empleo y de seguridad jurídica y pública. Habrá
que reconocer que se cumple, con amplios márgenes, los compromisos formulados y
dados a conocer durante la campaña electoral para alcanzar mayoría de sufragios
en la contienda del pasado junio, en 2015.
Aquí,
me viene a la memoria del sonorense ilustre, el hombre de letras, guaymense de
nacimiento, Edmundo Valadés, para quien
a las mujeres y hombres públicos debiera no de ensalzarse por ensalzarse como
tampoco cuestionarlos sólo por cuestionarlos. Con el mejor buen humor del mundo
solía decir: a los políticos encumbrados por voluntad ciudadana habría que impulsarlos,
alentarlos y presionarlos con el objeto de que vayan hacia adelante en todo aquello
que positivamente emprenden y pretenden llevar a buen término.
Es
el caso de la actual titular del Ejecutivo estatal en Sonora. Claudia Pavlovich
Arellano. En sus programas de desarrollo económico y social sobresalen los de
caminos vecinales y carreteras regionales e interestatales con la mira de
modernizar el turismo, fortalecer las políticas de apoyo a los pobladores en cruel
desamparo de los servicios más elementales: médicos, educativos y de carácter laboral.
De
este modo, la participación de la sociedad y el consenso ciudadano en mucho contribuirían
para que la pobreza reduzca sus efectos y a fin de que avancen los programas y
propuestas en favor del desarrollo social en todas sus vertientes, que no son
pocas.