Bienvenido lector:

Federico Osorio Altúzar ha sido profesor de Filosofía en la UNAM y en la ENP (1964-1996) y Editor de la Gaceta de la ENP desde 2004.
Durante 15 años fue editorialista y articulista en el periódico NOVEDADES.
Es maestro en Filosofía. Tiene cursos de Inglés, Francés, Griego y Alemán.
Ha publicado en Novedades, el Heraldo de Chihuahua, El Sol de Cuervanaca, el Sol de Cuautla, Tribuna de Tlalpan, Tribuna del Yaqui, Despertar de Oaxaca y actualmente colabora en la versión en Línea de la Organización Editorial Mexicana (OEM).







viernes, 17 de marzo de 2017

¿QUÉ ES SER MEXICANO? PERO, ¿QUÉ MÁS SOMOS?

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Por iniciativa propia, lo cual dice más que suficiente acerca de su perspicacia intelectual, Juan Felipe Santana Mora, en información de “Gaceta” de la Escuela Nacional Preparatoria, alumno de esa institución, puso en marcha con el aval de sus maestros y de la Dirección General a cargo de Silvia E. Jurado Cuéllar, la primera campaña de concientización con las preguntas que titulamos nuestro comentario.
Motivado este proyecto por el trato enojoso del actual titular del Ejecutivo estadounidense hacia la comunidad extranjera en aquel país, particularmente hacia nuestros connacionales, la reflexión va de lo inmediato a lo mediato, de lo meramente circunstancial a las raíces del asunto; es decir, a la identificación de nuestras raíces.
Ciertamente, hacia el primer tercio de la pasada centuria, Samuel Ramos, filósofo y maestro de varias generaciones en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM,  lo mismo que Octavio Paz, Premio Nobel, y muy distinguido escritor, se ocuparon de examinar el sentido del ser del mexicano.
Otros destacados estudiosos se han dedicado a esclarecer el problema.
El ensayo del ilustre historiador don Edmundo O´Gorman, “La invención de América”, da sustento inequívoco al tema, convirtiendo las conjeturas y las alusiones en follajes del sugerente encuentro con los orígenes de nuestro ser, por encima de lo psicológico o meramente antropológico.
No obstante, a la luz de los sucesos presentes, cambiantes por cierto, la campaña del joven preparatoriano adquiere el sentido que conduce a repensar no sólo nuestro pasado, sino el presente con todos sus pormenores y se imbrica en el nebuloso e incierto futuro, con la finalidad de saber qué más somos o qué más podemos llegar a ser.
En el trasfondo, acecha la cuestión de nuestra vecindad. Especialmente, aquella vecindad que en mucho nos atañe, más de lo que a la fecha se cuestiona: el asunto migratorio, la discriminación, el sigiloso acecho que se percibe por la sed que producen nuestros de por sí menguados recursos y bienes materiales.
Santana Mora nos convoca a conocernos en el vasto espejo de nuestra historia, única forma para dilucidar el  insoslayable enigma que consiste en saber de dónde venimos y hacia dónde vamos.
Pero también nos convoca a saber quiénes son nuestros vecinos del Norte. De dónde vienen, cómo y porqué llegaron hasta acá y cuál será su destino.
Son migrantes en sus orígenes. Pero, ¿qué los empujó para cruzar el océano?
El repensar nuestra vecindad no termina ni se agota con los oscuros capítulos que dieron alas a su expansionismo territorial de hace más de un sesquicentenario.
Hay ahí rencores no superados y odios mal encubiertos.
Es posible que nos encaminemos hacia una nueva relación. Hacia una vecindad con beneficios mutuos que no terminan en lo comercial ni en lo laboral. Tampoco en la migración, confusa, profusa y difusa hasta ahora y por ahora.
Las cartas se están poniendo sobre la mesa. El acomodo y reacomodo da comienzo. No todo está escrito.
Los Estados Unidos, con todo lo que ocurre, es un gran imperio, a nuestro modo de ver similar al de Alejandro Magno.  

