Bienvenido lector:

Federico Osorio Altúzar ha sido profesor de Filosofía en la UNAM y en la ENP (1964-1996) y Editor de la Gaceta de la ENP desde 2004.
Durante 15 años fue editorialista y articulista en el periódico NOVEDADES.
Es maestro en Filosofía. Tiene cursos de Inglés, Francés, Griego y Alemán.
Ha publicado en Novedades, el Heraldo de Chihuahua, El Sol de Cuervanaca, el Sol de Cuautla, Tribuna de Tlalpan, Tribuna del Yaqui, Despertar de Oaxaca y actualmente colabora en la versión en Línea de la Organización Editorial Mexicana (OEM).







martes, 6 de septiembre de 2016

CÓNCLAVE PEÑA NIETO-TRUMP: ESTADISTAS Y POLÍTICOS

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Sigue motivando fricciones, malestar y encono entre estadounidenses y mexicanos, la visita a México del candidato del Partido Republicano.
Al paso de los días, el encuentro se exhibe como si se tratara de una verdadera calamidad; un suceso inaudito en favor de ambos protagonistas, según los más optimistas.
En el fondo, los partidarios del aspirante presidencial llevan agua a su molino, convirtiendo lo que tiene sólo un significado protocolario, un sentido  ocasional sin mayores consecuencias.
Por otra parte, los detractores del titular del Ejecutivo federal, Enrique Peña Nieto, utilizan el cónclave como si se tratara de un desliz y hasta de una grave ofensa, imperdonables por parte de los ciudadanos.
No faltan, inclusive, quienes  henchidos de fervor patriótico, estarían dispuestos a organizar movilizaciones para lavar la supuesta deshonra inferida a México y sus pobladores. Más aún: estarían dispuestos a efectuar acciones tendentes a retirarle la investidura presidencial al Mandatario.
Consideramos que no llegarán las cosas a tales extremos. No hay razón alguna para ello. Pensamos más bien que todo volverá a sus causas normales.
Es decir, que por bien de su campaña presidencial Trump no se auto engañe, creyendo que la invitación del Presidente mexicano es augurio de su victoria y signo de prematuro y absurdo reconocimiento. Asimismo, que Hillary Clinton no caiga en el error de proclamar que todo fue un artilugio para hacer caer en la trampa a Donald Trump, poniéndolo como el héroe epónimo de un día para, después, publicitarlo en toda su magra realidad.
Bien haríamos en vista del interés nuestro hacer una clara y nítida distinción entre el político y el estadista, entre el hombre de acción y el personaje que tutela los valores, principios y derechos de sus gobernados, sin otra mira que el bienestar y la convivencia de todos.
Mientras el político va en pos del poder y el ejercicio de éste en beneficio de la clase de la cual proviene, el hombre de Estado pugna por la legalidad; no por la anarquía y los objetivos particulares.
El estadista promueve y estimula acciones que fortalezcan su gobierno como un mandato de puertas abiertas, sin controles aduanales de orden obstruccionista. El político militante con miras unidimensionales, en cambio, propone planes y programas que van desde limitar  e impedir las corrientes migratorias hasta obstaculizar el flujo de técnicas, conocimientos y obras de contenido científico.
En su confrontación filosófica entre democracia y autocracia, nuestro excelso y generoso maestro, don Guillermo Héctor Rodríguez, dejó escrito hace 35 años en un revelador escrito que la democracia “tiende al cosmopolitismo, al mercado común, sin cortinas  de hierro ni de bambú”, en tanto la autocracia “sostiene el nacionalismo exclusivista e imperialista tras cortinas de de hierro colado o de bambú”.
Además, mientras la primera conducida por hombres de Estado, “es baluarte de la soberanía nacional ante las compañías transnacionales”, la segunda, la autocracia en manos de políticos
corruptos, “realiza negocios secretos y dañinos a la Nación con las transnacionales” .
No hay, así, término medio entre la antítesis cuyos extremos se refieren al dirigente que proclama el ideal de justicia absolutista excluyente, propio de comunidades totalitarias y por tanto cerradas a través de murallas inexpugnables, y el estadista que hace de la solidaridad el vínculo que une etnias y culturas del más remoto origen; que estimula el intercambio de mercancías lo mismo que la circulación de las ideas y fortalece el ideal más humano de la paz por medio del derecho y el cosmopolitismo.

