Bienvenido lector:

Federico Osorio Altúzar ha sido profesor de Filosofía en la UNAM y en la ENP (1964-1996) y Editor de la Gaceta de la ENP desde 2004.
Durante 15 años fue editorialista y articulista en el periódico NOVEDADES.
Es maestro en Filosofía. Tiene cursos de Inglés, Francés, Griego y Alemán.
Ha publicado en Novedades, el Heraldo de Chihuahua, El Sol de Cuervanaca, el Sol de Cuautla, Tribuna de Tlalpan, Tribuna del Yaqui, Despertar de Oaxaca y actualmente colabora en la versión en Línea de la Organización Editorial Mexicana (OEM).







martes, 12 de septiembre de 2017

MÉXICO-ESTADOS UNIDOS: LA BUENA VECINDAD

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Mal, pésimamente, se encuentran a la fecha las relaciones entre México y los Estados Unidos.
El muro incómodo o de la incomprensión  hace su parte. La inmigración, la suya. Y por si faltase algo, las negociaciones del TLC son cuesta arriba.
El ingrediente de la equidad se echa de menos en todo: tratados y contratos carecen de validez y eficacia.
El totalitarismo la arbitrariedad  y la imposición, ganan la batalla.
La noción de buena vecindad está ausente. Y la impresión inmediata es la de que nunca ha hecho acto de presencia.
Ahora bien, ¿la igualdad se produce sólo entre iguales?
¿No es posible, por caso, el igualitarismo entre poderosos y débiles?
Viene a la mente lo anterior por lo que ocurre como trasfondo de las reuniones diplomáticas y de negocios. Las amenazas del presidente estadunidense, Donald Trump contribuyen a enrarecer más el clima de los encuentros.
Por otra parte, la buena vecindad, ¿ha ocurrido alguna vez en la cual el poderoso haya sido solícito, compartido, desinteresado y, por tanto, generoso y noble en los tratos?
El afán de dominio y predominio es parte constitutiva en la voluntad, por el lado del más fuerte.
Los imperios, bien lo sabemos, fundan su razón de ser en la conquista de territorios y viven y se expanden a través del tiempo, como si en ello estuviesen esperando trofeos y vítores. Hemos sido, bajo ese punto de vista, víctimas del despojo de una gran porción de nuestro territorio soberano  Desde entonces, somos vecinos distantes, vecinos afrentados.
Los más recientes gestos de autoritarismo del Presidente de Estados Unidos en torno a la migración, a los llamados “dreamers” y tocante al TLC, nos llevan a protestar por una dramática situación de hecho: como los parientes pobres, somos objeto de escarnios, de maltratos, de reiteradas humillaciones. La justificación y sustento proviene del arrogante totalitarismo cuya arma principal es el terrorismo.
¿Habría que olvidar, sin embargo, que aún en la pobreza el débil puede ayudar al fuerte?. ¿Y que en un momento dado, el pobre puede socorrer al potentado?.
Y no habría por qué dejar de reconocer que el necesitado, por su misma situación de precariedad, tratara de obtener alguna ventaja de la supuesta magnanimidad del fuerte.
Así las cosas, vistas de esta manera, la buena vecindad siempre tendrá algo o mucho de inequidad, de injusticia, de sobreexplotación ypropósitos de sometimiento.
Aquí, los asuntos adquieren nuevo giro.
En el caso de los migrantes mexicanos en aquel territorio, muchos de ellos en bvusca de mejores condiciones de vida, empleo y compensaciones, merecen un trato laboral decoroso en la medida que son personas que ganan con su trabajo los estipendios que se les otorgan. No lo hacen de manera solapada.
En ese sentido, nada justifica la andanada de adjetivos infundados que los han hecho objeto de ironías y aun de acusaciones descabelladas. Mucho menos de la autoridad ejecutiva, como ha sucedido por los pronunciamientos de Donald Trump. La mención de “criminales”, de introductores de droga y de maleantes, es indigna por parte de quienes sufren tales ofensas; también indigna en labios de quien los convalida.
Otro punto clave en la relación de vecindad a que nos referimos, es la renegociación del Tratado de Libre Comercio.
Es el nuevo capítulo de nuestra convivencia con el poderoso del Norte. Nos hallamos, en consecuencia, en espera de lo que podría ser una gran negociación.