Bienvenido lector:

Federico Osorio Altúzar ha sido profesor de Filosofía en la UNAM y en la ENP (1964-1996) y Editor de la Gaceta de la ENP desde 2004.
Durante 15 años fue editorialista y articulista en el periódico NOVEDADES.
Es maestro en Filosofía. Tiene cursos de Inglés, Francés, Griego y Alemán.
Ha publicado en Novedades, el Heraldo de Chihuahua, El Sol de Cuervanaca, el Sol de Cuautla, Tribuna de Tlalpan, Tribuna del Yaqui, Despertar de Oaxaca y actualmente colabora en la versión en Línea de la Organización Editorial Mexicana (OEM).







miércoles, 8 de febrero de 2012

LA TARAHUMARA, “MÁXIMA PRIORIDAD” DEL PRESIDENTE CALDERÓN





                                                                  Por Federico Osorio Altúzar

 El Presidente Felipe Calderón vio con sus propios ojos el drama de los indígenas flagelados por la peor sequía de que haya memoria en la sierra de Chihuahua. Escuchó con sus propios oídos la queja de los marginados de la Tarahumara desde Valle de Allende, enclave convertido en centro distribuidor de alimentos, alimentos, ropa y medios de auxilio para miles de aborígenes convertidos en víctimas del hambre y enfermedad.
Rarámuris, tarahumaras, guarajíos y pimas, están dejando de ser denominaciones intraducibles en el diccionario de los políticos y adquieren un sentido de realidad en el diccionario de neoconservadores, neoliberales y representantes de la izquierda moderada o radical.
Ciertamente, las etnias chihuahuenses no son las únicas ni las primeras en condición de penuria extrema. Si la emergencia las ha puesta a ojos vistas, a la luz en medio de la oscuridad y las tinieblas que han tendido sobre ellas los gobiernos capitalistas, revolucionarios y embajadores de los cacicazgos en turno, de aquellos de que habla Mark Wasserman en su clásica obra sobre el tema, no es en razón de que la población indígena haya sido y sea, a la fecha, últimamente, objeto de sesgado olvido por parte de los políticos en el poder.
Viene desde muy atrás el despojo de sus bosques, el atraco con sus tierras y yacimientos de minerales, la invasión sistemática de sus posesiones y el cinismo disfrazado para esclavizar, de generación en generación, desde La Colonia, sus mentes y cuerpos. Colonizadores y neo colonizadores los han convertido en reos dentro de sus propios territorios, nómadas en sus propias circunscripciones, apátridas bajo el cielo y dentro de la geografía de que fueron señores y amos en el remoto  pasado.
En este sentido, hay máxima prioridad en las sierras montañas no sólo de Chihuahua y por causa de la atroz sequía, sino  la hay (y de qué manera) en más de una veintena de entidades azotadas por la inclemencia de las políticas depredadoras, acentuada por el ciego embate de la Naturaleza convertida en denunciante de la marginación y la perversa política de exterminio. La máxima prioridad consistiría en poner punto final a los programas que más bien asemejan a una “solución final” para borrar de la geografía a las etnias menesterosas que son, por hoy, rémora y espejo del subdesarrollo y rezago del modelo socioeconómico impuesto en el país.
Por vía intuitiva, en vivo y sin interlocutores, el Presidente de la República se percató del fracaso del llamado federalismo político y la desconcentración económica establecida en los convenios de transferencias de recursos a los Estados, federalismo lastrado por la ineficacia administrativa y el partidarismo en el manejo de la hacienda pública, por arte y magia de funcionarios de segundo nivel, con la complacencia o ineptitud en los gobiernos estatales y municipales.
Saboteada la reforma hacendaria propuesta en el seno de CONAGO, desde 2003, precisamente por el entonces gobernador chihuahuense, a fin de hacer obligatoria en términos de equidad, la devolución de recursos a las entidades federativas, ahora los acuerdos son obstruidos por resolución de la autoridad del ramo o bien por el veto presidencial. El caso es que la hacienda pública actúa olímpicamente como el azadón de que hablaba el ex gobernador Patricio Martínez García, bajo la conseja de “todo para acá”, haciendo nulo el ideal de igualdad relativa entre los Estados y la Federación, propiciando en consecuencia situaciones que hacen hablar de “máxima prioridad”, cuando bastaría con que fuesen “prioritarias”, al fin de cuentas.
Pero todo hace notar que la prevención es asunto de lujo, de entelequias y utopías. Sirve, generosamente, a la discriminación y a los propósitos no muy  ocultos de exterminio y devastación.

