Bienvenido lector:

Federico Osorio Altúzar ha sido profesor de Filosofía en la UNAM y en la ENP (1964-1996) y Editor de la Gaceta de la ENP desde 2004.
Durante 15 años fue editorialista y articulista en el periódico NOVEDADES.
Es maestro en Filosofía. Tiene cursos de Inglés, Francés, Griego y Alemán.
Ha publicado en Novedades, el Heraldo de Chihuahua, El Sol de Cuervanaca, el Sol de Cuautla, Tribuna de Tlalpan, Tribuna del Yaqui, Despertar de Oaxaca y actualmente colabora en la versión en Línea de la Organización Editorial Mexicana (OEM).







martes, 22 de noviembre de 2011

LA ALTERNANCIA EN EL 2012: LA HORA DE LAS IZQUIERDAS






Por Federico Osorio Altúzar

A menos de ocho meses, los más recientes sucesos políticos apuntan a un desenlace final, previsible, en torno a la sucesión presidencial. Los protagonistas tienen ya nombre e identidad: Andrés López Obrador por el PRD y Enrique Peña Nieto por el Revolucionario Institucional. El Partido Acción Nacional (PAN) queda a la zaga.
Marcelo Ebrad no se dejó seducir por el canto de las sirenas, según expresión de Manuel Andrés. Y, por decisión propiam se convierte en el estratega número uno de la campaña de López Obrador, cuyos primeros discursos producen la impresión de ser una alternativa ideológica que tocará fibras sensibles entre la reserva ciudadana llamada “de los independientes”.
Es posible que Manlio Fabio Beltrones y su equipo de operadores políticos asuman su papel su papel de coadyuvantes en la campaña en pleno vuelo, de Peña Nieto, y colaboren sin reticencias en la reconquista de Los Pinos, misión factible a juzgar por la cada vez más desdibujada competencia interna dentro del PAN. En el PRI, hay tácito entendimiento: se trata de unir. Los consejeros del casi candidato único sabe, por amargas  experiencias, que vale más sumar y multiplicar. Todo a su tiempo.
La virtual derrota del PAN en los dominios de Michoacán se interpreta ya como la muy probable derrota del PAN en el venidero 2012. Pues una década en el máximo poder político local no fue lo suficiente para consolidar el predominio en el solar de la izquierda, como tampoco doce años de permanencia en Los Pinos habrán servido para cimentar un gobierno de élites al servicio de la clase pudiente. Una golondrina, en efecto, no hace verano.
Michoacán fue un reducto de poder político disputado por el PAN con la  esperanza de persuadir al electorado nacional de la supremacía ideológica de su organización política para derrotar, en los comicios federales, a su más próximo adversario, al PRI, en plena recuperación y prestancia con su abanderado mexiquense en plenitud de recursos logísticos y con propuestas constructivas en lo político y lo social. 
Por otra parte, el mensaje de López Obrador a sus correligionarios y a la audiencia nacional, es conmovedor. Cala como anticipada lluvia veraniega en la ávida esperanza de millones de electores. En esencia, es la proclama de un retorno a las ancestrales propuestas de justicia y equidad.
La propuesta “Primero los pobres” se reviste de una retórica remozada con dedicatoria a los marginados en lo interno y como también, con destino a los integrantes de la protesta de los indignados en el entorno internacional. En otras palabras, la lucha de clases como punta de lanza  deja su lugar a la concertación  de intereses y al acuerdo, a fin de promover la recuperación social y económica, y recobrar una posición de respetabilidad y competitividad en el seno de la sociedad mundial.
Se revierten, entre tanto, los términos de la lucha por el poder presidencial. López Obrador ya no es, por lo visto, el peligro para México, según la admonición de Felipe Calderón. En el discurso actual del candidato de las izquierdas, el riesgo verdadero, el riesgo real y latente, sería la permanencia del PAN al frente del Ejecutivo federal, la continuidad de las derechas y el predominio del neoconservadurismo en el poder.
Hay, sin duda, coincidencias ideológicas entre PRD y PRI. Hay una aproximación tangible en esa visión política preelectoral, en donde el partido a vencer será el que logre coherencia, persuasión y certidumbre entre los ciudadanos víctimas de la marginación y sobre todo entre los miles y miles de jóvenes que ingresan a la edad de sufragar, para quienes es preferible la política de la verdad en vez de la verdad de la política. Le mentira propagandística queda al descubierto, tras dos décadas de frustración y derrumbe del Estado de bienestar y de la ineficacia del Estado benefactor.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

