Confusa,
profusa y difusa es la nota informativa del diario “La Jornada” relativa al
proyecto del ministro de la SCJN, Jorge Pardo Rebolledo, sobre el tema del
Acueducto Independencia.
En
el cintillo se alude a que el susodicho proyecto valida facultades de CONAGUA
para la mencionada obra. Por otra, la cabeza expresa: “Preparan ministros aval
al acueducto Independencia que impugnan los yaquis”.
El
tema, ciertamente, data de años atrás. Amerita, por tanto, darle cuerpo de
memoria histórica. Tiene origen desde 2010. Ha sido y es objeto de una
controversia cuya resolución tiene aún mucho qué decir.
No
es asunto que amerite carpetazo, como popularmente se dice sobre aquellos
asuntos que los intereses de grupo y la política suelen cancelar, con el visto
bueno de instituciones responsables para dictaminar justicia.
Este,
el del Acueducto Independencia, tiene tras de sí larga secuencia en donde
tienen que ver abusos de poder, atropello a los derechos de usuarios,
licitaciones que encierran presuntos contubernios y oscuras alianzas desde el
poder. Etcétera.
Los
más recientes actos para subsanar efectos diversos, asumidos por la actual
administración estatal, son de carácter remedial. No llegan al fondo de la
controversia.
En pocas
palabras, son actos del Poder Ejecutivo
Estatal, no del Judicial de la Federación.
El
proyecto del ministro Rebolledo valida facultades de la Comisión Nacional del
Agua (CONAGUA). Ordena dar trámite a las peticiones de audiencia de los
demandantes. Propone amparar a los quejosos. En modo alguno, se infiere que
justifique y en tal virtud que ampare actos en perjuicio de los inconformes.
Están de por
medio, asimismo, sentencias tras sentencias en favor de los demandantes.
El
proyecto es puntual acerca de la posibilidad que entrañan los diferendos entre
usuarios agrícolas y organizaciones de la sociedad. Implica el criterio de que
“tendrán prioridad el uso doméstico y el público urbano”.
Se
descuenta el dato, no obstante, de que hay el proyecto de instalar plantas desaladoras
con el objeto de resolver la demanda del recurso hídrico. La de Guaymas, para
empezar.
No
faltarán voces delirantes con acentuaciones persuasivas tendentes a justificar
la planeación y puesta en servicio de la portentosa obra, con motivo del
proyecto en ciernes.
Cabe
advertir que está de por medio, en el citado proyecto, la salvaguarda del
derecho de los demandantes. De entrada, se indica la “oportunidad de ofrecer y
desahogar las pruebas en que finquen su defensa y la oportunidad de alegar”.
Por
cierto, no son únicamente las comunidades indígenas (la Tribu Yaqui) quienes
han levantado su voz en protesta por las violaciones de acuerdos y decretos
acerca del uso y usufructo del agua. Y por su trasvase. Han sido líderes de la
Tribu quienes han actuado, al amparo del Derecho a la Rebelión, frente a las
decisiones unilaterales de un gobierno arbitrario (el encabezado por el exgobernador
Padrés Elías). Pero no son los únicos que han suscrito las controversias, en
espera de puntual respuesta.
Está
involucrado el Movimiento Ciudadano en Defensa del Agua, por caso, cuyos
dirigentes sin duda harán acto de presencia ante el proyecto que en breve atenderá
la Primera Sala de la SCJN.
Puede
decirse que, finalmente, hay luces al final del túnel después de cinco años de
infructuosa espera.
Los
Acuerdos de Vícam, se espera, no han de quedar en mero señuelo político, a fin
de crear ilusorias esperanzas.
La
instauración del Estado Democrático de Derecho en Sonora tiene mucho que ver
con el traído y llevado asunto del Acueducto Independencia. Podrá decirse que
es el Talón de Aquiles de la nueva administración política y, acaso, la prueba
principal tras la cual, Claudia Pavlovich Arellano dará certeza y credibilidad
en sus motivadores proyecto de crecimiento económico y desarrollo para el
bienestar social en toda la Entidad.
“Si
es dable”, habrá reparación de los daños y perjuicios a los presuntos
inconformes. “Si es dable”, habrá confianza en las propuestas de que sí habrá
agua suficiente para todos: consumidores domésticos y urbanos; productores solventes
y modestos agricultores. Todo en paz y en armonía.