Como
nunca, las expresiones de protesta no se hicieron esperar con motivo del Día
Internacional de la Mujer.
En
las principales capitales del mundo, la inconformidad adquirió sus más altos
índices, teniendo como parámetros y referencias la desigualdad, las violaciones
impunes, la discriminación y la violencia.
Las
denuncias alcanzaron su máxima acritud en temas que se refieren a la inequidad en el trato
laboral, la comisión de faltas a la dignidad personal de la mujer. Se puso
particular énfasis en el principio de la equidad y se exaltó el valor de la
igualdad de género como condición de vida moderna, civilizada y aún
democrática.
Larga,
desigual y persistente ha sido la lucha por la revaloración de la mujer. Los
resultados obtenidos no han estado a la altura de los esfuerzos invertidos. La
frustración sigue siendo, en buena medida, la estela de incomprensión, desdén y
vejámenes sin fin.
El primitivismo se
mantiene, infiltrado, en los usos y costumbres como si se tratara de una
impronta imposible de erradicar.
Incluso
desde los orígenes del igualitarismo, la inequidad de género se mantuvo con
visos de adherencia y actuó como parte del genotipo que la naturaleza hace
prevalecer de manera ineluctable.
En
la Atenas de Pericles, hace casi dos milenios y medio, era imposible el reclamo
de equidad y mucho menos de identidad de género. Vida libre para los varones,
confinamiento para las mujeres; participación pública irrestricta para los
primeros, imposibilidad de presencia y toma de posiciones de las segundas, en
el ágora y la Asamblea. Sólo Aspasia, maestra en el arte de hablar, logró
influir en los destinos de aquella “polis” a través del genio de estadista del
impulsor de la primera democracia en el planeta.
Más
tarde sería Hipatia la mujer que daría timbres de gloria en la Alejandría de
Alejandro Magno.
Ícono
de cultura universal, del arte en sus más altas manifestaciones, Marie Curie
alcanzaría el honor de ser la primera científica, en ser la recipiendaria de un
reconocimiento cosmopolita, el premio Nobel, polaca de nacimiento y reconocida
patriota en la patria de las Luces.
Antes
Epicuro, en su célebre comunidad filosófica, el Jardín, había derruido con
arrojo y valor intelectual, los muros de la desigualdad social, de género, promoviendo
la comunidad educativa abierta para todos en igualdad de condiciones.
Grandes
mujeres de nuestra historia han sido doña Josefa Ortiz de Domínguez y Margarita
Maza de Juárez en la antepasada centuria.
Hoy
en día, por los caminos de la convivencia cívica se abren puertas que dan al
vestíbulo de la igualdad. El voto
electoral ha sido un comienzo feliz.
En
los pasados comicios, en el Estado grande (Chihuahua), casi una tercera parte
de alcaldías fueron ganadas por mujeres de aquella Entidad, dando pábulo a la
lucha por la equidad de género en el manejo y administración de los asuntos de
competencia pública.
Así,
en Moris, por primera vez obtiene la titularidad de Ejecutivo municipal una
mujer, en el caso Perla Gacela López Pérez, dando lugar a una etapa que se
avizora plena de realizaciones de carácter social, por el temple resolutivo de
la flamante servidora pública, por su entereza y disposición para recorrer los
inhóspitos y remotos lugares que configuran aquella jurisdicción. Asimismo, por
su compromiso de atender las urgencias que demandan los conglomerados más
escondidos y olvidados.
La
munícipe tiene ante sí retos que van de lo educativo a las comunicaciones, de
la seguridad a los mínimos de bienestar, de los apoyos materiales, entre otros,
la dotación de medios para el desarrollo y el progreso familiar.