Dio
inicio a la Feria del Empleo, primera dentro de su género en Ciudad Obregón,
Sonora. Concurren hombres de empresa, oferentes con capacidad de dar ocupación:
entre otros, industriales y productores en general.
La
Cámara Nacional de Comercio se suma a la cruzada puesta en escena por el
Ayuntamiento local.
La
ocupación se inscribe, no hay duda, en el conjunto de programas correspondientes
una política tendente a la equidad y la igualdad. En el Estado de
Bienestar, el empleo contribuye a
resolver progresivamente las demandas perentorias de vivienda, salud, educación.
En
términos de convivencia, ayuda a
suprimir, en gran medida, la violencia y da cauces a la participación
ciudadana, libre y responsable.
A
diferencia del Estado empleador instituido como respuesta emergente al término
de una etapa asoladora y desoladora en el seno de la sociedad, la política de
pleno empleo convoca a la sociedad civil para compartir el peso de los
problemas derivados de una coyuntura circunstancial, suspensiva y de corto
plazo.
Mientras
en el primer caso se llega al extremo de ofertar un tipo de ocupación sin otra
finalidad que la de dar ocupación por sí misma y sin objetivo ulterior, en el
pleno empleo se implican metas y objetivos de carácter social: realización de
vocaciones, satisfacción de ideales individuales y colectivos; culturales y
recreativos. Sin posponer, por supuesto, las necesidades inmediatas y sin suprimir las
que tienen un sello cultural y desinteresado.
Bienvenida, así,
esta Primera Feria destinada a colmar demandas apremiantes, con la
participación de empresarios con visión social.
Es
una primera piedra en el edificio de la política laboral en la que será posible
aunar, adicionar, a la seguridad en el empleo, los beneficios de un retiro
digno, sin zozobras y sin mezquindades, propias de las sociedades opulentas
condenadas a la existencia efímera, sin pena ni gloria.
A esta
buena noticia es posible sumar la relacionada con la atención a los adultos
mayores, circulada por “Tribuna del Yaqui” en la edición que informa acerca de
la Feria del Empleo, primera en dicha modalidad.
Se
compagina con los programas impulsados por el gobierno del Estado, cuyo móvil
principal es asignar a la vida en sociedad la dignidad propia, la que le
corresponde en el marco del Estado Democrático de Derecho.
Es
decir, el vínculo hacia la confirmación de lo humano en cada etapa de la
existencia: la escuela primaria y secundaria en la primera y segunda infancia;
la de la educación media y superior en la juventud y la del desempeño
profesional o técnico en los años subsiguientes. Sin dejar de lado, los adultos
de la tercera y última edad. La de los adultos mayores, muchos de ellos carentes
de fármacos y asistencia personal.
Por
ocupación plena, con W. H. Beveridge, habrá que precisar que no es un concepto mediante
el cual se trate de decir que “no exista desocupación alguna”. No significa que
“todo hombre o mujer que viva dentro de los límites geográficos del país,
y que se encuentra capacitado para trabajar, deba
estar ocupado en alguna actividad productiva todos los días de aquella parte de su vida en que pueda
trabajar”.
La
ocupación plena, dice el autor de “Pleno empleo en una sociedad libre”
significa que la desocupación se reduce a periodos cortos, existiendo
siempre la seguridad de que pronto se reintegrará el individuo al
desempeño de su antiguo oficio o de que trabajará en uno nuevo cuyo desempeño se encuentra dentro de su
capacidad”.
La política de
bienestar integral no está divorciada del empleo cada vez mejor remunerado. Al
contrario, una sociedad con elevados índices de ocupación, mejor retribuida,
con expectativas de un retiro digno es pilar de no solo de crecimiento
económico de unos cuantos, sino de un desarrollo equitativo social en constante
progreso, libre y responsable.