Bienvenido lector:

Federico Osorio Altúzar ha sido profesor de Filosofía en la UNAM y en la ENP (1964-1996) y Editor de la Gaceta de la ENP desde 2004.
Durante 15 años fue editorialista y articulista en el periódico NOVEDADES.
Es maestro en Filosofía. Tiene cursos de Inglés, Francés, Griego y Alemán.
Ha publicado en Novedades, el Heraldo de Chihuahua, El Sol de Cuervanaca, el Sol de Cuautla, Tribuna de Tlalpan, Tribuna del Yaqui, Despertar de Oaxaca y actualmente colabora en la versión en Línea de la Organización Editorial Mexicana (OEM).







lunes, 18 de enero de 2016

DEL ACUEDUCTO INDEPENDENCIA AL GASODUCTO

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No llega aún a su término la controversia en la SCJN cuando hay visos de inquietud entre los pueblos indígenas. Hay más de una razón para ello.
El Acueducto Independencia es, sin duda, el mayor de los monumentos a la ignominia que se hayan ideado con la perversa finalidad de provocar a una comunidad de por sí marginada y en vía de extinción al igual que otras etnias víctimas de explotación y latrocinio.
El gasoducto, por otra parte, suscita en estos días el malestar de la Tribu Yaqui, de sus líderes recientemente excarcelados, aduciendo argumentos similares a los que enarbolaron hasta hace poco en legítima y honrosa defensa de la tierra, del agua y de la pavorosa contaminación por parte de industriales irresponsables y empresas mineras extranjeras. Todas, en conjunto, depredadoras con patente de inmunidad.
En torno al gasoducto, por ejemplo, Mario Luna Romero, recientemente ratificado en su función de vocero de la etnia yaqui, precisa los términos de la inconformidad de sus representados: ataque, dice, a la integridad del territorio y ausencia de consulta previa a los pobladores de la comunidad en su conjunto.
Esta vez, los beneficiarios no son, en primer término, los receptores anónimos, amparados por un poder ilegítimo, encubiertos detrás de la demanda apremiante del insumo, por usuarios de la capital del Estado.
El vocero yaqui señala el blanco: los posibles gananciosos serían empresarios e industriales quienes recibirían directamente los beneficios del recurso, esta vez, el gas, y la energía eléctrica producido en las plantas transformadoras.
Sin consulta previa la planeación, construcción y funcionamiento del gasoducto en mucho tiene parecido con la portentosa obra hidráulica polémica aún, con los nefastos resultados, del dominio público en Sonora y el resto del país.
Pero la consulta de que se habla ahora no es la organizada con el objeto de distraer, corromper y enriquecer, de manera ilícita, a los licitadores y a los inversionistas de cuello blanco confabulados con los  detentadores del poder mal habido. 
Se trata de una consulta técnicamente formulada, llevada ante los dirigentes de los pueblos indígenas y de sus gobernantes en turno, así como presentada en asambleas populares, de tal manera que nadie se llame a engañado o desinformado más tarde.
Una consulta así daría pie a una planeación democrática en el sentido de contar con el consenso de los pobladores, lo mismo con la asesoría de científicos, técnicos y académicos como, por ejemplo, el investigador del ITSON, González Enríquez, autor de la propuesta a fin de construir plantas desaladoras, hoy asumidas por el nuevo gobierno de Sonora.
No es el caso de inventar escollos y obstrucciones prematuras al crecimiento y desarrollo social impulsado por el régimen que cumple apuradamente cuatro meses.
Mario Luna reconoce públicamente que Pavlovich Arellano inaugura su mandato con las mejores buenas intenciones que van de lo político a lo administrativo. Hace la acotación correspondiente. “Éstas, afirma, deben traducirse en hechos”.
Obras son amores, no hay duda.
Sin embargo, el realismo se impone como criterio evaluativo y como programa de gobierno en donde hay mucho lastre que remover, muchas lacras que subsanar, numerosas lagunas socioeconómicas que colmar.
Esta administración ha empeñado su compromiso de enmendar lo mucho que ha quedado como testimonio de malversación, fraudes a granel, crímenes de lesa humanidad como la trata de menores amparada en densa impunidad.
Asiste la razón a los líderes de la Tribu Yaqui al levantar su voz en rebeldía por los daños y perjuicios perpetrados en su contra. Tienen derechos sobre la tierra, el agua y el aire que los rodea, de los cuales depende su existencia como seres humanos.

La gran oportunidad es poner en balanza los posibles beneficios de la revolución industrial frente a frente de la depredación ambiental, la contaminación de los acuíferos y los atracadores con vestimenta de blanca palomas o de indefensas ovejas.