martes, 31 de enero de 2012

PATRICIO MARTÍNEZ: DIGNIDAD Y EFICACIA DESDE EL SENADO




Por Federico Osorio Altúzar

Desde Chihuahua, el Estado grande, nos llegan  buenas noticias, señales de lo que sin duda ocurrirá en julio próximo, mes a fin de resolver electoralmente si la democracia en nuestro país sigue siendo, o no, de pantalones cortos. Y para refrendar la proclama: “Sufragio Efectivo. No Reelección”. 
En Chihuahua, el Partido Revolucionario Institucional, tras una de las resoluciones más complejas de su historia reciente, nominó candidatos para contender en los comicios federales. En ejemplar proceso interno, logró hacer a un lado a quienes por inexperiencia, falta de profesionalismo y prestigio requeridos resultaron inelegibles. Y optó,  finalmente, por aquellos que cuentan con una hoja limpia en el servicio público y, en consecuencia, los hace dignos de la plena confianza popular dentro y fuera de su Partido. Son garantes de la adhesión popular,
Así, escogió aspirantes a integrar el Senado de la República con buena fama, prestigiados profesional y cívicamente. Y entre ellos, seleccionó a un extraordinario priista, fuera de serie: un contendiente que vuelve al escenario político después de haber cumplido honrosa y valerosamente su responsabilidad de mandatario (1998-2004).
En medio del beneplácito de sus coterráneos, Patricio Martínez García es símbolo en toda la geografía nacional y ejemplo transparente de la determinación del priismo estatal y nacional con la mira puesta en una efectiva renovación desde sus bases, haciendo valer glorias y realizaciones del pasado como organización revolucionaria..En consecuencia, es signo de la voluntad partidista para emprender la  reforma del Estado: la reforma jurídica y política, la reforma fiscal  hacendaria, la reforma educativa y la reforma agraria. En suma, dicha nominación es preanuncio de la vuelta del  PRI a sus orígenes como organización política capaz de encumbrar a hombres y mujeres visionarios con vocación democrática, genuinos luchadores con ánimo revolucionario en el amplio sentido del término.
Habría que empezar con el rescate del Senado, dándole nueva fachada institucional y no sólo inmobiliaria. Es decir, con el rescate de sus funciones, convalidando las tareas esenciales del Poder Legislativo, atado a la fecha a su papel de báculo al servicio de intereses nefandos: sumiso confidente del poder en turno. Dicho rescate comenzaría por recuperar el prestigio y la eficacia del órgano colegiado para ejercer el control constitucional del Ejecutivo y para velar por los genuinos y acuciantes intereses de los ciudadanos en las entidades que representan. Los nuevos huéspedes del Senado contribuirían, de ese modo, a refrendar efectividad y dignidad a sus funciones, y asegurar a los Estados de la Federación que pueden contar con cada uno de sus integrantes en la legítima defensa de sus problemas inmediatos.
Así, ante la sequía, la defensa del recurso hídrico debería afrontarse con arreglo a Derecho, con la intervención de un Senado previsor y diligente, para contender por  las causas e intereses de los mexicanos en asuntos apremiantes: en lo interno, a fin de impulsar el nuevo federalismo; en lo exterior, con propuestas eficaces en materia de migración; ante los tribunales, como garante de los Derechos Humanos. Y con una legislación progresista, alentar el prestigio tradicional de México en el escenario internacional.  
Tras los comicios de julio, el ex diputado federal, ex presidente de la capital chihuahuense, ex gobernador del Estado  (el mejor de los últimos años, se dice), el flamante senador, entonces, podría ser la carta fuerte para presidir el órgano colegiado y para conducirlo a puerto seguro, al lado del titular del nuevo Ejecutivo federal, inaugurando el subsiguiente capítulo de la democracia en México.
Esperemos lo mejor.