Lo coronan metales valiosos. Es prematuro decidir si sus pies están hechos de barro, frágil y deleznable.

domingo, 12 de marzo de 2017

DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER: EL IGUALITARISMO

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Como nunca, las expresiones de protesta no se hicieron esperar con motivo del Día Internacional de la Mujer.
En las principales capitales del mundo, la inconformidad adquirió sus más altos índices, teniendo como parámetros y referencias la desigualdad, las violaciones impunes, la discriminación y la violencia.
Las denuncias alcanzaron su máxima acritud en temas que  se refieren a la inequidad en el trato laboral, la comisión de faltas a la dignidad personal de la mujer. Se puso particular énfasis en el principio de la equidad y se exaltó el valor de la igualdad de género como condición de vida moderna, civilizada y aún democrática.
Larga, desigual y persistente ha sido la lucha por la revaloración de la mujer. Los resultados obtenidos no han estado a la altura de los esfuerzos invertidos. La frustración sigue siendo, en buena medida, la estela de incomprensión, desdén y vejámenes sin fin.
El primitivismo se mantiene, infiltrado, en los usos y costumbres como si se tratara de una impronta imposible de erradicar.
Incluso desde los orígenes del igualitarismo, la inequidad de género se mantuvo con visos de adherencia y actuó como parte del genotipo que la naturaleza hace prevalecer de manera ineluctable.
En la Atenas de Pericles, hace casi dos milenios y medio, era imposible el reclamo de equidad y mucho menos de identidad de género. Vida libre para los varones, confinamiento para las mujeres; participación pública irrestricta para los primeros, imposibilidad de presencia y toma de posiciones de las segundas, en el ágora y la Asamblea. Sólo Aspasia, maestra en el arte de hablar, logró influir en los destinos de aquella “polis” a través del genio de estadista del impulsor de la primera democracia en el planeta.
Más tarde sería Hipatia la mujer que daría timbres de gloria en la Alejandría de Alejandro Magno.
Ícono de cultura universal, del arte en sus más altas manifestaciones, Marie Curie alcanzaría el honor de ser la primera científica, en ser la recipiendaria de un reconocimiento cosmopolita, el premio Nobel, polaca de nacimiento y reconocida patriota en la patria de las Luces.  
Antes Epicuro, en su célebre comunidad filosófica, el Jardín, había derruido con arrojo y valor intelectual, los muros de la desigualdad social, de género, promoviendo la comunidad educativa abierta para todos en igualdad de condiciones.
Grandes mujeres de nuestra historia han sido doña Josefa Ortiz de Domínguez y Margarita Maza de Juárez en la antepasada centuria.
Hoy en día, por los caminos de la convivencia cívica se abren puertas que dan al vestíbulo de la igualdad.  El voto electoral ha sido un comienzo feliz.
En los pasados comicios, en el Estado grande (Chihuahua), casi una tercera parte de alcaldías fueron ganadas por mujeres de aquella Entidad, dando pábulo a la lucha por la equidad de género en el manejo y administración de los asuntos de competencia pública.
Así, en Moris, por primera vez obtiene la titularidad de Ejecutivo municipal una mujer, en el caso Perla Gacela López Pérez, dando lugar a una etapa que se avizora plena de realizaciones de carácter social, por el temple resolutivo de la flamante servidora pública, por su entereza y disposición para recorrer los inhóspitos y remotos lugares que configuran aquella jurisdicción. Asimismo, por su compromiso de atender las urgencias que demandan los conglomerados más escondidos y olvidados.

La munícipe tiene ante sí retos que van de lo educativo a las comunicaciones, de la seguridad a los mínimos de bienestar, de los apoyos materiales, entre otros, la dotación de medios para el desarrollo y el progreso familiar.