La visita de Donald Trump da espacios para la reflexión. Da ocasión para repensar nuestra circunstancia y saber encontrarnos con nosotros mismos.

domingo, 28 de agosto de 2016

LA REFORMA EDUCATIVA Y SUS ENEMIGOS: LA CNTE AHORA

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Los extremos, a menudo, se tocan.
Al grito de todo, con todo, y por encima de todo, se va en contra de las reformas, en especial contra la reforma educativa.
Se va, particularmente, contra la figura presidencial. Enrique Peña Nieto es objetivo número uno de la andanada anarquista en furiosa acometida.
En todo esto, la derecha y la izquierda, se han unido entre sí para arremeter, en nombre del derecho a la rebelión, contra la reforma educativa, convirtiéndola en blanco de una movilización cuyo objetivo no es otro que el de minar las bases del poder presidencial y, con ello, del Estado de Derecho.
En el lejano 1833, la embestida corrió a cargo de la corriente confesional. La defensa liberal, institucional y democrática, estuvo a cargo de don José María Luis Mora, mientras la reacción se abanderaba por los epígonos del régimen colonial, con Alamán al frente. Pugnaban estos últimos por un violento retorno a la época del autoritarismo en el orden espiritual  y temporal.  
Aproximadamente cuatro décadas más tarde, una vez derrotado el imperialismo napoleónico, el Presidente Benemérito, don Benito Juárez, decretaría la educación laica, progresista y anticlerical.
El Dr. Gabino Barreda consumaría la feliz hazaña introduciendo el positivismo de Comte en los planes de estudio de la Escuela Nacional Preparatoria, y expulsando de esa forma, con valor y entereza, la enseñanza confesional en la educación que imparte el Estado mexicano. 
La década de los treinta en el siglo anterior fue escenario, de nueva cuenta, del fallido intento de ideologizar la formación y la información escolar, por medio de una reforma, fallida por cierto, al artículo 3º. Constitucional. El propósito era el de implantar la educación socialista, anulando con ese efecto, la libre impartición de la enseñanza.
El retrógrado procedimiento volvió a repetirse en la década de los sesenta.  
Hoy en día la reacción liderada por la izquierda y la derecha, con inspiración del anarquismo que en mucho se asemeja al vandalismo y al dogmatismo, trata de impedirr por todos los medios, incluyendo la violencia organizada, la reforma educativa considerada eje fundamental para modernizar y poner al día, desde el punto de vista internacional, la vida interna y exterior del país.
Sin banderas propias, sin un proyecto consistente en la forma y el contenido, la protesta anarquista en pos de la obtención del poder político está pisando sobre el umbral de la confrontación en donde la ilegalidad y la imputación jurídica podrían dar lugar a una resolución que a todos nos atañe.
Primero el SNTE y ahora la CNTE, la meta es apropiarse de la educación básica y del nivel intermedio. Siguen derroteros similares.
Botín de un sindicalismo inauténtico, refugio de liderazgos en procura de beneficios mal habidos y administrados, la lucha por el poder magisterial ha tomado rumbos políticos que tienen que ver con la provocación y la temeridad como su último recurso.
El partidismo de izquierda lo mismo que el representado por la derecha extrema se unen ante el señuelo de obtener el máximo poder con cargo a la política de tolerancia, paz social y participación ciudadana.
El miedo a la libertad invade las pancartas de la protesta y ésta se encubre tras la presunción de haber logrado un rotundo triunfo en contra de las reformas decretadas por el titular del Poder Ejecutivo federal.

Todo indica, no obstante, que seguirá hacia adelante la reforma educativa junto con las restantes en materia de seguridad, de actualización económica y bienestar social. Por lo pronto, habrá que subrayar el dato de que se trata de una movilización anarquista, focalizada en sitios y enclaves precisos.