lunes, 23 de enero de 2012

A ONCE AÑOS DEL ATENTADO CONTRA EL GOBERNADOR DE CHIHUAHUA





                                                    Por Federico Osorio Altúzar

 Este 17 de enero se cumplen once años del frustrado magnicidio del que salió con vida, para fortuna de los chihuahuenses, de sus familiares, colaboradores y amigos, el entonces mandatario estatal, contador público Patricio Martínez García. El boletín informativo de la Coordinación de Comunicación Social, a cargo de Antonio García Hernández, breve, escueto en su contenido, refería el lugar, la hora del inaudito atentado y quién había hecho accionar el arma criminal: escalinata del Palacio de Gobierno; 11:30 Y de la mañana. Y el nombre de la atacante: Cruz Victoria Loyola Montejano.
Dos días antes había visitado Chihuahua el procurador general de la República, Rafael Macedo de la Concha. Poco antes, el entonces temido traficante de droga, Joaquín Guzmán Loera, líder del cártel de Sinaloa y ahora el “narco más poderoso del mundo”, según el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, se había fugado de un  centro calificado de alta seguridad en Jalisco.
Patricio Martínez había asumido el Ejecutivo estatal en octubre de 1998, sucediendo  en dicha función al gobernador panista Francisco Barrio Terrazas.  En los dos primeros años de su  gestión, el ex presidente municipal de Chihuahua capital y ex diputado federal ponía el énfasis de su actuación pública en la modernización del Estado mediante innovaciones de carácter administrativo que señalarían nuevos rumbos en las inversiones públicas, el impulso a la obra urbana y rural; en la apertura al comercio internacional hacia los mercados de ultramar, así como en la cooperación y el intercambio financiero y tecnológico con los estados allende la frontera: Texas, Nuevo México, Arizona.
Día lleno de incertidumbre y conjeturas aquel 17 de enero. Día rodeado de zozobra por el estado de salud del mandatario. Horas lentas y cargadas de dramáticas inquietudes acerca de los destinos inmediatos de una sociedad por antonomasia noble, generosa y progresista. No había precedente alguno de esa magnitud en la historia de la entidad, aseguraba el ex gobernador Fernando Baeza Meléndez.  Por su parte, Francisco Barrio Terrazas, gobernador del Estado de 1992 a 1998,  descartaba que el móvil del atentado fuera el narcotráfico.
El impacto de la bala criminal hizo blanco en la cabeza del gobernador, aunque no logró la consumación del móvil asesino. Patricio Martínez salvó la muerte en forma por demás afortunada, sin que su  determinación, entereza política y férrea voluntad para superar el incalificable atentado haya menguado de manera alguna. Fue al contrario. Redefinió su plan de Gobierno y programó con mayor precisión y celeridad las metas y objetivos del crecimiento y el desarrollo para el Estado. Se convirtió en la voz más vigorosa y audible en los foros nacionales en donde sus pares, los mandatarios de la República, lo escucharon con excepcional interés la forma de exponer sus propuestas de una reforma hacendaria, cuyos alcances y logros hubiesen evitado el fracaso de las finanzas nacionales y el caos actual de la política fiscal del gobierno que encabeza el presidente Felipe Calderón.
Puso orden en la economía urbana y en la desconcentración administrativa, a pesar de las resistencias provocadas en áreas colaterales del poder estatal y de la falta de entendimiento para extender la seguridad pública con políticas laborales y de igualdad  de género en la frontera. Con mala fe se le quiso cargar la torva cadena de feminicidios.
A once años del fallido asesinato,  la pregunta de aquel 17 de enero se vuelve actual y adquiere renovado sentido ante la impunidad convertida en patente de Corso en manos de la criminalidad organizada: ¿Por qué? ¿Cuál fue el móvil del criminal  atentado? ¿Quién o quiénes fueron los agentes intelectuales de aquel proditorio intento de magnicidio?

