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Federico Osorio Altúzar ha sido profesor de Filosofía en la UNAM y en la ENP (1964-1996) y Editor de la Gaceta de la ENP desde 2004.
Durante 15 años fue editorialista y articulista en el periódico NOVEDADES.
Es maestro en Filosofía. Tiene cursos de Inglés, Francés, Griego y Alemán.
Ha publicado en Novedades, el Heraldo de Chihuahua, El Sol de Cuervanaca, el Sol de Cuautla, Tribuna de Tlalpan, Tribuna del Yaqui, Despertar de Oaxaca y actualmente colabora en la versión en Línea de la Organización Editorial Mexicana (OEM).







lunes, 29 de octubre de 2012

UNA BOMBA DE TIEMPO EN EL SENADO DE LA REPÚBLICA




Una bomba de tiempo ha sido lanzada al recinto senatorial. Miembros del bloque contestatario en el Congreso (Cámara Alta) denuncian la insólita desaparición de un fragmento en la minuta que contiene la iniciativa de reforma laboral. Se trata del relativo a la protección del gremio minero en lo relativo a seguridad, particularmente en la minas de carbón.
Toca al claustro de senadores, ahora, desactivar el artefacto explosivo. En sus manos está el hacer de la propuesta un ordenamiento sabio y previsor; o bien, que permanezca como catálogo de disposiciones con dedicatoria en favor de los expoliadores de la dignidad humana, y a fin de que los depredadores prosigan en el solio de la opulencia y la fastuosidad. Con el objeto de que no haya más dramas como el de “Pasta de Conchos”.
La ocasión se ofrece como una disyuntiva crucial. El Senado ha corrido la suerte de ser considerado un órgano colegiado, cuyos integrantes avalan, justifican sin más las propuestas suscritas en la Cámara Baja. Sobrelleva la impronta, desde tiempos de la Roma imperial, de ser obsequioso con los intereses de la aristocracia, a la orden de los poderosos, económica y socialmente.
Tradicionalmente el Senado ha sido símbolo de la estratificación de clases en donde ocupa la cúspide en la tarea de formular leyes que norman la actividad de la población. Es decir, ha sido ponderado como una especie de Sínodo nocturno, al modo del referido por el filósofo Platón en su República absolutista: los sabios y políticos deben gobernar; los estrategas y militares defender a los encumbrados; en suma, para los trabajadores, el deber es producir y bienestar a los ociosos privilegiados.
Esta vez, a los señores senadores, a los barones de la ley, les incumbe la nada grata ni cómoda responsabilidad de enderezar los entuertos provocados por sus pares, los señores diputados, y enmendar, por la vía que les faculta la Constitución, el contenido  de las minutas que les son turnadas con la finalidad de que la población sea destinataria de leyes sabias y previsoras, a su servicio y en su respectivo beneficio.
A los señores empresarios, inversionistas en el sector minero de origen extranjero (grupo México y Peñoles), usufructuarios de la riqueza que se produce en las entrañas de la tierra, otrora perteneciente a campesinos y ejidatarios, se atribuye la injerencia en las deliberaciones de legisladores  obsecuentes con el fin de mutilar la reforma en aquel capítulo en donde la abyección, la miseria y la marginación detrás de toda tutela, respecto a  los Derechos Humanos, escapa al principio fundamental de la justicia jurídica. Es decir, en donde la imputación legal es sustituida cínicamente por el imperio de la impunidad.
En beneficio de ellos, los empresarios apátridas, remanente humano de la Colonia, traficantes de personas, recursos bélicos y magnates de toda laya, se borraron de la minuta, denuncian legisladores, disposiciones a fin de poner orden jurídico y administrativo, entre quienes, olímpicamente favorecidos, han obtenido este año, de enero a septiembre, casi 30 mil millones de pesos en utilidades. Cosecharon recursos  por casi el 50 por ciento de lo que el Gobierno dispone para atender el programa Oportunidades. O igual porcentaje que el destinado al programa del Seguro Popular.
El turno es, consideramos, para los senadores de la República el poder enderezar lo torcido. En el órgano legislativo hay, sin duda, políticos experimentados con madera de estadistas, Hay personas con visión histórica; con enjundia de patriotas; con estatura de líderes para encabezar la transición hacia la igualdad y la equidad. Asimismo, entendidos y resueltos para hacer leyes sabias buenas y previsoras, capaces de corregir entuertos.