lunes, 6 de marzo de 2017

ESTADOS UNIDOS: DEL BIENESTAR AL MONOPOLIO

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De manera pendular los Estados Unidos han ido, a partir de la Guerra de Secesión, de una política orientada hacia el bienestar al otro extremo: la recesión, presidida por el sistema monopólico o del “trust”, propio de las sociedades herméticas; proteccionistas, en una palabra.
Se dirá que los imperios lo son en razón de su capacidad para imponer y hacer prevalecer, uno u otro sistema, de acuerdo con sus intereses, los que privan dentro de sus fronteras, y no según los propósitos y necesidades de los demás.
Del libre mercado han transitado al rígido sistema de un nacionalismo a ultranza, el cual no tiene ojos para ver lo que ocurre en su entorno. Los aranceles están al alcance de su mano omnímoda a fin de abrir y cerrar puertas a las importaciones lo mismo que a las exportaciones, siempre y cuando convenga a sus intereses.
En favor de los grupos encumbrados en el poder convierten el Estado de bienestar en un techo de beneficios individuales, dejando a la intemperie el resto de comunidades que le han dado sustento y respaldo en otros tiempos.
Hoy en día estamos asistiendo a lo que podemos interpretar como un giro de la sociedad abierta, la del libre mercado, a una etapa guiada por el proteccionismo y la tendencia a favorecer a los grupos poderosos, ávidos de ganancias sin límites y ansiosos por sobreponerse a los demás, a toda costa.
Desde el punto de vista económico, el cambio de poder en la vecina nación se ofrece como el tránsito de una sociedad cosmopolita hacia una sociedad que abandona las metas de la solidaridad, de la cooperación y del libre intercambio: de mercancías para empezar, pero asimismo de bienes intangibles como los del conocimiento, la educación y la cultura.
Muy fuerte han sonado a oídos de los países, incluso de ultramar, los nudillos del Presidente Trump, anunciando sin tapujos su política proteccionista que, por cierto, comienza por echar de su territorio a los migrantes ilegales y a todo sospechoso, por el hecho de serlo, mediante deportaciones masivas y sin miramiento en las leyes de convivencia y la ideología universal de los Derechos Humanos.
Por lo que toca a nosotros, los vecinos más vapuleados en el pasado por el expansionismo del imperio, el afán de grupos ambiciosos y la parsimonia del Imperio para valorar la importancia de la buena vecindad, habría que poner en la balanza los esfuerzos de nuestros gobiernos para evitar más daños de manera  innecesaria.
Mientras aquí los representantes de la violencia exigen a la máxima autoridad una conducta beligerante, del “tu por tu”, hay voces mesuradas, apegadas al derecho internacional, que proponen acudir a instancias que se supone imparciales, administradoras de la normatividad, de la cual se espera la impartición de justicia jurídica, portadora de coercibilidad ejemplar, con el objeto de que cese la hostilidad y los acosos improcedentes a nuestros paisanos.
Tal es el caso de la advertencia a fin de acudir a la ONU con la encomienda de pedir justicia sobre las redadas de indocumentados mexicanos y la relacionada ante las amenazas arancelarias en contra de nuestras exportaciones hacia los Estados Unidos.
Acerca del particular, ante la Organización Mundial de Comercio.
Por otra parte, pende sobre los ciudadanos del Imperio del norte el temor por los alcances de una política belicista, tras los años de relativa paz interna y exterior.

Pero aún es tiempo para la reflexión. El Estado de Bienestar tiene metas que alcanzar. La paz por medio del Derecho es mil veces preferible al sistema de todos contra todos.

