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Federico Osorio Altúzar ha sido profesor de Filosofía en la UNAM y en la ENP (1964-1996) y Editor de la Gaceta de la ENP desde 2004.
Durante 15 años fue editorialista y articulista en el periódico NOVEDADES.
Es maestro en Filosofía. Tiene cursos de Inglés, Francés, Griego y Alemán.
Ha publicado en Novedades, el Heraldo de Chihuahua, El Sol de Cuervanaca, el Sol de Cuautla, Tribuna de Tlalpan, Tribuna del Yaqui, Despertar de Oaxaca y actualmente colabora en la versión en Línea de la Organización Editorial Mexicana (OEM).







lunes, 16 de julio de 2012

IMPUGNACIÓN Y DEFENSA DE LAS INSTITUCIONES

El bosque no deja ver los árboles. El fenómeno poselectoral, como era previsible, ha puesto una densa polvareda, difícil de tolerar. Triunfadores y derrotados prosiguen la fragorosa batalla a fin de acreditar lo que consideran de justicia: lo equitativo y propio de cada quien. La lucha por el poder continúa por otros medios: por la vía del convencimiento y la persuación; de la controversia legal a fin de invalidar el triunfo del abanderado del PRI, Enrique Peña Nieto; de la denuncia y el reclamo paraimpugnar el recuento de sufragios; en fin, por intermedio de la anunciada petición del PRD y su candidato Andrés López Obradorcon el propósito de anular la elección. De manera similar a lo ocurrido en 1988 y en 2006, con el intermedio del año electoral del 2000, la sucesión presidencial en nuestro país sigue envuelta en un mar de contradicciones y paradojas, sin posibilidades inmediatas de resolución. En lugar de allanarse los conflictos, se ahondan con los resultados adversos tangibles para la población más desfavorecida en lo económico y lo social. Cuatro sexenios sucesivamente, dos del viejo PRI y dos del PAN, han bastado para echar a pique lo realizado durante varias décadas en la construcción y defensa de las instituciones socioeconómicas y políticas del México posrevolucionario. Se echaron por tierra en un abrir y cerrar de ojos los fatigosos esfuerzos, los avances y las conquistas en educación, desarrollo agropecuario, salud pública, empleo y defensa de los derechos soberanos de la nación frente a la amenaza, voracidad del comercio depredador, junto con los ávidos e insaciables consorcios transnacionales. Lo que el antiguo régimen liberal edificó, abriéndose paso en medio del fuego cruzado de caciques e impostores del bienestar popular, el neoliberalismo dela década finisecular lo destruyó, con furiosa celeridad, abriendo las puertas de par en par a la incursión de un neopanismo de similar corte y confección, destructivo y derrochador de lo ajeno. Por fortuna, hoy llega, irremisiblemente,a su letal ocaso. La irrupción de las izquierdas por su parte, deja, en esta convulsa realidad histórica, una estela larga de incertidumbre, suspicacias eineficacias. En el 88, con la complicidad de Manuel Bartlett, hoy compungido colaboracionista en la debacle electoral,el movimiento opositor fue apabullado, sin más. En el 2006, la historia se repitió frente a la aplanadora panista y los apoyos nada gratuitos del exterior. Hoy, en este controvertido 2012,la corriente impugnadora trata de reivindicarse, apostando a la autodefensa con arreglo al método de la legalidad, no sin alentar las inconformidades vía la protesta y la movilización, sin perder el objetivo de triunfo a posteriori, a través de la manifestación masiva contestataria. Frente a la turbulencia desatada no cabe duda que ganarán, al fin y al cabo, las instituciones. La defensa de la democracia pasa, debe pasar, por la apología de las instituciones. Éstas, perfectibles como todo lo humano, requieren de una introspección o examen riguroso, más que de terapias inocuas, para extirpar los males perniciosos que le aquejan. La trilogía IFE, FEPADE Y TEPJF son organismos víctimas de afecciones remediables;no de enfermedad terminal. Las izquierdas han dado voz de alerta: es tiempo de atender al paciente con todos los medios al alcance. Y si es necesario acudir, frente a la emergencia, a cirugía mayor, habrá que hacerlo a la brevedad. Sin embargo, lo importante y decisivo es no querer terminar, a toda costa, con el indiciado, cuando de lo que se trata esacabar con la enfermedad. Finalmente,árboles y bosque son parte consustanciales de una y la misma realidad. Sin aquéllos sería punto más que imposible contemplar a éstos en su profusa, a veces inconcebible y difusa objetividad.