VETO DEL MIEDO. A UN MAL PRINCIPIO UN MAL FINAL




                                                   Por Federico Osorio Altúzar

El veto presidencial al Fondo  Especial de apoyo por los estragos de la sequía, es más que una decisión política que rebasa las facultades discrecionales del jefe del Ejecutivo. Va mucho más allá de una moción con finalidades perversas, políticamente dicho, y podría fincarse en la esfera de un mandato dictatorial que no pondera los posibles efectos  letales  y las consecuencias sociales en su verdadera y dolorosa dimensión.
“Pone en riesgo la sobrevivencia de miles y miles de familias mexicanas que no tienen ni para comer”, advierte Francisco Rojas, coordinador del PRI  en la Cámara de Diputados. Hay trasfondo electoral en el veto del presidente Calderón, denuncia  el diputado federal Manuel Cota, coordinador de la diputación campesina. Es una drástica determinación cuya crueldad podría ser considerada de “lesa humanidad”, a la luz de los Derechos Humanos.
En Durango y Chihuahua hace presencia la hambruna sin que, al parecer, haga mella en la conciencia nacional ni extranjera. Las fiestas navideñas y del Año Nuevo ocupan los espacios publicitarios dejando de lado la información incómoda; es decir, todo aquello que tiene que con la corrupción y la rapiña oficial por parte de agentes públicos de todos los niveles y de todos los colores ideológicos.
El despilfarro de los recursos públicos (por ejemplo, el costo o derroche en monumentos conmemorativos del bicentenario) se hacen ostensibles y ofensivos, amplificando aún más las desviaciones gubernamentales y provocando el malestar, de por sí ya insoportable, entre las clases sacrificadas del país: obreros y campesinos, principalmente. La malversación de fondos hacendarios salta a la vista por el volumen desmesurado del endeudamiento público y por el  regateo injustificable para transferir los recursos supuestamente previstos a que está obligada la autoridad federal en situaciones de desastres naturales.
La bancarrota de las finanzas nacionales está a la vista. El veto presidencial a que nos referimos es una señal de lo anterior. La fuga de divisas, por otra parte,  es opción razonable como vía de escape por parte de inversionistas foráneos azorados ante el desplome del crecimiento y los vestigios del desarrollo en estrepitosa caída.  Pocas veces la economía de México ha encendido luces alarmantes, como hoy,  en vísperas de la renovación de poderes. El hundimiento de la educación en todos los niveles, desde el básico hasta el superior, es un grito de alarma en el tormentoso panorama que hace de la esperanza más que una posibilidad y del cambio con sentido de progreso y bienestar, un riguroso imperativo.
A todo esto, el veto presidencial de referencia cae como vendaval en primavera. Se vuelve acicate, cuando se esperarían alivios y retenes ante la amenaza de hambruna en las zonas marginadas. Y es látigo para castigar a inocentes que podrían sumarse a las víctimas inermes del desempleo, la insalubridad y la desnutrición. Aumentará el ya de por sí abultado cúmulo de exterminio a causa de la fallida y mal llamada guerra contra el crimen organizado.
Pero todo lo que mal comienza, mal termina. Todo principio tiene, a la postre, un final. El veto presidencial al Fondo Especial por los efectos de la sequía lleva consigo el destino de un “boomerang” que se vuelve, sin duda se volverá, contra sus mismos inventores. Los miles de muertos en la guerra contra el crimen organizado no votarán, es cierto, este año como tampoco los desaparecidos por la hambruna en la Tarahumara y en la sierra de Durango. No obstante, por su trágico destino y su  muerte por inanición, a causa de negligencia o por imprudencia oficial, harán acto de presencia para dirimir una justa electoral en la que vencerán los mejores.   Es decir, los respetuosos de los Derechos Humanos, de la legalidad y la constitucionalidad.


