Diversos méritos concurren en
la persona de Enrique Espinosa Suñer, universitario muy distinguido,
preparatoriano sobresaliente, funcionario al lado del rector Guillermo Soberón
durante la transición de la UNAM a la estabilidad institucional, después de la
azarosa década de los 60.
Su designación,en 1974,había
sido recibida con unánime beneplácito. A la fecha,sehacían sentir vientos
renovadores después del aciago 68 y recorría buena vibra en aulas y
bibliotecas; auditorios y campos deportivos. Sería un digno sucesor del
jurisconsulto Moisés Hurtado González.
Así, Enrique Espinosa
asumiría el timón preparatoriano en una
de las encrucijadas más complicadas y a la vez más fascinantes del siglo
XX universitario en México. Los rescoldos de la lucha sindical en la UNAM
resultaban todavía quemantes. El porrismo anidaba en los planteles
preparatorianos, y el activismo político trataba de hacer de las suyas.
Asumió las funciones con
gallardía, propia de su edad (menor a los 40 años), rodeándose de académicos,
administradores. comunicólogos experimentados, todos,en la difusión y extensión
de la cultura.Llegado el momento, procedería con apego a la
legislación universitaria y amor a la Preparatoria, inspirado en los más altos
ideales y objetivos.
El modelo educativo vigente
había sido acordado en enero de 1964, en tiempo récord, elaborado en el despacho
del rector Ignacio Chávez con el concurso de Alfonso Briseño Ruiz, director
general de la ENP y Francisco Larroyo, director de la Facultad de Filosofía
Letras.
Espinosa Suñer consideró
propicia la ocasión a fin de que a la reforma de la
autonomía, se aparejara la del bachillerato. Por tanto, desplegó una exhaustiva
consulta a la comunidad preparatoriana precedida del proyecto a cargo de los
órganos colegiados de la ENP, y con el apoyo de una campaña informativa, audaz
y convincente, con la finalidad de enterar a docentes, alumnos y empleados
acerca de la necesidad de renovar el mapa curricular, involucrar las más
recientes técnicas de enseñanza, promover programas de actualización para
docentes; en fin, renovar desde sus bases el modelo educativo en vigor.
Llevó su propuesta al Consejo
Técnico interno, cuya aprobación ocurrió sin mayores incidentes. Con el acuerdo
en las manos, acudió al Consejo Universitario en donde la iniciativa fue
aplazada para tiempos mejores. Tiempos que, desafortunadamente, aún no llegan.
Nueve meses después, el
rector Soberón entregaría la estafeta a Octavio Rivero Serrano, razón aducida
para que no prosperara el pedimento. Después de solicitarse al nuevo rector
continuar el proceso, la respuesta sería la siguiente: en virtud de que nueve
meses más tarde terminaría su gestión Enrique Espinosa, no era aconsejable dejar
el compromiso a la entrante administración.
Hace un mes, Enrique Espinosa
Suñer dio una conferencia magistral en el plantel “Antonio Caso” de la ENP (la
llamó modestamente “charla”) en la que vertió el “baúl de los recuerdos,
sucesos y anécdotas de su paso por la ENP”. Evocó peripecias del 68 y efectos sobre las actividades docentes, de
investigación y difusión cultural. Se refirió, además, a la suerte que ha
corrido la reforma del bachillerato, a los sinsabores de un sueño no culminado
y a la importancia de proseguir la tarea. Su mensaje, de actual interés, fue
una oportuna convocatoria justo cuando la actual directiva preparatoriana,
encabezada por Silvia Jurado Cuéllar, ha retomado el reto universitario de
principios de siglo: el de la hasta ahora denegada reforma.
Se dice que la tercera es la
vencida. Pero será así en la medida que se abrevien tiempos y el camino sea una línea recta, sin
rodeos ni vericuetos, por encima de obstáculos, lastres y empedrados
obstructivos, en vísperas del sesquicentenario en el venidero 2017.