Han sido estos comicios de los
más polémicos en lo poco que va de nuestro siglo. Se recordarán como aquellos en
cuya antesala se cometieron graves ilícitos: robo de boletas, secuestros
y crímenes de aspirantes y candidatos. Concurrieron, además, circunstancias
motivadoras de optimismo y, al propio tiempo, de franca desilusión, precedidas
por la crisis laboral, la carestía y la
inseguridad.
Doce años de mal gobierno no
se olvidan fácilmente. Los dos últimos sexenios son testimonio de inepcia,
anarquía y deterioro del Estado de
Derecho. Esto no se repara en tiempo perentorio. De una presidencia lúdica a
otra marcada por la inexperiencia para resolver los problemas que más apremian,
era de esperar resultados deplorables en las políticas de bienestar, en el ámbito
educativo y en la convivencia social.
La resaca moral con efectos
adversos en salud pública, convivencia social y en el área de las relaciones
internacionales, ha hecho y hará difícil,por lo complejo,la recuperación en el
corto plazo.
Bajo estas consideraciones,
las elecciones del pasado 7 de este mes son indicativas de un pasado lastrado
por la ineptitud y el enriquecimiento ilícito; sin embargo,reveladoras de
anhelos de rectificación por medio de la elección de los mejores.
El ensayo y corrección de los
errores tiene alcance y sentido diverso en la experiencia social comparado con
lo que ocurre en el orden de los fenómenos naturales. Aquí la necesidad y la
predicción estadística; allá el libre albedrío, la libertad y la legalidad; el
compromiso a la luz de la planeación. En política, el ejercicio democrático
implica participación mayoritaria, derecho a la inconformidad, a la protesta e
inclusive a la rebelión, mientras que en el orden natural enseñorea la férrea
causalidad, el imperio del acaecer ajeno al querer individual, popular y
colectivo.
A juzgar por los síntomas
positivos, podemos referirnos a una posible recuperación cívica mediante la
participación popular, la credibilidad en las instituciones que tienen que ver
con los comicios: la eficiencia y eficacia de los órganos tutelares responsables
de aplicar la normatividad en la organización, el desarrollo y auscultación del
proceso electivo hasta la validación y certificación de los sufragios.
Atrás quedan, para empezar,
las campañas inhibitorias propiciadas por tendencias ideológicas de la derecha
reaccionaria, acuciada por la publicidad alucinante y utópica de las izquierdas en pie de lucha.
El método del ensayo y el
error en este 7 de julio ha consistido en la apertura hacia un horizonte en
donde se procura el ascenso de los mejores, de los que califican óptimamente por
su comprensión de los asuntos públicos; es decir,busca promover a profesionales de la política con visión de
Estado, aquellos que se disponen a servir generosamente a la Nación, con terminología
liberal del generalísimo Morelos y Pavón; paradigmas en el arte de gobernar con
dignidad republicana; gestores en suma del poder con temperancia y capaces de
vivir con medianía y honradez, según la admonición de Benito Juárez, el
presidente reformador.
Quedan atrás, así
confiadamente lo esperamos, la fabricación de castillos en el aire, la difusión
de cuentos de hadas y la publicidad con promesas vacías de esperanza. El
recuento, voto por voto, es el del regreso a las instituciones, el del camino
hacia la modernización, sin engaños, transacciones y concesiones por encima de
la ley y la Constitución. Es reinicio, por vía de lo
constatable, de la transición a la democracia. No el retorno a la inmovilidad
de la alternancia sin rumbo ni sentido.