LA REELECCIÓN DEL RECTOR JOSÉ NARRO ROBLES


                                              Por Federico Osorio Altúzar

En “Tres Rectores vistos por un Rector”, Guillermo Soberón,  Rector Magnífico de la UNAM, (1973-1981), expresó las motivaciones que lo indujeron a participar en la elección de rector hacia finales de 1977, la que se resolvería con su reelección para ocupar por segunda vez la Rectoría de la Universidad. Describió entonces la inquietud y el recelo de su familia acerca de su inclinación para reasumir el honroso cargo, desde el cual había contribuido al rescate del Alma Mater y a la reconstrucción de la Casa de Estudios tras la azarosa década anterior de los años sesenta.
El entonces rector se sobrepuso al pesimismo en torno a una segunda gestión, considerando los turbulentos sucesos recientes en la institución, lo cual hacía temeraria una decisión en el sentido aludido. Como se sabe, Guillermo Soberón fue reelecto para un segundo periodo, el cual pasó a la historia de la UNAM como uno de los más significativos por su creatividad académica y prestigio internacional. José Sarukán (l989-1997) consolidó aquel legado en el primer rubro y Juan Ramón de la Fuente en lo segundo.
Narro Robles, ciertamente, ha cumplido con sobrados méritos su primer rectorado, reafirmando la convicción acerca de que la UNAM es eje fundamental de la vida educativa de México, pilar sobre el cual descansa el pulso de la cultura superior del país y, por lo mismo, conciencia de la nación como lo han proclamado, una y otra vez, sus más insignes rectores. En una época caracterizada por la zozobra y la inestabilidad política y social, la Universidad más antigua del Continente convalida su perfil sesquimilenario. Es “Mater et Magistra” allende las fronteras.
El rector José Narro puede ponderarse, sin temor a equivocarse, como el prudente, austero y talentoso continuador y custodio del legado jurídico-institucional, en la década de los años 40, con la creación de la Ley Orgánica que dio base legal a las funciones sustantivas de la Universidad, herencia que adquiere su principal expresión en los 80 con la reforma que consagró el precepto de la autonomía universitaria en la Constitución. El rasgo de prudencia hace recordar el pensamiento del viejo Aristóteles (“Ética a Nicómaco”) para quien esta virtud consiste en la capacidad para decidir, con arreglo a las disposiciones racionales, y actuar rectamente con destreza y oportunidad.
Una institución, así, en donde predomine la paz creativa, impere el ocio constructivo y no reine la dispersión de la inteligencia y el derroche de recursos es, sin duda, una institución en la que pueden confiar plenamente sus patrocinadores o sostenedores y de la cual se pueden esperar resultados en términos de excelencia. Quienes ahí laboran y la hacen posible son miembros de una institución ejemplar, con carácter de paradigmética, un modelo educativo digno incluso de imitarse.
Tras la reelección del Rector, renace  la idea ancestral de que la Universidad debe ser pilar de progreso y fundamento de riqueza intelectual y equidad social: fuente de beneficios educativos y seminario de enseñanzas para el desarrollo del país.
En pleno despegue del siglo XXI, la UNAM  reasume con su Rector, con el rector reelecto, la nueva travesía en los inicios de siglo con las energías y el dinamismo de una comunidad en donde la juventud física se entrelaza y se imbrica con la madurez y prestancia de investigadores y docentes que la revisten, hoy por hoy, de reconocimientos por lo que ha sido, es y será: conciencia lúcida de la Nación.
Con el rector José Narro Robles, la Universidad Nacional se predispone a fortalecer las bases institucionales,  su razón y sentido. Es decir, su original y originaria vocación histórica.