lunes, 22 de agosto de 2016

TRANSPARENCIA: LA UNAM, UN EJEMPLO CIUDADANO



La Nación está urgida de ejemplos a seguir. Sobre todo, en el ámbito educativo. Ahí, se yergue la UNAM en cuyo vasto “campus” se forman y se informan miles de mentes  con aptitudes para engrandecer la Patria a la que pertenecemos y en cuyo seno hemos sido engendrados para servirla y devolverle, enriquecido, lo que nos ha sido otorgado.
El nuevo Reglamento de Transparencia aprobado por el Consejo Universitario y dado a conocer por el rector Enrique Graue, es modelo y ejemplo a proseguir en la medida que abre espacios a la participación, hace posible el ejercicio cabal  y público de las instituciones en lo concerniente a sus deberes, y da sustento al ejercicio de la corresponsabilidad en lo que se refiere a la fundamental obligación de rendir cuentas de manera clara y oportuna.
En vez de ínsula, la UNAM da un paso decisivo con el propósito de mostrar y demostrar con fundamento legal  que su autonomía consiste, esencialmente, en ser sustento académico. No es bastión de secrecías  y tampoco puerta de entrada para el uso y usufructo indebido de recursos que la sociedad coloca en sus manos para cumplir con su alta función educadora.
Primera en tiempo, por su larga historia en el mapa educativo del país, la UNAM fortalece con la premura y la atinencia del caso, desde su propia demarcación, el contenido y el alcance de la flamante Ley Federal de  Transparencia y Acceso a la Información.
Titular de derechos inviolables en todos y cada uno de sus templos del saber universitario, la Máxima Casa de Estudios de México da un paso al frente con la suprema finalidad no sólo de convalidar la tendencia transformadora de la Nación, requerida de cambios sustanciales en su experiencia política, económica y social.
Hace profesión de compromiso público con el objeto de que el patrimonio que los ciudadanos han puesto bajo su disposición y tutela esté abierto a la consideración de todos, a fin de que la transparencia sea un recurso de control y un argumento para el pleno ejercicio de sus elevadas encomiendas.
En este sentido, la rendición de cuentas es mucho más que un recuento de sumas y restas. Más que de forma, dicha práctica se inscribe en un formato que abarca todas las vertientes de la vida académica interna de la institución y de lo que, con toda precisión, Guillermo Soberón, el Rector Magnífico (así con mayúsculas), denominaba      
la extensión cultural y educativa de la Universidad. Es decir, más allá de sus muros y entornos.
Rendición de cuentas, así, de lo que hacen sus docentes, sus alumnos, sus centros de investigación; en suma, lo que a la fecha realiza su casa editorial en tanto y cuanto difusora, promotora y educadora de virtudes éticas y cívicas.
A título de ejemplo, el rector Graue Wiechers pone el dedo en la sensible herida que motiva enojo y frustración en la vida cotidiana de la UNAM: el tema de cómo y cuándo recuperar el auditorio frívolamente llamado “Ché Guevara”,  ocupado por quienes nada tienen  que ver con la actividad académica de la institución.
En este respecto, convoca al Consejo con la encomienda de establecer las formas que hagan posible el rescate de dicho espacio, el cual por más de cinco décadas fue constitutivo de la Facultad de Filosofía y Letras que señorea, como símbolo de libertades y derechos, a la enseñanza superior en el país.

Bien porta y comporta la UNAM el título de “Mater et Magistra”. Ha sido y es generoso ejemplo ciudadano. El Consejo Universitario y al frente de ella, su Rector actual, así lo atestiguan. Los tiempos que corren lo amerita.

lunes, 15 de agosto de 2016

SOBRE LOS LIBROS DE TEXTO EN N.L.: ¿VUELTA A LA EDAD MEDIA?