lunes, 27 de febrero de 2017

DEL DIÁLOGO A LOS ACUERDOS. ´PACTA SUNT SERVANDA´

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Hay indicios de que las aguas vuelven a su nivel. La vecindad se hace menos tirante. Por lo pronto, las amenazas por parte del poderoso vecino bajan de rispidez y los temibles hechos van mermando su agresividad y encono.
No todo esto, ´por cierto, ha desaparecido. Hay acciones impremeditadas que se refieren a lo implacable de las últimas semanas: por ejemplo, los abusos laborales por parte de patrones inescrupulosos y abusivos que hacen víctima a nuestros connacionales en desgracia.
La visita de dos altos funcionarios norteamericanos a nuestro país contribuye a mitigar la tirantez reciente y lleva a pensar en un paréntesis favorable para la reflexión y el entendimiento.
Los secretarios Rex Tillerson y John Kelly externaron la disposición de su Gobierno al diálogo en vez de insistir en la confrontación.
Y bien sabemos que el intercambio de pareceres conduce a la negociación. Y de ahí   emergen los acuerdos. Los contratos y los tratados son la vía idónea para la convivencia y la buena relación.
Tratos y contratos son la sístole y la diástole de las relaciones internacionales. Los pactos han de cumplirse por voluntad de los suscriptores. Tiene dos caras la misma moneda: derechos por un lado, deberes por otro. Los poderosos, en este caso, no gozan de un arbitrio soberano que no les pertenece, por la sola razón de su prepotencia.
De la “Paz Perpetua” de Kant a Los Catorce Puntos del presidente Wilson hay un camino sembrado de lágrimas y sangre, causados por las guerras, cuyo torrente se contuvo, momentáneamente, con la creación de la Sociedad de Naciones. Pero, la falta de coercibilidad y acato por sus fundadores, fue la tumba de aquella organización mundial.
La existencia de tribunales en el seno de la ONU abre expectativas inusitadas en pro de la paz mundial. Ante cualquier controversia, los Estados en conflicto tienen al alcance formas para allanar las diferencias, antes de llegar al uso de las armas para resolver los puntos en conflicto.
El tema de los migrantes mexicanos, por lo que se dijo en la pasada conferencia entre funcionarios de aquel país y del nuestro, tiene signos de resolución. Al diálogo habrá de seguirse el acuerdo, comenzando con la definición normativa de “migrante” y el consiguiente protocolo en el que se precisen derechos y obligaciones para quienes asuman dicha caracterización.
Vendrá luego el asunto del TLC en donde los intereses serán otros a los de la dignidad de las personas, la discriminación y el incontenible racismo, así como las diferencias ideológicas y religiosas que, por cierto, no han faltado en el actual distanciamiento.
Entonces las cuestiones serán de orden práctico y más precisamente de ventajas y desventajas materiales: económicas, en una palabra. Estará presente el lema del libre tránsito, la igualdad en las transacciones y el ideal de progreso y la política del bienestar mutuo.
En fin, llegado el momento habremos de saber hasta qué grado hemos aprendido las lecciones que derivan de una vecindad bien llevada y sobrellevada. Se examinarán los asuntos relacionados con el muro, lo que segrega y motiva a la desunión.
La cuestión de las armas y el tráfico de drogas plantean la urgencia de ser analizada y confrontada dentro de la gravedad que implica. No sólo por los efectos que derivan de inmediato.

Ante la virulencia de la retórica del mandatario Trump, el diálogo inicial de estos días ofrece nuevas y hasta mejores perspectivas para la convivencia entre los dos países. La política del bienestar tendrá mucho que ver con el buen entendimiento, siempre y cuando se convalide la divisa: Pacta sunt servanda.  

martes, 21 de febrero de 2017

MÉXICO Y EU: LA PAZ POR MEDIO DEL DERECHO

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Toda vecindad implica problemas. No hay ninguna exenta de dificultades reales o por malentendidos. Las hay inclusive en donde los protagonistas llegan más allá de lo deseable. De las palabras se pasa a los hechos y de ahí a la violencia cruenta.
México y los Estados Unidos  son vecinos.
Como país hemos sido víctimas de la referida vecindad, al grado de haberse visto mutilado nuestro territorio por motivos jamás justificados. Actualmente vivimos horas de incertidumbre y de zozobra. Nuestros connacionales allende el Norte  padecen de acoso, redadas y deportaciones.
La indignidad hacia las personas, está a la vista. No hay día que pase en que no se den a conocer sucesos lamentables, abusos oficiales sin término. Al contrario, los vientos que soplan en la frontera con la poderosa Nación, son de temor y miedo; hay tragedias familiares sin fin.
Las manifestaciones contra las políticas anti migratorias se suceden aquí  y allá. Lo mismo en la capital de México que en la de Norteamérica. Pero, nada parece obtenerse como no sea la explosión del vituperio, los denuestos y el afán de venganza en contra de los autores de los acosos.
Se grita que Estados Unidos son los victimarios. País de migrantes, hoy su flamante mandatario, Donald Trump, los convierte en campeones de la antiinmigración. El enojo se ha vuelto odio hacia los vecinos del sur; es decir, hacia todos los que se nos identifica por el color de la piel, por la precaria condición social y por las penurias económicas que han hecho salir de la patria de origen.
A primera vista, México y los mexicanos somos los victimarios. Arrebatamos, en esa hipótesis, los empleos que pululan allá; seríamos además portadores de violencia. Y para colmo, propiciamos el crimen organizado, exportamos a los capos del narcotráfico en franca agresividad a la paz de sus hogares.
Hoy, el presidente Trump y su gabinete nada dicen del tráfico de armas, del estado de esclavitud que sufren los trabajadores del campo y de las fábricas, que laboran en condiciones similares a los tiempos previos a la Revolución Industrial.
Nada se hace saber de los años de amargura anteriores a la lucha de Luther King con el fin de lograr acceso a la educación, como establece una sana política en materia de Derechos Humanos.
Cada vez la vecindad, así, se vuelve más lejana y distante. Y lo peor es que nada indica que es pasible, sino que los síntomas se agravan y las anomalía no tienen límites inmediatos.
Desde dentro, aquí, las cosas no marchan como era de esperarse. A grandes pasos, la situación se ha politizado, valiéndose de una situación adversa de coyuntura internacional: el precio de los combustibles.
Se pide, se exige y conmina  al jefe del Poder Ejecutivo, al Presidente de la República, a que tome decisiones que no están a su alcance. No es Peña Nieto el David que muchos quisieran ante el imponente Goliat. Carece de la honda legendaria que hizo de David el héroe victorioso en la desigual contienda.
Por otra parte, y esto es lo más dramático, no se escuchan voces que hablen de dirimir civilizadamente los conflictos. No se habla del Derecho como principal y último recurso, a fin de solventar las diferencias.
Es mucho decir. Pero nos encontramos como en tiempos anteriores a la Sociedad de Naciones.
En su obra “Derecho y Paz en las Relaciones Internacionales”, el príncipe de los juristas, Hans Kelsen, dejó escrito: “A pesar de todo, parece que la idea del Derecho sigue siendo más fuerte que cualquier ideología de poder”.

