Bienvenido lector:

Federico Osorio Altúzar ha sido profesor de Filosofía en la UNAM y en la ENP (1964-1996) y Editor de la Gaceta de la ENP desde 2004.
Durante 15 años fue editorialista y articulista en el periódico NOVEDADES.
Es maestro en Filosofía. Tiene cursos de Inglés, Francés, Griego y Alemán.
Ha publicado en Novedades, el Heraldo de Chihuahua, El Sol de Cuervanaca, el Sol de Cuautla, Tribuna de Tlalpan, Tribuna del Yaqui, Despertar de Oaxaca y actualmente colabora en la versión en Línea de la Organización Editorial Mexicana (OEM).







viernes, 13 de febrero de 2015

UNIVERSIDADES Y SINDICATOS: LA MEJOR NEGOCIACIÓN

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Los sindicatos universitarios, rectores y directivos de instituciones públicas de enseñanza superior, están pisando el umbral de una gran negociación. Desde 1980, casi treinta cinco años después de haberse consagrado su autonomía en letras de la Suprema Ley, unos y otros  ponen a prueba su capacidad, talento, disposición y la mejor voluntad, a fin de dirimir y resolver, por la vía del acuerdo, sus respectivas propuestas, sin demérito de sus derechos y obligaciones, compromisos y  deberes.
Universitarios, politécnicos, normalistas son por igual los empleados administrativos como los docentes, los investigadores y los profesionales de la comunicación cultural, quienes hacen posible la extensión del saber académico extramuros, en beneficio de la sociedad.
La indistinción de clase no cabe en el seno de los planteles educativos. Es decir, no hay algo que justifique una especie de lucha de clases en lo referente a las relaciones laborales. No hay una jerarquía entre jefes y servidores, patrones y trabajadores asalariados.   
Y no es cuestión de ignorar que hay diferencias  y fronteras entre unas y otras funciones a cargo de académicos y empleados administrativos. Pero esto es mero asunto de la división del trabajo. Y nada más. Y éstas diferencias se diluyen  en la medida que se coloca en la balanza de las justipreciaciones la convicción de que se labora y trabaja cotidianamente en aras de valores educativos, lo cual es obra común a todos y para todos. Así, la información y la formación de ciudadanos, el cultivo de alumnos a fin de que egresen con vocación de servicio sin ver abismos y brechas sociales por cuestiones económicas o étnicas. De ahí la noción de comunidad.
Los empleados sindicalizados son apoyo y respaldo de la actividad docente, de las labores  de investigación y copartícipes en la expansión de la enseñanza de los académicos. Hijos de aquéllos y de éstos  ingresan y egresan, llevando consigo el sello que identifica a quienes contribuyen en una causa común, generosa, caracterizada por el ideal de servicio más que por el objetivo de la utilidad o el beneficio personal.
Y no habría que esperar un drástico desenlace: el abandono de la mesa de la negociación cuando, habiendo términos para el acuerdo y disposiciones legales y administrativas, se pretena saltar sobre la propia sombra. O sea, llegar a extremos como el cierre del diálogo y la negociación.
El caso de la Universidad Autónoma de Zacatecas que fue a la quiebra económica por un conflicto laboral, no tiene por qué repetirse.  Menos multiplicarse.
Sin tener la vara mágica en sus manos, el rector del ITSON, Dr. Isidro Cruz Medina, pone el punto donde ha de ir. Convoca a la comunidad, administrativos y académicos, con el fin de llevar a cabo un análisis responsable en torno a las recientes disposiciones emanadas de la dependencia federal (Ley de Contabilidad Gubernamental), que establece el criterio de no hacer transferencia de partidas. En otras palabras, no cercenar el presupuesto para la investigación, la docencia o de la extensión universitaria, con el propósito, loable sin duda, de cubrir demandas salariales consideradas justas para el bienestar de las familias. Y viceversa.
Los tiempos que corren no son propicios para convertir la mesa de la negociación en escenario donde las diferencias son llevadas a enfrentamiento y a conflicto.
Y no habría que olvidar que los planteles de enseñanza tecnológica y de profesiones llamadas liberales han de abandonar como procedimiento, de una vez por todas, el ensayo de la lucha de clases, la práctica de la guerra de todos contra todos.

La autonomía universitaria, la autonomía en el manejo del presupuesto, se ejerce con plena libertad, a condición de que se lleve a efecto bajo el primado de la responsabilidad.