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Dos miembros del Partido de Acción Nacional (PAN) adscritos al Congreso neolonés formularon la propuesta de mutilar o incinerar libros de texto con motivo de la polémica determinación de la SEP relacionada con la difusión informativa sobre  métodos anticonceptivos.
¿Es tan sólo una de tantas anécdotas desafortunadas como otras que suelen ocurrir? O bien, ¿es un suceso que amerita tomar muy en cuenta en estas horas sombrías de anarquismo y de impunidad?
Lo cierto es que el despropósito de los legisladores locales se inserta en un clima de incertidumbre, de ostensibles retrocesos en la convivencia nacional y de posibles tentativas y aun de amenazas tendentes a dar un giro descomunal hacia el pasado, plagado de resabios de intolerancia y represión, ocultos detrás de la inseguridad y la violencia organizada.
Hace poco más de tres cuartos de siglo, en los prolegómenos de la Segunda Guerra Mundial, se efectuó en Berlín la quema de libros considerados nefastos para la sociedad germana, por los ideólogos del nazismo.
En el siglo XVIII, centuria aclamada por haber sido cuna de la Ilustración europea, el “Diccionario filosófico” de Voltaire fue quemado públicamente y la misma “Enciclopedia” “fue suspendida en varias ocasiones. Diderot, otro destacado representante de la corriente ilustrada, fue encarcelado tras la publicación de uno de sus libros…” (“Voltaire”, Colección Aprender a Pensar, 2015)
Así, lo ocurrido hace unos días en Nuevo León, no debiera sorprendernos.
Más bien habría que estar siempre en alerta por lo que la reacción, en sempiterno acecho, trata y querrá hacer tan pronto se le permita.
Este hecho nos reafirma en la idea de que la historia no tiene un curso predeterminado, de carácter rectilíneo y progresivo, sino que describe un rumbo zigzagueante, con temibles retornos hacia un pasado impredecible.
De citar ejemplos al respecto, el terrorismo actuante tras el mal llamado “Estado” islámico serviría como prueba contundente.  
En la primera Ilustración europea, la Ilustración ateniense encabezada en el siglo V por el liderazgo ciudadano de Pericles, tuvo el dantesco escenario de hogueras en las que se consumaron obras de hombres críticos, talentosos y constructivos como fueron Anaxágoras, Demócrito y Protágoras. Y de tantos más, antes de la hecatombe cultural de Alejandría.
Ciertamente, la buena simiente perdura por encima de avatares circunstanciales y temerarios a través de siglos y siglos.
Así como no han dejado de existir las edades negras, a pesar de su naturaleza virulenta y plena de acciones dramáticas, también los aires de la tolerancia y libertad, de las ideas y de la expresión científica, se han impuesto una y otra vez.
Mutilar, cercenar, impedir la circulación de conocimientos y experiencias, jamás han prosperado como testimonios definitivos. El  movimiento liderado por los Sofistas de hace dos milenios y medio en la Atenas de Pericles, de Fidias, de Heródoto y Tucídides, ha tomado fuerza y renovado vigor desde el inglés Grote hasta este siglo XXI.
Nombres como los de Murray, Romelly, Guthrie, Nestle, Marrou, Solana Dueso, o Kerferd, se vuelven familiares entre estudiosos y lectores en general.
Sofistas como Gorgias y Protágoras son ponderados como los fundadores de la nueva educación dentro de la naciente democracia ateniense.
Solón y Temístocles ya no permanecen abandonados a la soledad de la indiferencia y el olímpico desdén.
La tarea, hoy en día, es vincularlos con los Bacon, los Hobbes y los Hume; hacerlos vivir y revivir al lado de Kant, Cohen, Natorp y Cassirer: de Nietzche y de Popper.

La quema de libros no conduce sino a la denuncia de la nueva Escolástica y de las ideologías absolutistas de izquierda y de derecha.

sábado, 6 de agosto de 2016

1968 Y 2016: SIMILITUDES Y DISCREPANCIAS

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Entre el movimiento de hace medio siglo y el actual, existen semejanzas, diferencias y francas discrepancias,
En aquel entonces al igual que ahora la turbulencia tiene un denominador común: el ataque a las instituciones, comenzando por la más distinguida de todas, la educación pública.
Entre los rasgos que los asemejan entre sí figura la tergiversación o el doblo discurso, utilizado como vía para confundir y como forma de atraer incautos.
Hace casi cinco décadas era obvia la incursión del dogma soviético manejado como catapulta sobre las instituciones de enseñanza superior: el IPN y la UNAM.
A la fecha, la ideología es lo de menos. Lo importante es poner de rodillas al régimen  que abandera el PRI, con todo y sus reformas.
En mucho se parece, por otra parte, la presente rebelión a la que encabeza el movimiento islámico en el planeta: a éste lo abanderan proclamas de anarquismo antiimperialista. La religión dogmática es el medio; la destrucción completa de los infieles, el objetivo.
En 1968, se trataba de imponer un estilo de vida al unísono con la igualdad de clases, absoluta, por tanto ilusoria.
En 2016, en nombre de un sindicalismo totalitario se pretende dar carta de ciudadanía a una lucha de todos contra todos, empezando por hacer tabula rasa con los principios de libertad de enseñanza, actualización de los docentes y desdén hacia las más novedosas tecnologías en el ámbito de la modernización pedagógica.
Así como en 1968 la finalidad se orientaba a derruir la organización política vigente, a la fecha el propósito no es sino el de quebrantar la estructura de poder, colocando en bancarrota el programa de reformas que promueve la Presidencia de la República.
Después de medio siglo, aún sigue siendo un enigma el sin sentido de una rebelión anarquizante propiciada con metas sociales fuera de la realidad histórica imperante.
Lo mismo parecerá, al paso del tiempo, el despropósito de los “sindicalistas” de la CNTE a fin de impugnar un modelo educativo progresista, modernizador, con tácticas demoledoras en lo económico, lo cultural y lo social.
En el pasado, el saldo fue de decenas y decenas de muertos en una sola noche y en un mismo escenario, civiles: obreros y avezados estudiantes.
En la actualidad, son pérdidas económicas, heridos y hasta víctimas mortales en el territorio nacional. 
Media centuria atrás, entre los rasgos diferentes predominó la intolerancia, la mano dura, pero inconmovible; la impiedad desde las alturas del poder.
Durante estos meses de conturbación, de anarquía propiciada con el aval de un sindicalismo beligerante, el acento se ha puesto sobre la convocatoria a la concordia, a la paz social, haciendo recaer todos los costos en la actividad económica, pública y privada, en la seguridad ciudadana, en la preparación de los alumnos en los niveles básicos y de enseñanza media.
Mientras en el mundo civilizado y no civilizado, el terrorismo galopante hace de las suyas, incendiando con armas letales plazas públicas y centros multitudinarios, entre nosotros el terrorismo soterrado se vale de enclaves públicos en donde campea la indefensión, la tolerancia toma el sitio de la mano férreo que proviene de la tiranía y las oligarquías.
Saltan a la vista las identidades, las diferencias y lo similar en estas dos confrontaciones.
A las lecciones del pasado, se suma el empecinamiento como denominador común.
Queda hasta estos momentos la actitud conciliatoria del gobierno actual.
En vez de las bayonetas, se sobrepone la tolerancia como antídoto a la pandemia.
No obstante, es tiempo para que la razón se haga valer en tanto árbitro en el desbocado conflicto.