Estamos a esas resultas.

domingo, 12 de febrero de 2017

AUTORITARISMO Y LEGALIDAD: TRUMP FRENTE A LA CORTE

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Estados Unidos es adalid en el ámbito de la coordinación de los poderes.
Desde sus orígenes históricos, ha sido muralla ante los desafíos que han pugnado a fin de imponer la intolerancia, la degradación y la indignidad por medio de las ideologías religiosas, políticas y de la más diversa índole. Y esto, a pesar de los enemigos de la igualdad.
Los “cuáqueros”, pioneros fundadores de la nación norteamericana, fueron migrantes perseguidos y acosados en sus lugares de origen, víctimas de la intolerancia entonces dominante.
Por otra parte, crearon la figura de la Presidencia, a imagen y semejanza de la voluntad de los ciudadanos. No al revés. Constituyeron, por esa vía, la democracia participativa, tomando sin duda el legado de los atenienses del siglo de Pericles.
Su rama legislativa, cuna de las normas de observancia obligatoria, se asemeja en mucho al Areópago de los antiguos helenos. Es institución con oídos atentos a las demandas de la población.
Si bien el poder ahí no se comparte, no hay invasión de una rama en otra, haciendo posible en la práctica la coparticipación entre todas; es decir, impera la coordinación y el equilibrio.
Los jueces son humanos, ciertamente. Sin embargo, hay reglas que impiden que prospere la corrupción que conlleva gérmenes destructivos y aun autodestructivos.
La Corte Suprema es el corazón que hace latir y sostener con vida el complejo organismo que da sustento a la convivencia en común: en tensa, pero constatable paz y armonía.
Mucho se ha dicho, se dice y se dirá, que los Estados Unidos son un imperio.
Lo es, en efecto.
Un imperio democrático, visto hacia dentro, por dentro y desde dentro.
Visto hacia afuera y desde el exterior, es un imperio como todos los que han hecho historia y son por ello memorables. Tiene de ellos el impulso hacia el expansionismo,  al predominio, a la subyugación. En particular, en el caso, también hacia la autoprotección frente a influencias con hábitos considerados perniciosos a su estilo de vivir.
En suma, democrático es en gran medida dentro de sus confines; autocrático de sus fronteras hacia más allá, hacia todos los horizontes.
Donald Trump, Presidente de Estados Unidos, ha tratado de saltar sobre su propia sombra.
Con gesto autoritario ha intentado derribar los cercos que delimitan las atribuciones y facultades de los poderes y se empeña en ir en contraflujo de la concurrencia entre poderes, tildando a los jueces de cómplices de la inseguridad que amenaza a los norteamericanos.
Por lo pronto, ha recibido las primeras lecciones adversas a su triunfalismo, lo cual sí pone en situación de riesgo al edificio democrático representado por el juego libre y responsable de los poderes públicos, uno de los que acaba de asumir por decisión de sus conciudadanos, el Poder Ejecutivo.
La resolución del Tribunal para no reactivar la orden ejecutiva antiinmigrante indica hasta qué punto en el vecino país no puede haber un presidencialismo dictatorial, autoritario, titular de facultades omnímodas, capaz de violentar el legado histórico que hace posible que la nación más poderosa del planeta sea, al propio tiempo, un paradigma como sostén de valores universales, con hombres y mujeres ejemplares por su rectitud y honestidad.