                                                                                       

viernes, 11 de noviembre de 2011

LOS PRESIDENCIABLES Y LA ALIANZA DE LOS DÉBILES




                                                 Por Federico Osorio Altúzar

De acuerdo con eslogan de las empresas encuestadoras especializadas en asuntos electorales, “Si las elecciones fueran el día de hoy”, es posible inferir entonces que el PRI ganaría de manera contundente la maltrecha la apasionada carrera presidencial.
Con excepción de Enrique Peña Nieto, estrella luminosa en el nebuloso firmamento político, apenas Andrés Manuel López Obrador y Santiago Creel podrían ser considerados adversarios calificados para ser tomados en cuenta. Así, se abre la expectativa de que, a fin de cuentas, los débiles se decidan a promover alianzas para convertirse en fuertes, según la vieja propuesta del Calicles de Platón. Y sólo así mantener encendidas las velas de la ilusión
Las encuestas de “El Universal” mencionan al sector indefinido, calificado como emergente, los denominados “independientes” que, en determinado momento, harían variar el peso de la balanza. De manera presumible,  inclinarían la balanza en favor de la derecha o de la izquierda, pero dejando atrás al hasta ahora presunto triunfador, al precandidato del PRI y ex gobernador de Edomex.
Riesgos latentes los hay para los tres partidos protagónicos comprometidos en la contienda: así, para el PRD, el mayor peligro es el de lanzar un candidato inexperto, precedido por un prestigio fugaz y respaldado por grupos locales, lo que redundaría en una votación precaria e insuficiente. Para el PAN, es evidente que el delfín de Los Pinos se ha ganado el mérito de ser considerado “l´enfant terrible” de la actual campaña, con capacidad asombrosa para extraer de los archivos informativos y  confidenciales, grotescos, y desvíos de recursos como el que ha salido a la luz pública, desde el Estado de Coahuila, para infortunio de Humberto Moreira, el dirigente  del tricolor.
Para el PRI esto significa que necesita invertir talento y pertinencia mediática para hacer eficaz contraofensiva, acudiendo al acervo de recursos retóricos, jurídico-políticos y persuasivos, a fin de salir airoso de la crucial amenaza.  Entre paréntesis, se sabe que Peña Nieto no es el candidato de Televisa. Cuando mucho es, como otros, un cliente más. 
Pero hay algo más. Ante la posible desgracia de Moreira al frente del CEN del PRI y frente a la inevitable sustitución en la dirigencia nacional, sin duda se planteará la urgencia de elegir al más carismático, al más eficaz entre las opciones conocidas, de las que sobresalen Emilio Gamboa y Manlio F. Beltrones. No cabe duda que el político sonorense tiene arrestos para ocupar el cargo de Moreira y llevar adelante, a buen puerto, la campaña de su correligionario, el seguro sucesor de Felipe Calderón en el codiciado Poder Ejecutivo federal.
Con ello, lograría el sonorense su objetivo principal: tener un lugar en la administración pública a partir del 2012, y de ser posible dentro de su organización partidista. El libro de Beltrones en circulación sobre estrategias políticas hace notar que el senador tiene consigo a un equipo notable de consejeros entre los que figura Orlando Arvizu Lara, ex comunicador de Luis Donaldo Colosio y de Francisco Ruiz Massieu. Amigo personal del ex mandatario de Sonora, Carlos Armando Biebrich, el hidalguense es activo delegado del CEN del PRI, ahora, en el Estado natal de Beltrones en donde, por cierto, el PAN está a punto de igualar en las encuestas al avasallador Revolucionario Institrucional.
Presagios, conjeturas y sucesos en puerta se suman a la cascada de violencia e inseguridad, al torrente de anarquía y corrupción desde las alturas y a la “violación” recurrente del Estado de Derecho, por parte incluso de sus mismos custodios, los políticos en el Poder. Pero los potenciales electores, los independientes, ya habrán aprendido la dramática lección en el sentido de que, si bien se es libre para elegir, también se es responsable para estar a las resultas de la buena o mala elección efectuada. Además, si al votar se equivoca la primera y hasta la segunda vez,  hacerlo por tercera ocasión sería punto menos que inexplicable. Sería imperdonable.

