Bienvenido lector:

Federico Osorio Altúzar ha sido profesor de Filosofía en la UNAM y en la ENP (1964-1996) y Editor de la Gaceta de la ENP desde 2004.
Durante 15 años fue editorialista y articulista en el periódico NOVEDADES.
Es maestro en Filosofía. Tiene cursos de Inglés, Francés, Griego y Alemán.
Ha publicado en Novedades, el Heraldo de Chihuahua, El Sol de Cuervanaca, el Sol de Cuautla, Tribuna de Tlalpan, Tribuna del Yaqui, Despertar de Oaxaca y actualmente colabora en la versión en Línea de la Organización Editorial Mexicana (OEM).







lunes, 8 de julio de 2013

CUENTOS Y RECUENTOS: DESPUÉS DEL 7 DE JULIO




Han sido estos comicios de los más polémicos en lo poco que va de nuestro siglo. Se recordarán como aquellos en cuya antesala se cometieron graves ilícitos: robo de boletas, secuestros y crímenes de aspirantes y candidatos. Concurrieron, además, circunstancias motivadoras de optimismo y, al propio tiempo, de franca desilusión, precedidas por la  crisis laboral, la carestía y la inseguridad.
Doce años de mal gobierno no se olvidan fácilmente. Los dos últimos sexenios son testimonio de inepcia, anarquía y deterioro  del Estado de Derecho. Esto no se repara en tiempo perentorio. De una presidencia lúdica a otra marcada por la inexperiencia para resolver los problemas que más apremian, era de esperar resultados deplorables en las políticas de bienestar, en el ámbito educativo y en la convivencia social. 
La resaca moral con efectos adversos en salud pública, convivencia social y en el área de las relaciones internacionales, ha hecho y hará difícil,por lo complejo,la recuperación en el corto plazo.
Bajo estas consideraciones, las elecciones del pasado 7 de este mes son indicativas de un pasado lastrado por la ineptitud y el enriquecimiento ilícito; sin embargo,reveladoras de anhelos de rectificación por medio de la elección de los mejores.
El ensayo y corrección de los errores tiene alcance y sentido diverso en la experiencia social comparado con lo que ocurre en el orden de los fenómenos naturales. Aquí la necesidad y la predicción estadística; allá el libre albedrío, la libertad y la legalidad; el compromiso a la luz de la planeación. En política, el ejercicio democrático implica participación mayoritaria, derecho a la inconformidad, a la protesta e inclusive a la rebelión, mientras que en el orden natural enseñorea la férrea causalidad, el imperio del acaecer ajeno al querer individual, popular y colectivo.
A juzgar por los síntomas positivos, podemos referirnos a una posible recuperación cívica mediante la participación popular, la credibilidad en las instituciones que tienen que ver con los comicios: la eficiencia y eficacia de los órganos tutelares responsables de aplicar la normatividad en la organización, el desarrollo y auscultación del proceso electivo hasta la validación y certificación de los sufragios.
Atrás quedan, para empezar, las campañas inhibitorias propiciadas por tendencias ideológicas de la derecha reaccionaria, acuciada por la publicidad alucinante y utópica de las  izquierdas en pie de lucha. 
El método del ensayo y el error en este 7 de julio ha consistido en la apertura hacia un horizonte en donde se procura el ascenso de los mejores, de los que califican óptimamente por su comprensión de los asuntos públicos; es decir,busca promover a  profesionales de la política con visión de Estado, aquellos que se disponen a servir generosamente a la Nación, con terminología liberal del generalísimo Morelos y Pavón; paradigmas en el arte de gobernar con dignidad republicana; gestores en suma del poder con temperancia y capaces de vivir con medianía y honradez, según la admonición de Benito Juárez, el presidente reformador.

Quedan atrás, así confiadamente lo esperamos, la fabricación de castillos en el aire, la difusión de cuentos de hadas y la publicidad con promesas vacías de esperanza. El recuento, voto por voto, es el del regreso a las instituciones, el del camino hacia la modernización, sin engaños, transacciones y concesiones por encima de la ley y la Constitución. Es reinicio, por vía de lo constatable, de la transición a la democracia. No el retorno a la inmovilidad de la alternancia sin rumbo ni sentido.