Como nunca, los Estados Unidos requieren de la integridad de sus instituciones y de sus ciudadanos de bien para la conducción de sus destinos. Como pocas veces, pide implícitamente el apoyo franco y decidido de sus vecinos, en todo aquello que nos atañe para bien nuestro. Y sin olvidar jamás el pasado, sin dejar de ver el presente con miras hacia el inmediato porvenir.

viernes, 3 de febrero de 2017

VIEJA Y NUEVA CONSTITUCIÓN: CIEN AÑOS DESPUÉS

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La pregunta palpitante en este aniversario es: ¿Envejecen las constituciones? ¿Son los usos y costumbres los que hacen ineficaz el orden normativo en unos casos y en otros le otorgan continuidad y fortaleza?
La nuestra, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, envuelta en festejos que van desde los vibrantes aplausos hasta la crítica demoledora, ¿se encuentra en los umbrales de la tercera y última edad? ¿La impunidad se ha cebado en ella hasta hacerla obsoleta? Finalmente, los hacedores de leyes, ¿son los responsables de su estado de inaplicabilidad en asuntos que más afectan a los ciudadanos.
¿Qué papel juega, en otros términos, el Poder Judicial de la Federación en todo esto?
Mientras tanto, las celebraciones están a la orden del día. Las hay desde espectáculos deportivos hasta discursos epidícticos; desde comentarios adversos hasta de retórica deslumbrante y oficialista que, por cierto, es la más utilizada.
El centenario ocurre en medio de un conflicto sin precedentes en la tortuosa relación histórica entre nuestro gobierno y el flamante de los Estados Unidos de Norteamérica. Se agrava por el hecho, insólito, de que está revestido de apariencia trágica cuando no de ropaje cómico, a juzgar por las expresiones que nos llegan dentro de las mismas 24 horas del día.
Sin embargo, no hay mal que por bien no venga, según reza el dicho popular.
Así, lo fenoménico del caso nos lleva a reflexionar acerca del documento histórico, la Constitución, fundamento de nuestra vida ético-jurídica y en cuanto a nuestras relaciones externas con toda responsabilidad, llevándonos a exigir a los titulares de los poderes públicos el desempeño cabal de sus investiduras. Al Ejecutivo federal y a los estatales los deberes de su competencia en lo relativo a soberanía, no intervención, libre tránsito, para citar lo que está a la vista.
Además, los exabruptos del presidente Donald Trump nos llevan a repensar nuestro pasado mediato e inmediato.
Somos un territorio en perpetuo abandono. El suelo y el subsuelo son víctima de improductividad, en perjuicio directo de nuestros connacionales. Este último, el subsuelo, lo disfrutan extraños y mexicanos tan solo de nombre. La minería es dádiva para inversionistas foráneos. Mientras que la agricultura, el suelo, sigue en manos de hacendados neo porfiristas, por decir lo menos.
Por consecuencia, hay miles y miles de migrantes mexicanos, apátridas como efecto de las políticas usureras y desnacionalizadoras propiciadas desde las cúpulas gubernamentales en turno. A la indulgencia de los desgobiernos nacionales, se añaden abrumadoramente  las amenazas de los vecinos del Norte. Hemos contribuido al muro de la incomprensión que hoy en día lamentamos, pero que nunca supimos evitar a su debido tiempo.
Pero volvamos a lo del Centenario de la Constitución.
Hay voces que demandan la promulgación de una Constitución nueva. Argumentan que la actual es inoperante, y por tanto obsoleta.
Sobre el particular, tiene sentido invocar la función interpretativa por parte del Poder Judicial de la Federación; es decir, tomar en cuenta  el papel renovador del susodicho órgano respecto de los contenidos normativos, lo que hace rejuvenecer, actualizando las disposiciones constitucionales, otorgándoles significados pertinentes.
En la Presentación a los cinco volúmenes en donde consta la actividad creadora de dicho Poder, el entonces Presidente de la SCJN, doctor Ulises Schmill, dejó sabiamente expresado cómo, a través de la vía jurisdiccional, es factible  establecer los criterios de validez del orden jurídico mexicano.

Por ese camino, la continuidad queda certeramente garantizada. Nuestra Constitución plenamente válida, vigente y renovada.