Bienvenido lector:

Federico Osorio Altúzar ha sido profesor de Filosofía en la UNAM y en la ENP (1964-1996) y Editor de la Gaceta de la ENP desde 2004.
Durante 15 años fue editorialista y articulista en el periódico NOVEDADES.
Es maestro en Filosofía. Tiene cursos de Inglés, Francés, Griego y Alemán.
Ha publicado en Novedades, el Heraldo de Chihuahua, El Sol de Cuervanaca, el Sol de Cuautla, Tribuna de Tlalpan, Tribuna del Yaqui, Despertar de Oaxaca y actualmente colabora en la versión en Línea de la Organización Editorial Mexicana (OEM).







domingo, 15 de enero de 2017

“¡AHORA O NUNCA, SEÑOR PRESIDENTE!”

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Vuelve a escucharse, en voz ahora de los ciudadanos, la demanda formulada al Benemérito de la República, hará siglo y medio.
Primero la drástica decisión de elevar el costo de la gasolina (el “gasolinazo”), enseguida la desbordada carestía de los productos que integran la canasta básica, denominación metafórica que nada tiene que ver con los satisfactores elementales de los más pobres de nuestra sociedad.
Un mandatario en soledad, abandonado a su destino por sus mismos  asistentes, los de vanguardia, y por aquellos que desempeñan labores de servicio, es un líder en bancarrota. Sin nada que hacer, el Ejecutivo dejaría de serlo para convertirse en instrumento a fin de encarar las tormentas y las inclemencias, sin posibilidades de evitar y menos impedir las consecuencias.
En el caso de nuestro Primer Magistrado, licenciado Enrique Peña Nieto, puede decirse que tiene el timón entre sus manos, confía en el buen consejo de sus principales colaboradores. Y cuenta aún con el respaldo popular, a pesar de las campañas orquestadas en su contra.
A lo anterior hay que sumar la retórica agresiva del próximo Presidente, sucesor de  Barack Obama.
Así, nada fácil es para el jefe del Ejecutivo federal, además de lo anterior, afrontar los desahogos del ya casi Presidente Donald Trump, cuyas declaraciones furibundas sobre todo lo que se relacione con nosotros tienen el propósito de infamar y denostar exhibiendo a nuestros connacionales como una carga económica y social para su país. Y como resultado publicitario: causar desprestigio al supuesto errático desempeño  y al mal gobierno de México.
Remando en contra de la corriente, presionado por los opositores de oficio, seguramente mal informado por asesores incapaces de enterarlo con objetividad acerca de lo que ocurre, la demanda es similar a la que escuchó en su momento el mandatario Benito Juárez: “¡Ahora o nunca, señor Presidente”!
Los tiempos que corren son los de administrar, y administrar con la mirada puesta en los más necesitados del país. Son tiempos no para hacer política de quinta mano, pensando en los que viven en la opulencia, en el confort que dan los recursos mal habidos, sin tomar en cuenta la ideología que presumen y que acaso mal entienden.
Dejando de lado el discurso vehemente de Trump, poniendo en paréntesis la lucha partidista del venidero 2018, haciendo caso omiso de la demagogia extremista de derechas e izquierdas, el reclamo popular es volver hacia nosotros mismos, practicar la introspección con la finalidad de saber el fondo de nuestras peripecias y  calamidades.
Y en especial, con el propósito de corregir y enmendar las anomalías presentes y para lograr un sano y eficaz ejercicio de las libertades y garantías de que gozamos en la letra consagrada por nuestros códigos normativos.
“¡Ahora o nunca, señor Presidente!” es mucho más que un grito demagógico emanado de gargantas seudonacionalistas. Es el clamor ciudadano y la voz en firme que pide al Ejecutivo que se cumplan propuestas en el sentido de disminuir, por ejemplo, presupuestos a los partidos políticos y limitar el dispendio corruptor que llevan a cabo; redefinir el federalismo en términos que propicien honestidad y probidad de los funcionarios en vez de proteger los desvíos impunes, en los estados y municipios; dar utilidad a los avances tecnológicos, de manera que se ponga fin al dispendio que originan los viajes y las entrevistas personalizadas con funcionarios extranjeros y que bien podrían echar mano de la comunicación a distancia en vez de realizar desplazamientos costosos, sin resultados prácticos.
Legisladores y líderes, para empezar, tienen la palabra. Su ejemplo sería edificante y solidario.
Y vale la pena repetir: “¡Ahora o nunca, señor Presidente!”.