Una bomba de tiempo ha sido
lanzada al recinto senatorial. Miembros del bloque contestatario en el Congreso
(Cámara Alta) denuncian la insólita desaparición de un fragmento en la minuta
que contiene la iniciativa de reforma laboral. Se trata del relativo a la
protección del gremio minero en lo relativo a seguridad, particularmente en la
minas de carbón.
Toca al claustro de
senadores, ahora, desactivar el artefacto explosivo. En sus manos está el hacer
de la propuesta un ordenamiento sabio y previsor; o bien, que permanezca como catálogo
de disposiciones con dedicatoria en favor de los expoliadores de la dignidad
humana, y a fin de que los depredadores prosigan en el solio de la opulencia y
la fastuosidad. Con el objeto de que no haya más dramas como el de “Pasta de
Conchos”.
La ocasión se ofrece como una
disyuntiva crucial. El Senado ha corrido la suerte de ser considerado un órgano
colegiado, cuyos integrantes avalan, justifican sin más las propuestas suscritas
en la Cámara Baja.
Sobrelleva la impronta, desde tiempos de la Roma imperial, de ser obsequioso con los
intereses de la aristocracia, a la orden de los poderosos, económica y
socialmente.
Tradicionalmente el Senado ha
sido símbolo de la estratificación de clases en donde ocupa la cúspide en la
tarea de formular leyes que norman la actividad de la población. Es decir, ha sido
ponderado como una especie de Sínodo nocturno, al modo del referido por el
filósofo Platón en su República absolutista: los sabios y políticos deben
gobernar; los estrategas y militares defender a los encumbrados; en suma, para
los trabajadores, el deber es producir y bienestar a los ociosos privilegiados.
Esta vez, a los señores
senadores, a los barones de la ley, les incumbe la nada grata ni cómoda
responsabilidad de enderezar los entuertos provocados por sus pares, los señores
diputados, y enmendar, por la vía que les faculta la Constitución , el
contenido de las minutas que les son
turnadas con la finalidad de que la población sea destinataria de leyes sabias
y previsoras, a su servicio y en su respectivo beneficio.
A los señores empresarios,
inversionistas en el sector minero de origen extranjero (grupo México y
Peñoles), usufructuarios de la riqueza que se produce en las entrañas de la
tierra, otrora perteneciente a campesinos y ejidatarios, se atribuye la
injerencia en las deliberaciones de legisladores obsecuentes con el fin de mutilar la reforma
en aquel capítulo en donde la abyección, la miseria y la marginación detrás de
toda tutela, respecto a los Derechos
Humanos, escapa al principio fundamental de la justicia jurídica. Es decir, en
donde la imputación legal es sustituida cínicamente por el imperio de la
impunidad.
En beneficio de ellos, los
empresarios apátridas, remanente humano de la Colonia , traficantes de
personas, recursos bélicos y magnates de toda laya, se borraron de la minuta,
denuncian legisladores, disposiciones a fin de poner orden jurídico y
administrativo, entre quienes, olímpicamente favorecidos, han obtenido este
año, de enero a septiembre, casi 30 mil millones de pesos en utilidades. Cosecharon
recursos por casi el 50 por ciento de lo
que el Gobierno dispone para atender el programa Oportunidades. O igual
porcentaje que el destinado al programa del Seguro Popular.
El turno es, consideramos,
para los senadores de la
República el poder enderezar lo torcido. En el órgano legislativo
hay, sin duda, políticos experimentados con madera de estadistas, Hay personas
con visión histórica; con enjundia de patriotas; con estatura de líderes para
encabezar la transición hacia la igualdad y la equidad. Asimismo, entendidos y
resueltos para hacer leyes sabias buenas y previsoras, capaces de corregir
entuertos.
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