2000-2012, ¿FIN DEL PRINCIPIO?





                                       
                                             Por Federico Osorio Altúzar

Se inicia el Año Nuevo entre aires reconfortantes de optimismo y esperanza. La noche transexenal de inicio de siglo va quedando atrás y los mexicanos en edad de votar se aprestan a imponer su voluntad de cambio por el método de la legalidad institucional. Llega  a su término la vía de la impostura, la simulación y el engaño.
El fraude electoral ha marcado al país colocándolo en plena bancarrota cívica y  moral; asimismo en grave déficit económico, político y social. El descrédito público pesa negativamente sobre las finanzas y la cooperación por parte de la sociedad internacional.  La pobreza extrema se extiende en forma subrepticia por zonas marginadas y enclaves hasta hace un par de décadas prósperas, modelos de productividad y riqueza.
El año 2000 dio inicio con la fuga del inefable líder del cártel de Sinaloa. El entonces mandatario lúdico se convirtió el más encarnizado perseguidor de un fantasma creado a imagen y semejanza de la renaciente oligarquía en el poder. El sucesor en el máximo poder político en México, Felipe Calderón, prosiguió la estrategia de hacer del crimen organizado el enemigo número a vencer, olvidando que los principales adversarios eran y siguen siendo: el desempleo, la desnutrición, la ignorancia y la falta de techo y abrigo.
A nadie convence, aunque a todos perjudica, la táctica de cazar lugartenientes de los verdaderos capos y cómplices del narcotráfico, de segundo y último rango, como si  fuesen los generales y capitanes de la “guerra” no declarada contra el crimen organizado. A nadie persuade, como no sea a los confabulados, de que estamos en vísperas de capturar al capo susodicho y poner fin a la contienda contra los “barones” del vicio. Con ello, dar término al negocio disfrazado de la venta de armas, el tráfico de influencias, la solapada compra de soberanía y el franco tránsito de inversionistas extranjeros en la explotación y el comercio de metales, escudados en pieles de oveja, pero dispuestos a la rapiña y al despojo en gran escala.
La política de engañar, por lo visto, culmina al hacer caer en la trampa del engaño a los propios embaucadores. Soltar al capo de capos en México, excarcelado furtivamente hace doce años, para recapturarlo en el ocaso de este sexenio, sólo alucina a los incautos. Pues ahora resulta, según los inventores de la fantasmagórica lucha anticrimen, que estamos ya, casi, en la antesala del milenio de la paz, el bienestar, la felicidad y la seguridad.
El recurso a la criminalidad como arma de combate contra la criminalidad, deja huellas indelebles en el rostro de la nación. Lo mismo, el echar mano a la traición y al espionaje para poner de rodillas  al contendiente. Y nada bueno deja la maniobra perversa, como en el aciago 1994,  de poner piedra sobre piedra, para  hacer caer a quien lleva la delantera en la lucha por el poder, el precandidato del PRI, incluyendo por supuesto a los modernos “judas” en acecho a la sombra de la precampaña presidencial. ¡Cuidado! Hay por todos lados Camachos disfrazados, a la vera del camino.
La otra cara de la moneda es, a nuestro juicio, la que hace recobrar la ecuanimidad y la fortaleza en estos momentos de duda, desconfianza y confusión.
Los mexicanos en condiciones de votar se aprestan a dar el triunfo al abanderado del cambio; a quien se ha comprometido a devolver la paz por medio del derecho, a restituir la seguridad pública y jurídica y dejar que alumbre, con luz propia, el derecho vigente; es decir, el derecho positivo, por encima del inoperante derecho natural con pretensiones de justicia, equidad y de igualdad.
2012 es así, el año de la esperanza, del entendimiento, el acuerdo y la armonía.  Es, debiera serlo, el fin del principio de la impostura, de la propuesta ideológica proclamada época del cambio y de la seguridad social.

