Bienvenido lector:

Federico Osorio Altúzar ha sido profesor de Filosofía en la UNAM y en la ENP (1964-1996) y Editor de la Gaceta de la ENP desde 2004.
Durante 15 años fue editorialista y articulista en el periódico NOVEDADES.
Es maestro en Filosofía. Tiene cursos de Inglés, Francés, Griego y Alemán.
Ha publicado en Novedades, el Heraldo de Chihuahua, El Sol de Cuervanaca, el Sol de Cuautla, Tribuna de Tlalpan, Tribuna del Yaqui, Despertar de Oaxaca y actualmente colabora en la versión en Línea de la Organización Editorial Mexicana (OEM).







lunes, 9 de febrero de 2015

DON MARIO VÁZQUEZ RAÑA: HIZO CAMINO AL ANDAR


Hombre de ideas y de acciones, don Mario Vázquez Raña nos dejó caminos que, al ritmo de sus largos y fructíferos años, fue sembrando de enseñanzas y ejemplos dignos de ponderar y proseguir. Supo unir el pensamiento con los hechos en una admirable síntesis la cual permite afirmar que los ideales requieren de logros y realizaciones para merecer el reconocimiento y la admiración de quienes reconocen en las huellas marcadas un camino a continuar y tareas que cumplir con perseverancia y determinación.
Su nombre va asociado a las diversas empresas que fundó, fecundó y llevó a reconocidas alturas. El deporte olímpico comparte con la actividad de la comunicación social, un sitio de honor para quien deja este mundo de  luces y de sombras, de esperanzas y frustraciones, de optimismo y de intensas horas de temor y decepción.
Fue empresario en el más amplio sentido del término. En sentido originario: de crear, innovar y revolucionar lo cotidiano hasta hacerlo institucional y digno del juicio crítico de los demás; de sus pares y asimismo emprendedores.
Fue un notable comunicador, para miles y miles, incontables
lectores de los “Soles” y de publicaciones periódicas similares. Sus entrevistas a personajes públicos, de la política y de muy distintas disciplinas y funciones, quedan como testimonio del arduo y riguroso oficio de dar voz audible a quienes, teniéndola, a menudo la mantienen en sigiloso resguardo.
Fue en esto un hábil interrogador, un docente imbuido del ánimo de aquel Sócrates de Atenas, en la medida que llevaba a su interlocutor al fondo de los asuntos comentados, al meollo de los temas por arduos que éstos fuesen. Practicaba, así, el extraño arte quirúrgico de extraer, como decía mi maestro y gran amigo, don Edmundo Valadés, asimismo extraordinario comunicador de emociones y lúcidas metáforas, de sacar la “miga” o esencia de aquello que se tiene entre manos.
Fue un gran impulsor del deporte en nuestro país, comparable con su pasión y entrega a la noble y ardua profesión de enterar, con objetividad y transparencia. En lo personal, me hace recordar el ideal del hombre homérico enaltecido en las páginas de la “Ilíada”, para quien la ética de su tiempo daba a las competencias el significado de manifestar el temple de carácter, el vigor para alcanzar la gloria bien habida y con el fin de mostrar y demostrar, ante todos, la destreza del cuerpo y de la mente.
Proponiéndoselo o no, dio enseñanzas en las horas más difíciles de México, particularmente, del entorno metropolitano que es la ciudad capital de la Nación, de entereza, resolución y alteza como de amplitud de miras. En horas aciagas en las que aun siendo poseedor de espíritu heroico, de fortaleza de ánimo y de vigor ante la adversidad, las personas sienten desfallecerse y perder la ecuanimidad, don Mario Vázquez Raña salió al frente para convocar a los mexicanos a la fiesta del deporte, al convite del cuerpo y del alma. En suma, para decir ante el mundo que México seguía en pie y de pie.
Aún no se escriben páginas en letra indeleble donde se diga, sin temor a equivocarse, que las Olimpíadas de 1968 tuvieron de todo. Que si bien hubo luto y dolor, irascibilidad desde las alturas del poder, también hubo de por medio un bálsamo sutil, imponderable, que hizo restañar heridas que no cierran de un día al otro, pero que auxilian y ayudan a levantar los ojos para ver alturas insospechadas, caminos por donde se puede andar y metas y tareas que emprender y culminar. Mario Vázquez Raña fue coautor generoso en ese casi imposible logro.
Hay luto en el deporte y en el periodismo: en el Comité Olímpico Mexicano y en la Organización Editorial Mexicana. No obstante, el fuego de su espíritu permanecerá encendido.