Bienvenido lector:

Federico Osorio Altúzar ha sido profesor de Filosofía en la UNAM y en la ENP (1964-1996) y Editor de la Gaceta de la ENP desde 2004.
Durante 15 años fue editorialista y articulista en el periódico NOVEDADES.
Es maestro en Filosofía. Tiene cursos de Inglés, Francés, Griego y Alemán.
Ha publicado en Novedades, el Heraldo de Chihuahua, El Sol de Cuervanaca, el Sol de Cuautla, Tribuna de Tlalpan, Tribuna del Yaqui, Despertar de Oaxaca y actualmente colabora en la versión en Línea de la Organización Editorial Mexicana (OEM).







viernes, 17 de marzo de 2017

¿QUÉ ES SER MEXICANO? PERO, ¿QUÉ MÁS SOMOS?

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Por iniciativa propia, lo cual dice más que suficiente acerca de su perspicacia intelectual, Juan Felipe Santana Mora, en información de “Gaceta” de la Escuela Nacional Preparatoria, alumno de esa institución, puso en marcha con el aval de sus maestros y de la Dirección General a cargo de Silvia E. Jurado Cuéllar, la primera campaña de concientización con las preguntas que titulamos nuestro comentario.
Motivado este proyecto por el trato enojoso del actual titular del Ejecutivo estadounidense hacia la comunidad extranjera en aquel país, particularmente hacia nuestros connacionales, la reflexión va de lo inmediato a lo mediato, de lo meramente circunstancial a las raíces del asunto; es decir, a la identificación de nuestras raíces.
Ciertamente, hacia el primer tercio de la pasada centuria, Samuel Ramos, filósofo y maestro de varias generaciones en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM,  lo mismo que Octavio Paz, Premio Nobel, y muy distinguido escritor, se ocuparon de examinar el sentido del ser del mexicano.
Otros destacados estudiosos se han dedicado a esclarecer el problema.
El ensayo del ilustre historiador don Edmundo O´Gorman, “La invención de América”, da sustento inequívoco al tema, convirtiendo las conjeturas y las alusiones en follajes del sugerente encuentro con los orígenes de nuestro ser, por encima de lo psicológico o meramente antropológico.
No obstante, a la luz de los sucesos presentes, cambiantes por cierto, la campaña del joven preparatoriano adquiere el sentido que conduce a repensar no sólo nuestro pasado, sino el presente con todos sus pormenores y se imbrica en el nebuloso e incierto futuro, con la finalidad de saber qué más somos o qué más podemos llegar a ser.
En el trasfondo, acecha la cuestión de nuestra vecindad. Especialmente, aquella vecindad que en mucho nos atañe, más de lo que a la fecha se cuestiona: el asunto migratorio, la discriminación, el sigiloso acecho que se percibe por la sed que producen nuestros de por sí menguados recursos y bienes materiales.
Santana Mora nos convoca a conocernos en el vasto espejo de nuestra historia, única forma para dilucidar el  insoslayable enigma que consiste en saber de dónde venimos y hacia dónde vamos.
Pero también nos convoca a saber quiénes son nuestros vecinos del Norte. De dónde vienen, cómo y porqué llegaron hasta acá y cuál será su destino.
Son migrantes en sus orígenes. Pero, ¿qué los empujó para cruzar el océano?
El repensar nuestra vecindad no termina ni se agota con los oscuros capítulos que dieron alas a su expansionismo territorial de hace más de un sesquicentenario.
Hay ahí rencores no superados y odios mal encubiertos.
Es posible que nos encaminemos hacia una nueva relación. Hacia una vecindad con beneficios mutuos que no terminan en lo comercial ni en lo laboral. Tampoco en la migración, confusa, profusa y difusa hasta ahora y por ahora.
Las cartas se están poniendo sobre la mesa. El acomodo y reacomodo da comienzo. No todo está escrito.
Los Estados Unidos, con todo lo que ocurre, es un gran imperio, a nuestro modo de ver similar al de Alejandro Magno.  

Lo coronan metales valiosos. Es prematuro decidir si sus pies están hechos de barro, frágil y deleznable.