lunes, 12 de diciembre de 2011

HAY HAMBRE Y SED EN LAS ZONAS MARGINADAS



                                                       Por Federico Osorio Altúzar

Tierra de promisión ha sido la región septentrional de México.  Gozan de renombre sus valles y llanuras, lo mismo sus escabrosas estribaciones, imponentes formaciones sobre las que se alzan sierras y montañas. En aquéllos germinan los generosos productos alimentarios que dan sustento; en éstas, se guardan insospechados tesoros y caudales que dan riqueza a inversionistas y empresarios.
Pero hoy en día sufren hambre y sed no sólo de justicia, vastas regiones en donde existen sitios de espléndida reserva ecológica. Sonora, Chihuahua y Durango son testimonio de un drama (hambre y sed) que podría haberse atenuado en sus consecuencias;  evitado en gran medida, prevenido a tiempo.
A la fecha, la real y pavorosa hambruna a causa de la sequía, deja efectos letales, dolor y luto; amenaza por un incierto porvenir, lastrado de penurias sin cuento. Lo que ahí ocurre es un caso excepcional, por la falta de alimentos; por la desnutrición, las enfermedades y el desempleo. Por aquello que, antes que lamentar dado lo tangible e inocultable de los hechos, exige que se arrostre con diligencia y firme voluntad política. Es decir, con inteligencia,  resolución y visión humanitaria. Malas son las comparaciones, se dice. Pero, según lo que se ve, las analogías no son, del todo, inútiles y desechables. El tema del hambre y la sed en vastas regiones del Norte y el Noroeste inducen a comparar, con el propósito de distinguir entre lo fatal y lo previsible, lo necesario y lo factible, lo indefectible y o remediable,
Así, mientras  en Chihuahua, la administración liderada por César Duarte trata de reconvertir el Estado grande en un gran Estado a la altura de los enclaves de progreso y desarrollo económico y social del sur de los Estados Unidos; por otra parte, en el Estado de Sonora, la administración política con su gobernador Padrés Elías, a juzgar por la información reciente, hace hasta lo imposible para que la entidad bajo su mandato se haga pedazos entre sus manos. Es decir, con sus equívocas decisiones desde la sede del Ejecutivo, que se dice representar, divide, socava en lo económico, lo político y lo social a los sonorenses que viven en el norte y en el sur a causa de un asunto vital: el agua y el suministro del mismo, por la construcción del acueducto que por cierto lleva el nombre de Independencia. Sin embargo, por su viciado origen de planificación y desarrollo es considerado de la discordia, por los enfrentamientos.
En Chihuahua, el gobernador Duarte, político de acciones y de planes con ideas anunció, con antelación a la crisis del agua, de la hambruna y la improductividad en la Tarahumara, un programa que, de pasar del proyecto a la realidad tangible, significará el resurgimiento económico y social, en el corto y mediano plazos, de la sierra chihuahuense. Huertos, viveros y reforestación de bosques, sustitutos del cultivo de estupefacientes, es el proyecto anunciado recientemente, pero cuya consecución requiere, como los seres humanos y lo mismo la fauna, del líquido vital, en forma oportuna y suficiente.          
El político norteño anuncia la construcción de presas, un vasto y organizado sistema para el acopio del líquido, con grandes receptáculos del insumo, al grado de que pueda ser el despertar del largo sueño incubado entre la gente de la montaña: la obtención de energía complementaria a la producida merced a vientos y a la  emanaciones solares.
En fin, entre tanto en Sonora (como en Guerrero, en Oaxaca y Veracruz), el mandatario sigue la táctica de  proceder con petulancia y desacato a la legalidad y la constitucionalidad, en Chihuahua su gobierno actúa con apego a la legislación y con la mira más elevada de promover la convivencia en paz, progreso y armonía. Para arrostrar crisis dramáticas como la actual. 

