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Federico Osorio Altúzar ha sido profesor de Filosofía en la UNAM y en la ENP (1964-1996) y Editor de la Gaceta de la ENP desde 2004.
Durante 15 años fue editorialista y articulista en el periódico NOVEDADES.
Es maestro en Filosofía. Tiene cursos de Inglés, Francés, Griego y Alemán.
Ha publicado en Novedades, el Heraldo de Chihuahua, El Sol de Cuervanaca, el Sol de Cuautla, Tribuna de Tlalpan, Tribuna del Yaqui, Despertar de Oaxaca y actualmente colabora en la versión en Línea de la Organización Editorial Mexicana (OEM).







miércoles, 21 de mayo de 2014

YOREMES Y YORIS: UN LIBRO SOBRE LOS PUEBLOS INDÍGENAS


En el torbellino  de la actual historia yoreme, se presenta en el Mariposario de El Júpare (Huatabampo, Sonora) el libro “Los pueblos indígenas del Noroeste de México”,  coordinado por J. L. Moctezuma Zamarrón y Alejandro Aguilar Zeleny.
El subtítulo: “Atlas Etnográfico” sugiere el interés de los autores a fin de poner de relieve, ubicando geográficamente a la insospechada gama de etnias que pueblan la  región: pápagos, mayos, guarajíos, pimas, entre otras. Aparte la migración indígena, como en tiempos prehispánicos, no deja de fluir hacia territorios promisorios: es el caso de mixes y mixtecos; nahuas, triquis y zapotecos. De norte a sur.
A 20 años del levantamiento en el sur del país, abanderado por el EZLN, la denominada “cuestión indígena” plantea viejos y renovados enigmas, cuya resolución  en términos generales es de soslayo, suspenso y, en todo caso, teñida de  un fariseísmo chapado a la antigua. Es decir, se pregona que la búsqueda es a fin de preservar su lengua y religión, sus formas de vida, los ”usos y costumbres” mientras que, por otra parte, se convierte su situación real, la de cada día, apremiante, en tema de análisis, de reflexión y ejercicio comparativo.
Hay la tendencia encubierta es convertir la suerte y el destino de los pueblos indígenas en asunto de  interpretación paleontológica, incluso de curiosidad folclórica a la manera de como lo hacen especialistas extranjeros, para quienes los indígenas son tema antropológico a fin de observar el tránsito de las formas inferiores de vida civilizada, de integración a la vida urbana o de franca marginación, por lo demás inducida, en sus paupérrimos enclaves alejados de toda protección en materia de salud, educación y empleo.
Es, por tanto, muy oportuna la presentación del libro por parte del INHA sonorense. Ocurre en horas cargadas de tensiones, acosos y amenazas para la denostada nación yaqui, cuyas etnias  hacen frente al poder de los “ yoris”, representado por quienes han invadido sus predios al margen de leyes y reglamentos habidos y por haber, justificando el derecho universal a recursos, por cierto regulados por ordenamientos de validez positiva aunque, por lo visto, de  mínima o nula eficacia.
La finalidad del Acueducto Independencia, abastecer del vital líquido a quienes no lo tienen por otros medios, se ha desvirtuado desde sus orígenes por el uso y abuso del poder arbitrario cuyos tenedores pisotearon acuerdos, tratados y convenios, suplantando el derecho a ser oídos por parte, incluso, de entidades federales. Son estas mismas las que hoy se exhiben como lastres de un pasado inmediato viciado por la ilegalidad, el desdén hacia el Estado de Derecho y la propensión a imponer la impunidad.
Así, lo que hubiese sido gran oportunidad para unir a los sonorenses: el agua, se ha vuelto ocasión para abrir fisuras y discordias entre la sociedad del norte y la del sur. Es motivo para empuñar afilados arietes por los hambrientos de poder. Hoy en día, Sonora es botín de la política y señuelo para los aventureros de siempre: autoproclamados salvadores y redentores de la sociedad.
Vuelve, por si hiciese falta, el monstruo de mil cabezas al que se refería  José Francisco Velasco en “Noticias estadísticas del Estado de Sonora (1850)”.  Los apaches estarían regresando para aplastar a los indefensos “yoris” y llegan aquéllos para espantar con exceso de irascibilidad, de odio y hasta de salvajismo, dispuestos  a terminar con todo.
Sin embargo, los yoremes  de la Tribu Yaqui, patriotas sin duda, están dispuestos a impedir los saqueos y las vejaciones. Velan por la sobrevivencia y la dignidad.
Es cierto que hay gente coludida, cuyo cinismo y falta de respeto a la legalidad, las hace verdadero “Caballo de Troya”, al que habrá  que denunciar por todos los medios.