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Federico Osorio Altúzar ha sido profesor de Filosofía en la UNAM y en la ENP (1964-1996) y Editor de la Gaceta de la ENP desde 2004.
Durante 15 años fue editorialista y articulista en el periódico NOVEDADES.
Es maestro en Filosofía. Tiene cursos de Inglés, Francés, Griego y Alemán.
Ha publicado en Novedades, el Heraldo de Chihuahua, El Sol de Cuervanaca, el Sol de Cuautla, Tribuna de Tlalpan, Tribuna del Yaqui, Despertar de Oaxaca y actualmente colabora en la versión en Línea de la Organización Editorial Mexicana (OEM).







viernes, 15 de enero de 2016

CONSTITUCIONAL, EL MANDO ÚNICO POLICIAL

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A la pregunta de quién será vigía de los veladores por la seguridad  pública, dicha respuesta estará en manos del Poder Legislativo de la Federación.
En CONAGO, el tema de la inseguridad fue motivo principal en la reunión a la que asistió el titular de Gobernación  en calidad de invitado de honor por parte de los ejecutivos de los Estados.
En su intervención Claudia Pavlovich Arellano (Sonora) propuso el sentir general de los mandatarios: elevar a jerarquía constitucional la función de garantizar la seguridad pública a través de una Policía Estatal Única, respetando la autonomía de las entidades y los municipios en la referida materia.
Los términos, extensión y límites jurisdiccionales, serán debatidos y en su caso aprobados en el Congreso.
Respetuoso del Pacto Federal, el proyecto fortalece la noción de coordinación más que el ambiguo esquema de la división y mucho menos el de separación de poderes, evitando anular las facultades comprendidas en el concepto de autonomía municipal y confirmando el de unidad suprema, sin caer en la práctica de la dispersión y pulverización de responsabilidades en los mandos policiales.
La seguridad pública, lo mismo que la seguridad jurídica, son una y la misma en tanto garantía para la convivencia en paz y armonía. Sin desconocer las peculiaridades de cada Entidad o Municipio, sin poner de lado las necesidades específicas de las diversas regiones y, por lo tanto, de sus pobladores, cabe reconocer la necesidad y premura de contar con un Mando Único como el propuesto por la Comisión de Seguridad y Justicia de la CONAGO.
Una sociedad enferma, invadida por bacterias de difícil erradicación es la nuestra. Hay la amenaza de ser víctima de quién sabe qué mal capaz de abatir o erosionarla despojándola de sus energías y disposiciones creadoras.
El Mando Único Policial, cuyo nombre por cierto está por precisarse, se concibe como un antídoto eficaz con el propósito de dar fin a las acciones criminales predispuestas a convertir al país en traspatio del vicio, del trasiego de drogas, de  la corrupción privada y oficial, del lavado de dinero.
Bajo las armas propias del contubernio y la impunidad hemos sido llevados al precipicio de la ilegalidad y al tráfico de intereses y de influencias, del que sólo gracias a un retorno al Estado Democrático de Derecho, no al régimen de intolerancia y arbitrariedad, será posible recobrar la certidumbre, la confiabilidad en las instituciones y el goce de las libertades en toda su amplitud.
La idea de municipio como un santuario intocable, como si fuese el “mana” que tiene de forma ínsita, intrínseca, todo el mal y todo el bien, requiere ser examinada, debatida y colocada en la perspectiva de un federalismo moderno, vivificante y transmisor de renovada fuerza y de vigor reconstructivo a la medida de los tiempos que corren.
Así como la democracia es una afirmación del valor y la dignidad de la personalidad individual también en la figura del municipio se identifican cualidades como la de ser célula constitutiva, originaria, del Pacto en el conjunto de instituciones sociales, educativas, económicas y políticas.
La idea de un Mando Único en cuya estructura los cuerpos policiales de los municipios pasen a ser “guardias administrativas”, abre la posibilidad de que se otorgue, al fin de cuentas, a las zonas marginadas, los enclaves incomunicados por la falta de caminos transitables, ausencia de redes telefónicas y señal inalámbrica, un mínimo de condiciones para la seguridad, la cual, a la fecha, se encuentra plenamente abandonada y en manos de los criminales de toda laya: ladrones de domicilios y asaltantes que medran  con lujo de impunidad, como si portaran patentes de inmunidad.

La “epidemia de desapariciones”,  sobre la que alerta Amnistía Internacional, incide en esta crucial etapa de inseguridad creciente que se abate sobre nuestra Patria. No obstante, por fin hay signos positivos en este horizonte de amenazadoras adversidades.