Bienvenido lector:

Federico Osorio Altúzar ha sido profesor de Filosofía en la UNAM y en la ENP (1964-1996) y Editor de la Gaceta de la ENP desde 2004.
Durante 15 años fue editorialista y articulista en el periódico NOVEDADES.
Es maestro en Filosofía. Tiene cursos de Inglés, Francés, Griego y Alemán.
Ha publicado en Novedades, el Heraldo de Chihuahua, El Sol de Cuervanaca, el Sol de Cuautla, Tribuna de Tlalpan, Tribuna del Yaqui, Despertar de Oaxaca y actualmente colabora en la versión en Línea de la Organización Editorial Mexicana (OEM).







miércoles, 27 de enero de 2016

HACIA LA OCUPACIÓN PLENA: FERIA LABORAL EN CAJEME

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Dio inicio a la Feria del Empleo, primera dentro de su género en Ciudad Obregón, Sonora. Concurren hombres de empresa, oferentes con capacidad de dar ocupación: entre otros, industriales y productores en general.
La Cámara Nacional de Comercio se suma a la cruzada puesta en escena por el Ayuntamiento local.
La ocupación se inscribe, no hay duda, en el conjunto de programas correspondientes una política tendente a la equidad y la igualdad. En el Estado de Bienestar,  el empleo contribuye a resolver progresivamente las demandas perentorias de vivienda, salud, educación.
En términos  de convivencia, ayuda a suprimir, en gran medida, la violencia y da cauces a la participación ciudadana, libre y responsable.
A diferencia del Estado empleador instituido como respuesta emergente al término de una etapa asoladora y desoladora en el seno de la sociedad, la política de pleno empleo convoca a la sociedad civil para compartir el peso de los problemas derivados de una coyuntura circunstancial, suspensiva y de corto plazo.
Mientras en el primer caso se llega al extremo de ofertar un tipo de ocupación sin otra finalidad que la de dar ocupación por sí misma y sin objetivo ulterior, en el pleno empleo se implican metas y objetivos de carácter social: realización de vocaciones, satisfacción de ideales individuales y colectivos; culturales y recreativos. Sin  posponer, por supuesto,  las necesidades inmediatas y sin suprimir las que tienen un sello cultural y desinteresado.
Bienvenida, así, esta Primera Feria destinada a colmar demandas apremiantes, con la participación de empresarios con visión social.
Es una primera piedra en el edificio de la política laboral en la que será posible aunar, adicionar, a la seguridad en el empleo, los beneficios de un retiro digno, sin zozobras y sin mezquindades, propias de las sociedades opulentas condenadas a la existencia efímera, sin pena ni gloria.
A esta buena noticia es posible sumar la relacionada con la atención a los adultos mayores, circulada por “Tribuna del Yaqui” en la edición que informa acerca de la Feria del Empleo, primera en dicha modalidad.
Se compagina con los programas impulsados por el gobierno del Estado, cuyo móvil principal es asignar a la vida en sociedad la dignidad propia, la que le corresponde en el marco del Estado Democrático de Derecho.
Es decir, el vínculo hacia la confirmación de lo humano en cada etapa de la existencia: la escuela primaria y secundaria en la primera y segunda infancia; la de la educación media y superior en la juventud y la del desempeño profesional o técnico en los años subsiguientes. Sin dejar de lado, los adultos de la tercera y última edad. La de los adultos mayores, muchos de ellos carentes de fármacos y asistencia personal.
Por ocupación plena, con W. H. Beveridge, habrá que precisar que no es un concepto mediante el cual se trate de decir que “no exista desocupación alguna”. No significa que “todo hombre o mujer  que viva  dentro de los límites geográficos  del país,  y  que  se encuentra capacitado para trabajar, deba estar ocupado en alguna actividad productiva todos los días  de aquella parte de su vida en que pueda trabajar”.
La ocupación plena, dice el autor de “Pleno empleo en una sociedad libre” significa que la desocupación se reduce a periodos cortos, existiendo siempre  la seguridad  de que pronto se reintegrará el individuo al desempeño de su antiguo oficio o de que trabajará en uno nuevo  cuyo desempeño se encuentra dentro de su capacidad”.      

La política de bienestar integral no está divorciada del empleo cada vez mejor remunerado. Al contrario, una sociedad con elevados índices de ocupación, mejor retribuida, con expectativas de un retiro digno es pilar de no solo de crecimiento económico de unos cuantos, sino de un desarrollo equitativo social en constante progreso, libre y responsable.