Este viernes 16 del mes,
Filosofía y Letras de la UNAM rinde homenaje al doctor Francisco Larroyo,
egregio maestro, pensador neokantiano formado en las escuelas filosóficas de
Baden y de Marburgo, a cien años de su natalicio. La inauguración, a cargo de
la Dra. Gloria Villegas Moreno, directora de la Facultad. Roberto Pérez Benítez,
doctor en filosofía, reseñará la influencia de la pedagogía alemana en el
educador y filósofo.
Juntos, Guillermo Héctor
Rodríguez y él, introdujeron en México la filosofía crítica a inicios del siglo
XX. La simiente no deja de fructificar hasta hoy en día. Larroyo, prolífico
escritor de textos para el bachillerato universitario, promotor de la discusión
en foros académicos sobre temas de filosofía y de educación, llevó allende las
fronteras en libros y revistas ideas que, en gran medida, dieron continuidad y
significado al positivismo de Comte y de Barreda.
Guillermo Héctor Rodríguez,
por su parte, fue un paladín de la filosofía científica. Alumno, asimismo, de
don Antonio Caso, polémico y polemista, instauró la erística en el sentido del
preguntar y el contestar por encima de las ideologías. Voz vibrante en la
cátedra y analítica con la acerada pluma, contribuyó a propagar el estilo
clásico del filosofar refrendado por Kant, el príncipe de la filosofía de la
Ilustración europea y universal.
Feliz iniciativa, así, la
asumida por el Colegio de Pedagogía a fin de rendir honores académicos a quien
honor merece. Mucho enaltece a sus organizadores, el maestro José Luis Becerra,
distinguido pedagogo asistido por Martha
Cecilia López Mendoza, docente de la especialidad. El homenaje comprueba
que la gratitud es virtud que resplandece aún, a pesar de la inercia que tiende
a olvidar a los héroes del pensamiento y a los prohombres, según Carlyle.
De las cátedras de Larroyo y
de Rodríguez se desprende la tesis pedagógica acerca de que Educar es Enseñar a Crear, siguiendo al efecto la
enseñanza de Kant, Cohen y Natorp; de Dilthey y Windelband.
Francisco Larroyo sostuvo
encendidas polémicas con filósofos españoles transterrados, José Gaos por
ejemplo, sin dejar de reconocer la valía de la erudición de los profesores
hispánicos y su maestría en la traducción de autores, griegos, latinos y
alemanes.
El filósofo prosiguió en la
práctica la pedagogía social de Natorp. La cual dio a conocer desde su cátedra
de Teoría Pedagógica, a la que tuvimos el privilegio de asistir. Difundió su contenido novedoso en los prólogos
publicados por editorial Porrúa, invaluable labor realizada hasta poco antes de
morir, en 1984.
Al lado de nuestro
inolvidable maestro Guillermo Héctor Rodríguez, fundó la Gaceta Filosófica de
los Neokantianos de México, en cuyas páginas desfilaron textos luminosos de
Kinkel y fragmentos inéditos de Cohen y Natorp, lo mismo ensayos de miembros
del grupo de neokantianos, cuyos nombres cabría evocar: Alberto T. Arai, Juan
Manuel Terán Mata, Ernesto Scheffler, Miguel Bueno, Ulises Schmill, Fausto
Terrazas; Ariel Peralta, Edmundo Escobar, y otros más.
En “El neokantismo en México”, Dulce María
Granja, investigadora, traductora de Kant, docente en la UNAM y la UAM, presidente
de la Sociedad Kantiana en Lengua Española, directora del Centro Kantiano
(UAM), describe la trayectoria académica y la obra de los citados filósofos
mexicanos aquí mencionados. Sus acotaciones nos llevaron a sugerir al maestro Becerra,
la importancia de rescatar el legado bibliográfico disperso en ediciones
olvidadas y obras de circulación actual, fuente del pensamiento crítico en
nuestro medio, expresión de aquellos mentores beneméritos de la enseñanza
ilustrada en México. “Amigos y
venerables eran”, con los epítetos homéricos que cita Guthrie en la
Introducción a la “Filosofía no escrita”, de F.M.Cornford.