Es hora para la reflexión, para el diálogo y para las respuestas a preguntas y demandas bien entendidas y mejor consensadas.

domingo, 31 de julio de 2016

GUILLERMO ROTHSCHUH V.: ASEDIOS A LA LIBERTAD

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Dos libros llegan a mi mesa de trabajo, casi al mismo tiempo. “Periodistas Sometidos”, de Francisco Rubiales y “Asedios a la Libertad”, de Guillermo Rothschuh Villanueva. Este último de nacionalidad nicaragüense.
La obra de Francisco Rubiales, presentada por Luis María Ansón (de la Real Academia Española) “expone, dice el renombrado prologuista, con una argumentación convincente, la  cobardía de tantos profesionales que adulteran el oficio de los que sólo somos administradores del derecho a la información que tienen los ciudadanos”.
El título completo del libro de Rubiales es Los perros del Poder, con lo cual integra la visión de una de las actividades sobre la que se construye el imponente edificio de la democracia.
La democracia, puede leerse en la portada de la obra, es el único sistema que ha conseguido encerrar a los grandes poderes, sobre todo al insaciable poder del Estado, en una jaula con siete cerrojos. La prensa libre es el séptimo sello que cierra esa jaula.
Por lo que se refiere a la publicación de Rothschuh Villanueva cabe decir que es, en gran medida, una vibrante denuncia en contra de la misión destructiva llevada al cabo por Daniel Ortega a lo largo de la intensa década en que ha ejercido su despótico mandato.
Carlos F. Chamorro, cuyo nombre se asocia a la familia que ha sido emblema de la perdurable batalla por la libertad en Nicaragua, escribe:
El desconocimiento de la Ley de Acceso a la Información Pública, el bozal impuesto a los funcionarios, la existencia de un duopolio televisivo, y la autocensura forman parte del conjunto de factores que limitan el ejercicio de la libertad de expresión”
Ahí, la denuncia.
No obstante, llama la atención de los lectores hacia una especie de barrunto positivo, el de un periodismo que asume, desde sus propias entrañas, sus derechos a la expresión de las ideas, a fin de anteponer la lucha por la manifestación de la cosmovisión del mundo y de la vida por medio de los géneros periodísticos al alcance: el reportaje y las crónicas con el sentido de propagar  contenidos que abran ventanas y puertas para erigir la verdad como búsqueda y tarea.
Pero en modo alguno entendida como producto hecho de antemano por obra y gracia de la propaganda oficial.
Por cierto, apenas el año pasado Rothschuh Villanueva había dado a las prensas “Medios y Poder en Nicaragua”, en cuyas páginas se avizora el libro que ha dado la luz hace medio año, en febrero de este 2016.
Él es catedrático en la principal casa de estudios superior de su país. Aúna, por tanto, a su ameritada labor académica la doble función de enseñar y difundir el fruto de sus investigaciones; es decir, adjunta la palabra hablada a la escrita, la doble tarea que no es del todo común.
Desde el ya lejano año de 1995, el catedrático y el escritor acreditan en el interior y el exterior de su patria, una labor incesante. Cada año lleva la marca relevante de esa portentosa misión. Entre otros, los títulos en cuestión: “No todo está dicho”, 1996; “Vuelta de Siglo”, 1997 “Asalto a la Memoria”, 1998. Y así, sucesivamente hasta llegar el año en que vivimos.
Cabría citar su “Chontales para Siempre”, 2013 y “Permiso para hablar”, 2006.
De viva y vibrante actualidad, el asedio y los asedios es el tema abordado por el académico, periodista e infatigable escritor.
La violencia organizada desde todas las orillas de este vasto océano da pábulo y sobrados contaminantes para hacer de la profesión de dar a conocer las propias ideas una de las más temerarias entre todas las que tienen que ver con la libertad de expresión.
¡Ni la duda cabe!

