Bienvenido lector:

Federico Osorio Altúzar ha sido profesor de Filosofía en la UNAM y en la ENP (1964-1996) y Editor de la Gaceta de la ENP desde 2004.
Durante 15 años fue editorialista y articulista en el periódico NOVEDADES.
Es maestro en Filosofía. Tiene cursos de Inglés, Francés, Griego y Alemán.
Ha publicado en Novedades, el Heraldo de Chihuahua, El Sol de Cuervanaca, el Sol de Cuautla, Tribuna de Tlalpan, Tribuna del Yaqui, Despertar de Oaxaca y actualmente colabora en la versión en Línea de la Organización Editorial Mexicana (OEM).







lunes, 18 de septiembre de 2017

TRATADO DE LIBRE COMERCIO: HACIA LA GRAN NEGOCIACIÓN


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En una democracia auténtica, cabal, no tienen lugar los chantajes ni los secretos. La transparencia es regla de oro.
La renegociación del TLC ha dado mucho qué decir al grado que se ha mencionado la posibilidad de poner fin a la relación multilateral que ha prevalecido desde 1994.
Gran Bretaña ha dado el difícil paso, tomando la decisión de finiquitar su adhesión a la Unión Europea (UE) en todo aquello que ha significado un ejemplo a seguir en la ardua tarea de hacer de lo económico una puerta abierta hacia la cooperación y la convivencia en paz y armonía.
Sin embargo, aquí el cielo comienza a despejarse.
Al igual que después de los ciclones y los temblores, el firmamento deja ver las estrellas y las auroras pueden verse iluminadas por el naciente sol.
Trabajadores y hombres de negocios advierten, con explicable optimismo, la última fase de las negociaciones como una ventana plena de posibilidades y expectativas favorables.
En vez de la zozobra que envolvió las primeras rondas de encuentros entre los países que están involucrados en el Tratado, ven en cambio, con la mirada confiada, y hasta vislumbran grandes esperanzas en los acuerdos que se tomen, incluyendo por supuesto la participación del gigante industrial, los Estados Unidos de América.
La paz por medio del Derecho vuelve a esclarecer los caminos en esta compleja relación tripartita dentro de la cual es factor descollante la equidad como principio y la igualdad de oportunidades norma a proseguir.
Lo que se apruebe en Otawa será la gran campanada para la continuidad y el enriquecimiento de otros arreglos más que permitan el logro de lo que el secretario canadiense de Finanzas ha dicho: acerca de la añorada meta: ser socios en la prosperidad.

A título de ejemplos, cabe citar casos que ameritan mociones de urgente resolución:  salvaguardas laborales más consistentes, fortaleza en las disposiciones ambientales,, toma de conciencia ante  los problemas derivados del cambio climático, etcétera.
Hoy en día el tema de la inmigración es manipulado como una amenaza real y latente en las relaciones entre los países altamente desarrollados y los menos afortunados. El libre y responsable derecho de tránsito ha sido sustituido por muros y murallas infranqueables, rodeado todo con amenazas de conflictos bélicos y de exterminio.
El tema de los aranceles ocupa, ciertamente, un sitio importante, pero hay en principio fórmulas que pueden confluir en avenencias y que no terminen en abusos y discrepancias.
Nació el TLC como una simiente de la que se esperaban resultados positivos en materia diplomática, en la derrota de la pobreza, en la cooperación y el intercambio de experiencias, en el desarrollo del comercio, de la industria y de la banca, para citar algunos de los objetivos. A la fecha, en víspera de ventilarse nuevamente.
La negociación, la gran negociación es lo que se espera de la reunión cumbre en Canadá. No la declinación, ni la ruptura definitiva.
Es verdad que el TLC no es la llave milagrosa que abre puertas y vestíbulos ahí en donde proliferan las mazmorras, las murallas y los muros oprobiosos de la discriminación a ultranza.
Es una oportunidad para el intercambio no sólo de enseres y bienes.

La sociedad cosmopolita lo considera una compuerta para la paz en el porvenir. De ahí que renovarlo es ponerlo en mejores condiciones de eficacia y eficiencia.