Bienvenido lector:

Federico Osorio Altúzar ha sido profesor de Filosofía en la UNAM y en la ENP (1964-1996) y Editor de la Gaceta de la ENP desde 2004.
Durante 15 años fue editorialista y articulista en el periódico NOVEDADES.
Es maestro en Filosofía. Tiene cursos de Inglés, Francés, Griego y Alemán.
Ha publicado en Novedades, el Heraldo de Chihuahua, El Sol de Cuervanaca, el Sol de Cuautla, Tribuna de Tlalpan, Tribuna del Yaqui, Despertar de Oaxaca y actualmente colabora en la versión en Línea de la Organización Editorial Mexicana (OEM).







sábado, 10 de noviembre de 2012

BARACK OBAMA: LA FE QUE MUEVE MONTAÑAS




Un hombre de fe es, sin duda, el Presidente reelecto de Estados Unidos. Bien lo describe Stephen Mansfield en su libro biográfico titulado “La fe de Barack Obama” (Grupo Nelson, 2008).
La fe mueve montañas, expresa la metáfora bíblica. Y en el caso particular, la fe del Mandatario estadounidense ha sido palanca capaz de remover lastres y rémoras acumulados en la sociedad posmoderna a la que pertenece.
La fe de Obama ha llevado al país de los Lincoln y de los Roosvelt; de los Wilson y de los Kennedy a trasponer ingentes promontorios de prejuicios, montes perniciosos de resabios y un cúmulo de herencias que son fardos onerosos para la travesía en proceloso mar.
Sólo un hombre de fe con el temple y la entereza del estadista de la Unión Americana,  ha logrado, en el término de un cuatrienio, corregir el rumbo de la nave imperial; evitar  su hundimiento y zozobra fatal; tocar puerto con la finalidad de reparar lo reparable, construir de nuevo las partes dañadas y volver a las aguas, aún turbulentas, para continuar el itinerario hacia la convivencia universal, el orden cosmopolita y el liderazgo  fundado en la justicia y la igualdad.  
El presidente Obama consiguió vencer el síndrome del racismo propagado por toda la nación. Condujo a sus últimas consecuencias la proclama de su coterráneo Martin Luther King y consumó la hazaña de hacer de la igualdad una lección permanente que da la puntilla al refrán de que lo que es cierto en teoría para nada sirve en la práctica.
Ha colocado en el banquillo de los acusados a los promotores de la violencia internacional y a los aliados del armamentismo, con el propósito de exigirles público y detallado rendimiento de cuentas.
Al término de su primer mandato, hace renacer el sueño de una nación de migrantes, con vocación ecuménica, reconstructiva de valores humanísticos propicios a fin de configurar un nuevo orden mundial.
Hombre de fe, enfrentó el fantasma de la tercera  guerra internacional con los recursos del derecho,  con acuerdos, sin necesidad de acudir a la diplomacia secreta que hace de las pugnas regionales caldo de cultivo para confrontaciones mayores.
Dio un nuevo sentido a la fe en la autonomía y los derechos soberanos de los pueblos. Motivó el acato a la dignidad de las personas; defendió el derecho a creer y rendir culto con arreglo a convicciones propias. Evitó la discriminación por razones ideológicas o religiosas.
En suma, la fe de Barack Obama removió de manera implícita los extremismos políticos, raciales y religiosos a punto de convertirse en fuego abrasador de instituciones y consumidor de pactos entre Estados prepotentes y naciones emergentes.
Su fe es la del estadista laico que guarda para sí, sus propias confesiones y su estilo de pensar, de querer y de sentir.
Los estadounidenses lo han reelecto por el hecho de compartir su convicción y vocación de estadista para refundar la nación estadounidense en medio del torbellino de pasiones y cosmovisiones tendentes al pesimismo, a la confusión social política y al conformismo ideológico. 
Nación de inmigrantes, los desplazados en territorio de la Unión Americana han puesto no sólo los votos que lo han hecho triunfador en la pasada elección.  Ponen su fe y esperanza en la reivindicación enunciada en su convocatoria a la universalidad de lo humano, a la justicia igualitaria en oportunidades y a la paz con armonía y prosperidad.  Le renuevan, así, los ciudadanos, el pacto de la solidaridad y de la lealtad, en pro de la gobernabilidad democrática, fundada en la ética política de libre y responsable ejercicio de la voluntad cívica, social.