domingo, 24 de julio de 2016

VIEJA Y NUEVA DEMOCRACIA: FUERO Y ANTICORRUPCIÓN

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Desde los tiempos de Solón, el ateniense fundador de la democracia griega hasta nuestros días, el eco de la corrupción se enlaza con la tiranía, al igual que la participación ciudadana se corresponde, en la letra y en los hechos, con el gobierno del pueblo y para el pueblo.
Favorece el monopolio del poder al predominio de la hegemonía que ejercen los poderosos y viceversa.
Entretanto la injerencia de la clase obrera y de grupos clase medieros en la administración de bienes y haberes públicos, limita a los prepotentes de origen dinástico y a los titulares de linajes ostentosos.
Malamente entendido, perversamente interpretado, el concepto de fuero ha dado pábulo a la desmesurada corrupción que abruma a la sociedad mexicana, convirtiéndola en víctima de acciones públicas que se imbrican y asocian con el crimen organizado.
“Durante algún tiempo también se denominó fuero a la inmunidad que tienen los funcionarios con responsabilidad política, para no ser sometidos a proceso penal sin la autorización de la Cámara de Diputados”, escribe José Ovalle en su prestigiada obra “Garantías constitucionales del proceso” (McGraw-Hill, 1996).
“Afortunadamente, subraya, este uso inapropiado de la palabra fuero ha sido superado”.
Pero aún hoy en día el término suscita resquemores.
El vocablo desafuero es publicitado como si fuese una coraza o blindaje que ampara a delincuentes en el poder, dándoles impunidad frente al imperio que ejerce la ley sobre los débiles que integran la clase de los no pudientes.
El flagelo de la impunidad adquiere, así pues, mucha mayor drasticidad cuando invoca al fuero en su carácter de inviolable y como protector de intocabilidad y de privilegio a toda costa.
Un revés implacable contra la corrupción en su modalidad de latrocinio y manejo ilícito de los haberes de la Nación, es el desafuero entendido como si fuese un logro inusitado de la reforma actual, proclamada en forma de antídoto frente a toda prevaricación,
Arma política, la esgrimen en ese sentido los partidos de derecha, de izquierda y del impávido centro.
De nuevo cuño, el desafuero pasa por ser la espada flamígera de Damocles.
Cabezas nimbadas por el poder efímero podrán rodar en el caso de que la  guerra a la corrupción en todas sus manifestaciones se declarara tras la individualización de la ley punitiva.
De la reciente obra de Pedro Olalla “Grecia en el Aire” (Acantilado, 2015) transcribimos: “Aquí (en Atenas) ejercían sus funciones  los seis arcontes encargados de no sólo de organizar las pruebas  de aptitud a las que habría de someterse todo aquel al que la suerte o los votos  designaran para un cargo, sino también de algo aún más trascendente: la incoación de procesos para  destituir de dichos cargos a quienes la Asamblea considerando su conducta estimara prudente apartar del poder y retirar  su confianza.”
Inclusive, añade, Olalla: “… ya fuera un simple funcionario, alguien  que promoviera una ley en beneficio propio o un general reputado en el campo de batalla”.
Vieja y nueva democracia perviven en una tarea común, interminable, haciendo palpitar antiguas instituciones en los nuevos órganos de poder.
Pero, ¿quién controlará a los contralores?, cabría interrogar con Bobbio.
Una democracia todo velámenes y ayuna de anclas puede ser todo lo que se quiera, menos una organización en la cual los ciudadanos puedan contribuir, así sea en forma indirecta, en el buen curso de las instituciones.

Sobre el particular cabe sugerir la lectura o la relectura de “El control del Poder”, libro del jurista Diego Valadés, publicado por la UNAM en 1998.