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Federico Osorio Altúzar ha sido profesor de Filosofía en la UNAM y en la ENP (1964-1996) y Editor de la Gaceta de la ENP desde 2004.
Durante 15 años fue editorialista y articulista en el periódico NOVEDADES.
Es maestro en Filosofía. Tiene cursos de Inglés, Francés, Griego y Alemán.
Ha publicado en Novedades, el Heraldo de Chihuahua, El Sol de Cuervanaca, el Sol de Cuautla, Tribuna de Tlalpan, Tribuna del Yaqui, Despertar de Oaxaca y actualmente colabora en la versión en Línea de la Organización Editorial Mexicana (OEM).







lunes, 6 de marzo de 2017

ESTADOS UNIDOS: DEL BIENESTAR AL MONOPOLIO

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De manera pendular los Estados Unidos han ido, a partir de la Guerra de Secesión, de una política orientada hacia el bienestar al otro extremo: la recesión, presidida por el sistema monopólico o del “trust”, propio de las sociedades herméticas; proteccionistas, en una palabra.
Se dirá que los imperios lo son en razón de su capacidad para imponer y hacer prevalecer, uno u otro sistema, de acuerdo con sus intereses, los que privan dentro de sus fronteras, y no según los propósitos y necesidades de los demás.
Del libre mercado han transitado al rígido sistema de un nacionalismo a ultranza, el cual no tiene ojos para ver lo que ocurre en su entorno. Los aranceles están al alcance de su mano omnímoda a fin de abrir y cerrar puertas a las importaciones lo mismo que a las exportaciones, siempre y cuando convenga a sus intereses.
En favor de los grupos encumbrados en el poder convierten el Estado de bienestar en un techo de beneficios individuales, dejando a la intemperie el resto de comunidades que le han dado sustento y respaldo en otros tiempos.
Hoy en día estamos asistiendo a lo que podemos interpretar como un giro de la sociedad abierta, la del libre mercado, a una etapa guiada por el proteccionismo y la tendencia a favorecer a los grupos poderosos, ávidos de ganancias sin límites y ansiosos por sobreponerse a los demás, a toda costa.
Desde el punto de vista económico, el cambio de poder en la vecina nación se ofrece como el tránsito de una sociedad cosmopolita hacia una sociedad que abandona las metas de la solidaridad, de la cooperación y del libre intercambio: de mercancías para empezar, pero asimismo de bienes intangibles como los del conocimiento, la educación y la cultura.
Muy fuerte han sonado a oídos de los países, incluso de ultramar, los nudillos del Presidente Trump, anunciando sin tapujos su política proteccionista que, por cierto, comienza por echar de su territorio a los migrantes ilegales y a todo sospechoso, por el hecho de serlo, mediante deportaciones masivas y sin miramiento en las leyes de convivencia y la ideología universal de los Derechos Humanos.
Por lo que toca a nosotros, los vecinos más vapuleados en el pasado por el expansionismo del imperio, el afán de grupos ambiciosos y la parsimonia del Imperio para valorar la importancia de la buena vecindad, habría que poner en la balanza los esfuerzos de nuestros gobiernos para evitar más daños de manera  innecesaria.
Mientras aquí los representantes de la violencia exigen a la máxima autoridad una conducta beligerante, del “tu por tu”, hay voces mesuradas, apegadas al derecho internacional, que proponen acudir a instancias que se supone imparciales, administradoras de la normatividad, de la cual se espera la impartición de justicia jurídica, portadora de coercibilidad ejemplar, con el objeto de que cese la hostilidad y los acosos improcedentes a nuestros paisanos.
Tal es el caso de la advertencia a fin de acudir a la ONU con la encomienda de pedir justicia sobre las redadas de indocumentados mexicanos y la relacionada ante las amenazas arancelarias en contra de nuestras exportaciones hacia los Estados Unidos.
Acerca del particular, ante la Organización Mundial de Comercio.
Por otra parte, pende sobre los ciudadanos del Imperio del norte el temor por los alcances de una política belicista, tras los años de relativa paz interna y exterior.

Pero aún es tiempo para la reflexión. El Estado de Bienestar tiene metas que alcanzar. La paz por medio del Derecho es mil veces preferible al sistema de todos contra todos.