El 3 de febrero de 1868, harán 147 años,
dio inicio su primer año lectivo la Escuela Nacional Preparatoria. Un mes antes, el Presidente de la República
restaurada, don Benito Juárez, había decretado su creación, poniendo fin a la
Edad Media mexicana, vigente con la Nueva España y convalidada por el efímero
imperio de Maximiliano, derrocado felizmente en aquel año.
Cupo al doctor Gabino Barreda la gloria
de ser el colaborador en nuestro enorgullecedor Renacimiento, fundando el
plantel educativo con el cual se enfilaría nuestro país hacia una lenta pero
irreversible Ilustración que, al cabo de cuatro décadas, habría de consolidar
sus cimientos a través de la Revolución Mexicana.
Fue la Preparatoria el Alma Mater, progenitora, de la
Universidad de México, de la hoy augusta y máxima casa de estudios del país.
Por encima de vientos y mareas, la
Escuela Nacional Preparatoria se ha mantenido incólume, enhiesta y luminosa,
aún en momentos en los que la nación daba la impresión de naufragar en el
torbellino de la política pro imperialista, durante la incursión del dictador
Victoriano Huerta. Incluso, sosteniendo a capa y espada el ideal de la libertad
de cátedra y de investigación, así como el compromiso para ejercer su
patrimonio al margen de tentaciones totalitarias y aventureras que acechaban, y
hacen hasta lo imposible a fin de ponerla de rodillas.
La preside el principio de la continuidad, lo cual no
quiere decir simple y llanamente que
los directivos consideren que la
historia, en el caso su historia, es una repetición similar o idéntica de
etapas anteriores. Señera y señora de su propio destino, ha hecho y hace camino al andar, como sugería el poeta
con singular lucidez. Prueba de lo anterior: sus diversos y numerosos planes y
programas de estudios en los que predomina lo previsor y la notable capacidad
para ejercer su liderazgo académico con dignidad y solvencia.
La semana anterior, a menos de dos semanas del
aniversario de inicio de clases de aquel lejano 3 de febrero de 1868, la
comunidad preparatoriana escuchó de viva
voz, como en los mejores tiempos de su periódica renovación, el contenido
programático del Plan de Desarrollo
Institucional para el cuatrienio que terminará en 2018, un año después del
sesquicentenario de la Preparatoria.
La solemne presentación del aludido Plan
estuvo a cargo de la directora general de la Preparatoria, maestra Silvia E.
Jurado Cuéllar, psicóloga de profesión. Y, a nuestro parecer, en pleno
ejercicio de esa su personal actividad, tras la consulta a la comunidad
preparatoriana y después de la introspección practicada en su investidura de
responsable de los destinos de la institución, expuso los lineamientos, las
guías metódicas con arreglo a las cuales se dispone a salvaguardar y acrecentar
la grandeza del plantel juarista y
barrediano. Sus pronunciamientos provienen de la funcionaria académica que se
desempeñó al frente de la Preparatoria en el cuatrienio anterior.
Se comprometió a fortalecer la
Preparatoria por medio de la docencia, la propedéutica hacia la investigación y
la extensión sociocultural. Ofreció tomar en cuenta el consenso de la comunidad
preparatoriana, condición para implantar reformas sustanciales.
Soplan fuertes vientos no sólo en el
ámbito de la economía sino de las relaciones laborales, y repercuten en
espacios vulnerables de la sociedad donde
hacen más daño: por caso, en la educación.
Con razón la maestra Jurado Cuéllar,
sentenció: “Esta administración implica retos mayores porque requiere reforzar
acciones, corregir caminos y consolidar proyectos. Debemos superar adversidades que se perciben
en el ambiente por las condiciones sociales
de nuestro país. Demostremos, acentuó, ser una institución madura y
responsable…”