Bajo
la enseña de “todos contra el Estado”, el anarquismo hace también de las suyas
en Ciudad Universitaria, sumándose a la ya interminable cadena de hechos
delincuenciales que han convertido la geografía nacional en escenario de
sucesos amparados en la tolerancia y la impunidad.
Provocación
en unos casos, violencia organizada en otros, justicia por mano propia en
muchos más, la inseguridad pretende hacer de las instituciones públicas el
blanco sobre el cual lanzar sus amenazas y ensayar su proyecto
desestabilizador.
Guerrero
y Michoacán al principio. Chiapas y Oaxaca después. Sinaloa, Chihuahua y Sonora
al par. No hay Entidad al margen de secuestros, magnicidios y latrocinio
realizado por quienes menos se hubiese esperado.
El Estado de
Veracruz es el más reciente ejemplo de la incontenible ola de corrupción
oficial.
Permea
una especie de estela autodestructiva desde la cúspide del poder en la que se
devoran entre sí los más altos representantes y en donde los poderes del Estado
son víctima de creciente impunidad.
Cómplices
en esta insufrible cascada de violencia soterrada, los partidos se han
convertido en trampolín para aventureros de la política. Semillero de políticos
improvisados, puerta de entrada y aduana
por la cual ingresan no los
mejores sino el recurso humano menos calificado, para decirlo en términos
eufemísticos.
Hoy
en día, desde el campus de la máxima casa de estudios el estallido
delincuencial hace estremecer la conciencia de la sociedad macerada y aturdida
a causa de los abusos contra la autoridad, por mor de los embates de la
corrupción oficializada y en virtud de la victoria no de la imputación sino de
la cínica y declarada impunidad. Esta última se ostenta reina de la
malversación de bienes públicos y es coraza del anarquismo desquiciante. A
punto de poner a sus servicios al Estado
y a los poderes que lo integran.
El
jueves anterior, para no ir lejos, enmascarados llamados ”anarquistas”
incendiaron la unidad de un Metrobús como protesta por lo que consideran acto
arbitrario de la autoridad el haber sentenciado a prisión correligionarios suyos, por sucesos similares
cometidos hace un par de años.
“Mater
et Magistra”, así es ponderada la UNAM. Su actual Rector, Enrique Graue, la
convalida en ese rango, como lo que ha sido y es desde su refundación:
paradigma insustituible que modula, con su ejemplo, el sentido de la legalidad
por medio del ejercicio responsable de su régimen de autonomía.
Lidera
la garantía de expresión a través de la enseñanza y de sus valiosas
contribuciones editoriales. Fomenta y estimula la creatividad en los órdenes de
la investigación y del arte. Propone rutas a seguir a través de la
incorporación y uso de las técnicas modernas de la informática.
Es
modelo en donde la sociedad mexicana puede verse y en donde se reflejan los avances
del progreso, la igualdad y las formas democráticas. Es medida del saber laico
y parámetro de transparencia en el ejercicio de los recursos económicos que
tiene a su disposición y bajo el límpido beneficio comunitario.
En
palabras del rector Graue, la UNAM es baluarte de integridad. Y no habría por
qué confundirla con asomos de caos, violencia y provocación. Mucho menos en su
seno se equipara la tolerancia con la impunidad en horas en las que la Nación
entera ve y encuentra en ella destellas de claridad, mesura y respetabilidad en
todos los órdenes que le competen.
El
anarquismo es virus contra el cual la UNAM tiene antídoto suficiente y
probadamente eficaz.
Continúa
incólume: es ejemplo luminoso, confiable, a proseguir.