En Chihuahua, ciudad capital
del Estado grande, la
Primera Reunión de Senadores Electos enciende iluminadores focos
de esperanza. Se trata de la apertura de la agenda legislativa, con arreglo a
la cual el cuerpo colegiado de la Cámara Alta se apresta para asumir sus funciones
el próximo mes de la
Patria. Los tiempos apremian.
El proyecto renovador va de
lo político a lo económico; de la política de seguridad en paz y armonía a la
reforma e instauración de todos los programas que tienen que ver con el bienestar
social. La planeación democrática es, en primera y última instancia, palanca para el crecimiento y desarrollo en
todos los órdenes del entendimiento y la convivencia nacional.
Chihuahua ha sido elegida sede,
ciertamente idónea, para este cónclave mediante el cual se inaugura, con días
de antelación, el inicio formal de la nueva Legislatura en cuyo seno estará a
prueba, desde ahora, la capacidad, lucidez y el patriotismo de los representantes
delegados del querer objetivo de los mexicanos, expresado electoralmente el
pasado 1 de julio, a fin de reconstruir y remodelar el tejido de la voluntad
jurídico-política de la población.
Tres proyectos de reforma se
enuncian como prolegómenos del revolucionario plan que anticipa el tránsito
hacia la modernidad del Estado mexicano. Son reformas que van al fondo de la
estructura social y económica de una
nación en crisis de “posguerra”, de la impremeditada
y fútil guerra contra los cárteles de la droga. Es decir, son reformas
apremiantes por las que clama una nación casi en ruinas por la nula planeación
de Estado, en medio del derrumbe de las finanzas nacionales, así como el cierre
de la oferta laboral para los jóvenes; para mujeres y hombres de la tercera
edad.
Tres reformas que, si bien no
son todas las habidas y por haber, sí hablan en voz alta, estentórea, en espera
de cambios radicales, con visión de Estado: la
reforma energética, rubro afectado inmisericordemente por intereses
ajenos a la productividad, por ejemplo en el caso de PEMEX y la CFE ; la reforma laboral
impulsada hace poco como propuesta desde CONAGO, al frente el mandatario local,
César Duarte, y la reforma hacendaria por desgracia frenada y conculcada en
tiempos del ex gobernador (ahora flamante senador por el Estado, Patricio
Martínez García), elaborada con carácter propositivo y con el apoyo técnico y profesional del, asimismo, Contador Público Miguel Sapién
Ponce, desde la secretaría de Finanzas del Gobierno en el sexenio de 1998 a 2004.
Acerca de esta última (la
reforma hacendaria), habría que mencionar la visión de Estado implicada en su formato, alcance y dimensión
como proyecto que, en aquel entonces, convocaba, a su vez, paralelamente, a una
reforma del federalismo mexicano, en lo jurídico,
político y económico, cuya implantación en tal caso hubiese sorteado los
tropiezos y descalabros de que ha sido víctima la nación. En efecto, un
organismo social con síndrome de
esclerosis no puede menos que ser presa de parálisis financiera por los abusos
del centralismo fiscal, acaparador y beneficiario principal de las tributaciones de las entidades
federativas. Incluso, como ha ocurrido, ser víctima de caer en garras de la
deshonestidad y la corrupción por parte de informantes, con carácter de “empresarios”
delatores oficiosos desde las altas esferas del poder, en perjuicio de Estados
y Municipios, con el propósito inicuo de obstruir, ilícita e
irresponsablemente, la transferencias de los recursos necesarios para el bienestar de los pobladores en el campo y
la ciudad.
El mejor de los éxitos se espera
de esta Reunión Plenaria.
