Vuelve
Cajeme a llamar la atención de todos los mexicanos. Mejor dicho: el municipio
mantiene en vivo las expectativas de la nación
por la gestión modernizadora en beneficio del conglomerado social que trabaja,
estudia y convive en la diligente, productiva y próspera jurisdicción.
No
de manera fortuita sus autoridades han sido objeto del reconocimiento unánime por
parte de la Confederación Nacional de Municipios. El propio alcalde municipal,
Rogelio Díaz Brown, ha sido laureado con presea que alude a la honesta y austera
administración del erario y ocupa un lugar notable en el campo de los Derechos
Humanos por su vertical postura al lado de la Tribu Yaqui. En suma, por la
honora defensa del vital recurso, el agua, en favor de consumidores y
productores.
Mención
especial a quien conduce y guía, así haya vientos y mareas, los destinos del
Ayuntamiento frente a intereses creados, ante acciones del poder ilegítimo y
contra la adversidad provocada por la ambición insaciable capaz de propiciar
daños irreversibles y causar efectos en la economía, la salud, el bienestar y
las esperanza de miles y miles de familias sonorenses.
Cajeme
es, por hoy, municipio líder en materia de preservación ambiental. Hace honor a
su carácter originario como célula viva y vivificante del organismo al que pertenece:
la nación, entendida como el cuerpo federativo del cual emana vigor para
unificar y enlazar la voluntad política y social de sus integrantes.
Producirá
energía solar en instalaciones del parque instaurado con la expresa finalidad
de dotar energía limpia, renovable, con la gran ventaja de reducir los costos
de su uso y usufructo. Podrá decirse que la proeza en cuestión palidece en la
medida que el municipio de Cajeme es rico productivamente en el agro y en la industria de la transformación.
Y que, acaso, a ello se debe el auge que ahora lo coloca a la vanguardia de
todas las congregaciones municipales del planeta.
Una
cosa es cierto: el de Cajeme es, acaso, el municipio más próspero por la
entereza, la recia voluntad y la visión de sus gobernantes para atraer
capitales y tecnologías de las más avanzadas en el mundo. Bien puede darse el
lujo de hacer relucir la nómina de sus centros de estudios superiores, cuyo
número llega, a la fecha, a veinte. O más.
Cabe invocar aquí el cúmulo de calamidades por
venir a los sobrevivientes de la catástrofe en el norte de la Entidad, pues no
todo es miel sobre hojuelas en el Estado que encendió, por cierto en Cananea,
la hoguera revolucionaria.
Así,
mientras los cajemenses aplauden a su autoridad municipal por ser pioneros en
la guerra contra la degradación ambiental, a pocos kilómetros de Ciudad
Obregón, hay casos enfermedad, empobrecimiento y amenaza sanitaria para las
gentes, la vegetación y los semovientes en las riberas de los ríos contaminados
por la minera de Grupo México.
A
pocas horas de Cajeme, no lejos del municipio pionero en producir energía solar, limpia y renovable, Conagua,
su titular David Korenfeld, por fin (“Más vale tarde que nunca”) ordena al
Gobernador del Estado, Guillermo Padrés, a fin de que destruya la presa, las
represas y el acueducto en el rancho “Pozo Nuevo”, de su propiedad. Se sabe que
los volúmenes de agua mal habida son equivalentes a la mitad del consumo que
hacen los habitantes de Hermosillo.
Alusiones
aparte, referencias a hechos que los sonorenses del sur saben y padecen, ¿cómo
es posible lo uno con lo otro? Es decir, de qué manera conciliar la hazaña de
los cajemenses a fin de contar con plantas solares capaces de producir energía
limpia y renovable mientras desde la ciudad capital, de la que habría de emanar
ejemplos constructivos, se pone en claro la animosidad, la iracundia enfermiza
y la corrupción sin límites por parte de un autoritarismo que todavía no llega
a su anhelada desaparición?