viernes, 9 de diciembre de 2011

JOSEFINA GRANJA: TEORÍA Y PRÁCTICA EN LA EDUCACIÓN NACIONAL





                                                 Por Federico Osorio Altúzar

En plena actividad intelectual, la doctora Josefina Granja Castro fue sorprendida por la muerte implacable. El pasado 9 de noviembre, la noticia se generalizó entre los asistentes al  XI Congreso Nacional de Investigación Educativa, efectuado en el Auditorio “Benito Juárez” de la Facultad de Derecho (UNAM). En esa ocasión, miembros del cuerpo magisterial de la UAM y de las instituciones de educación superior mencionadas rindieron, post mortem, sentido homenaje a su distinguida colega, cuya corta vida tributó a la enseñanza, y a la indagación histórica y  pedagógica. Su obra escrita en libros y revistas es motivador ejemplo para estudiosos y expertos en temas sobre la teoría y práctica educativa, así como por las valiosas sugerencias y esclarecedoras enseñanzas sobre el crucial tema. Ahora, Josefina Granja, descansa ya en paz.
Josefina Granja llevó a cabo lo que R.G. Collingwood se propuso, a juzgar por lo que expresó en su Autobiografía el filósofo oxoniense: promover un “rapprochement” entre filosofía e historia y más aún entre teoría y práctica. Tender, así, un puente para comunicar las actividades aludidas, brillante aportación del pensador inglés.  En el caso de la doctora Granja Castro, el “rapprochement” sería entre saberes sobre la enseñanza, comprensión entre práctica y conocimiento de los procesos educativos, tendente hacia una historia epistemológica, con sus propias palabras.
Francisco Larroyo, maestro de maestros, riguroso filósofo neokantiano representante en México de la Escuela filosófica de Baden y prolífico autor de obras en su especialidad, dejó asentada la distinción metódica entre hecho educativo y teoría pedagógica; es decir,  en su estricta terminología: entre “factum” y reflexión.
A Josefina Granja se le recordará en los medios institucionales de educación media superior y superior como diligente estudiosa en el país ocupada y preocupada por tender aquel puente a que se refería Collingwood cuando invocaba la apremiante necesidad de unir las orillas de una hondonada que separaba: lógica por un lado y  ciencias naturales por otra; ética de esta parte e instituciones sociales más allá;  estética aquí y arte, junto con su historia y sus técnicas, acullá.
Dedicó su talento, preparación y tiempo a explorar en archivos, fuentes olvidadas y documentos empolvados todo aquello que tenía y tiene relación con el ejercicio escolar, con las prácticas de la enseñanza con arreglo a las directrices del momento sociopolítico y económico, desde el lejano inicio de nuestra vida independiente hasta los entrados linderos de la pasada centuria.
Una vez ordenados y analizados estos materiales, que dan cuenta y razón cronológica e históricamente, puso las luces de su entendimiento a fin de interiorizarse en la estructura y el sentido ínsitos en el fenómeno pedagógico, con el apoyo en autores como Foucault, Bachelard, Derrida y otros más.
Su libro “Formaciones conceptuales en educación” (1998, 283p) ofrece un esquema amplio, pormenorizado y admonitorio sobre las relaciones entre la escuela, la enseñanza, y las prácticas educativas, con los poderes políticos, económicos y sociales. 
Lleva el contenido de la obra a pensar y a repensar la escuela  en una dimensión que sobrepasa a su organización burocrática, por decirlo así, y lleva a consideraciones teóricas o epistemológicas mucho más profundas, pero de aplicabilidad y utilidad indudables. Así, por ejemplo, conduce a preguntar: ¿son susceptibles de superar, en los hechos, la percepción de los procesos escolares como un mero reflejo de los acontecimientos políticos, sociales, religiosos y cultuales?.
En otros términos, ¿Educar es enseñar a crear o enseñar a reproducir como planteaba nuestro maestro don Guillermo Héctor Rodríguez, el más connotado filósofo neokantiano y sofista innovador del siglo XX?