No terminan las malas noticias de este mes de enero.
Nos acabamos de enterar del triste y lamentable deceso de don Adalberto Rosas, hombre de una sola pieza hasta donde tenemos conocimiento: íntegro, leal en su conducta pública, congruente con los ideales de sana y armónica convivencia social.
Nos acabamos de enterar del triste y lamentable deceso de don Adalberto Rosas, hombre de una sola pieza hasta donde tenemos conocimiento: íntegro, leal en su conducta pública, congruente con los ideales de sana y armónica convivencia social.
Emma, mi esposa, y
yo lo conocimos, hará un par de años en su oficina de Ciudad Obregón. Fue en el
comienzo de la primavera, cuando los vientos que soplan tienen todavía un sabor
invernal.
Fue
con motivo de una feliz coincidencia. El suscrito, editorialista de “Tribuna del
Yaqui” y don Adalberto lector acucioso, tuvimos el encuentro fortuito
relacionado con el denominado Acueducto Independencia.
Su
desempeño al frente del Movimiento Ciudadano por el Agua, así como mi interés
comunicativo, fueron los elementos de la referida coincidencia.
Conversamos por más de una hora. De fácil palabra, con
términos llanos de inusual franqueza, nos hizo una instructiva síntesis del
tema en cuestión, no sin dejar en claro que se trataba, seguramente, de la
oscura decisión encaminada no a favorecer a los pobladores sino a los
interesados en obtener beneficios personales.
Obtuvimos, oportunamente, una mejor percepción del
asunto en cuanto a su embrollado origen, a su pertinaz desarrollo, y por mor de la búsqueda de resultados en lo concerniente a convivencia y beneficios compartidos.
Don
Adalberto nos dejó una grata impresión como alto dirigente de la causa que
involucraba a los ciudadanos en su conjunto. No había en su exposición sombra
alguna destinada a desvanecer lo evidente. Al contrario, hacía énfasis en los
efectos adversos que podrían derivar del proyecto en sus diversas fases hasta
llegar a la terminal.
Por
nuestra parte, consideramos enseguida la entrevista como de gran utilidad en lo
que tuvo que ver, a fin de fortalecer las conjeturas y convertirlas en
hipótesis de trabajo reflexivo. Se despejaban las dudas, se dejaba atrás el
cúmulo de falsedades y abundaban las pruebas no sólo sobre la estulticia del
proyecto, la ligereza de análisis para no pocos, sino respecto de su verdadera
finalidad: el enriquecimiento ilícito de unos cuantos.
Vimos
emerger el perfil de un personaje comprometido con los valores de los
cajemenses, Comprendimos su generosidad, sin implicaciones ideológicas,
ataduras de grupo, vinculaciones de orden egoísta o al servicio de lo personal.
Comprendimos
la significación del líder que asume compromisos allende las tendencias
ideológicas, los dogmas partidistas o el mero afán de sobresalir, valiéndose de
una causa popular, no populista.
Presidente municipal de Cajeme en una etapa de
transición o de crisis política en la Entidad (1982-1985), Adalberto Rosas fue
todo oídos a fin de escuchar las demandas de la población, sin hacer
distinciones partidistas. Tuvo aciertos como autoridad para todos, ejerciendo
los principios de igualdad y libertad, fundamento de un gobierno inspirados en
la democracia.
Se
le recuerda en esa dimensión: la que ha refrendado como líder de una
movilización pacífica, ordenada con arreglo al Estado de Derecho. Por lo tanto,
tolerante, predispuesta a practicar las libertades de expresión y petición,
Partió de este
mundo sublunar para siempre.
No
obstante, queda de él la memoria de una conducta ecuánime, resuelta, ponderada
y honesta, a seguir en casos en los que se requiere de una gran dosis de dignidad
hacia los demás, respeto a la hacienda pública; disposición íntegra para
defender valores fundamentales en cuanto a convivencia armónica y para el
disfrute del trabajo colectivo en sana paz y buena voluntad.
Adalberto Rosas se
ha ido en plena madurez, física y mental. A sus
años, tenía grandes batallas por realizar, desafíos que afrontar, retos
similares al tristemente célebre Acueducto que resolver.
Descanse en
definitiva paz, don Adalberto Rosas.