El próximo día 17 hará doce
años cuando el ahora Senador y entonces Gobernador de Chihuahua, Patricio
Martínez García, fue blanco de cobarde atentado. El repudiable acto permanece
en la memoria colectiva como un oprobioso episodio que dio pábulo a la
impunidad y al deterioro del Estado de Derecho.
Símbolo de reciedumbre, el
estadista sobrevivió afortunadamente al atentado. Se impuso a la adversidad con
el respaldo de un notable esfuerzo de voluntad personal sostenido con
ostensible vocación de servicio, y con el apoyo de un puñado de colaboradores,
funcionarios públicos leales y diligentes. Esto, a nuestro juicio, lo hace
comparable en cuanto al renacer del organismo político en el que milita y al
que continúa sirviendo ejemplarmente. Ha vuelto a la arena pública tras el
silencio de ocho años y después de haber terminado su Mandato en el año de 2004,
con la mira de contribuir en el rescate de la soberanía nacional proclamado desde
Los Pinos y para colaborar en la reposición dela dignidad republicana, desde su
curul.
El senador norteño, quien
representa con patriotismo los intereses de sus conciudadanos, se levantó aquel
17 de enero de la escalinata de Palacio para cumplir su palabra en prenda ante
el Congreso estatal. Volvió a su
despacho con renovado vigor, a la
brevedad pese al impacto físico sufrido, para llevar a cabo la modernización del
Estado en seguridad pública, productividad y empleo; educación y comunicaciones; justicia
y desarrollo agrario; inversión privada y pública. Y ante el abandono propiciado en
el ámbito de las relaciones internacionales, dio apertura y facilidades en
materia de comercio a los productores chihuahuenses allende los mercados de
Europa y del Lejano Oriente. Y aquende, en la frontera estadunidense.
A pesar de las
incompetencias y el desdén del presidente Vicente Fox, proyectó audaz y previsora
modernización económica y social en Chihuahua. Apoyado por un reducido equipo
de asistentes y profesionistas imbuidos de un verdadero celo reconstructivo,
renovador, investidos de valor cívico sin caer en la temeridad, hizo lo mejor
para sus gobernados, de cara a los tiempos políticos que corrían como a galope.
En CONAGO fue un genuino líder
emprendedor que daba, al propio tiempo, ejemplo en la administración política
de su Estado. Con ese aval proponía a sus pares, los mandatarios estatales,
reformas apremiantes; por ejemplo,la del federalismo y la reforma hacendaria
(no sólo fiscal), tras la última efectuada en la época del Presidente Miguel
Alemán, hacía entonces más de medio siglo.
Promovió el gobernador
Martínez García un estratégico entendimiento con los Estados fronterizos de la
Unión Americana, en marcha por cierto a través de cónclaves regionales con mandatarios de
Arizona, Texas, Nuevo México y California, modelo a seguir para su oportuna
aplicación en esta etapa de la reconstrucción nacional.
Pero a su lado, ciertamente, había
funcionarios de la talla del experimentado
comunicador y del leal secretario
de Gobierno, los abogados Antonio García
Hernández y Víctor Manuel Anchondo, valiosos funcionarios en aquel régimen;
como también el visionario director de Finanzas, Miguel Zapién Ponce, copartícipe
en la propuesta, dentro de CONAGO,sobre la reforma hacendaria.
Así, doce años después,
el estadista ejemplar según el desempeño
de sus funciones como presidente
municipal, diputado federal, gobernador y ahora
senador de la República, hace decir con la legendaria afirmación de Galileo
frente a sus instigadores,viendo en su persona el renacer de la credibilidad y
la confianza en la política de modernización con sentido social: “Y. sin
embargo, se mueve”. Con todo y la adversidad, pese al desdén y al cerco de
impunidad ante el proditorio atentado: “E PUR SI MOUVE”.