martes, 8 de noviembre de 2011

EL DÍA INTERNACIONAL DEL CORRECTOR DE ESTILO


                                                                      Por Federico Osorio Altúzar
Si el estilo es el rostro del alma como sostuvo Séneca. O bien, si el estilo es el hombre, como afirmó Buffon, a los denominados correctores de estilo corresponde una misión difícil, compleja y aun temeraria, en la medida que su actividad oscila entre la fidelidad para llevar a efecto la revisión integral de los textos y la pasión y emotividad a fin de cumplirla. Corregir el estilo sería, de acuerdo con lo anterior, impropio por decir lo menos. No obstante, en las efemérides mundiales se inscribe fecha y patrono de la profesión: 22 de octubre, día del natalicio de Erasmo de Rotterdam, célebre humanista y primer corrector de estilo de la historia. 
En foros nacionales vinculados con la edición y promoción de libros, se enalteció el trabajo heroico de los llamados revisores de textos en la etapa de “post escritura” con destino a su consiguiente impresión. Las reglas permanecen, desde hace cinco siglos, idénticas cuando Erasmo laboraba en los talleres tipográficos de Venecia y tal vez de la bullente Florencia.  
En la UNAM no se pasó por alto la conmemoración. En el plantel de la Preparatoria “Antonio Caso”, docentes, autores y alumnos se congregaron con motivo de las mesas organizadas para explicar el papel de los correctores, cuya tarea es revisar los materiales desde el punto de vista de la forma, la claridad expositiva y la sintaxis; de la redacción y puntuación.
Expertos en el arte de corregir los escritos en la etapa previa a su edición, y especialistas en la historia de la actividad (Ana Lilia Arias, presidenta de la Asociación Mexicana de Profesionales de la Edición, así como docentes relacionados con la publicación de textos y manuales académicos: Claudia C. Báez Barrientos y Brenda I. del Canto Célis, entre otros), trazaron un panorama de la profesión en donde se involucra el destino de la comunicación escrita.
En particular, se escuchó la admonición acerca de que las llamadas “redes” (el imperio de las computadoras) podrían ser competidores de la actividad que se comenta, la cual tiende, según ese juicio, a una eventual desaparición.
Pero el auge cibernético calaría más a fondo. Así, ¿estaríamos en los prolegómenos en donde el triunfo del libro digital sería, a su vez, el inicio de la desaparición del libro impreso?
En principio, cabe considerar que estamos frente a una mutación o revolución técnica en el sentido  de Thomas Kuhn, en donde la sola alusión a la “galaxia de Gutenberg” hace temer a los pesimistas sobre un desenlace fatal.
Bastaría echar una breve ojeada a lo que, por ejemplo, realiza en los espacios de la edición, promoción y extensión editorial una institución del interior del país, la Universidad del Estado de Morelos (UAEM), a fin de congratularnos en razón de que la palabra escrita, el libro tradicional, puede salir airoso de la dolorosa transición y emerger triunfante, más reluciente y efusivo, apto para superar los embates del cine, la radio y la televisión.
Apenas, la semana pasada, en Cuernavaca, en la Facultad de Humanidades de la UAEM, la doctora Isabel Galina dictó la conferencia “El libro electrónico y el mundo editorial”. En el inicio del mes, el área editorial ha promovido cursos de redacción dirigidos a la comunidad universitaria, campañas de lectura (“Lee un Libro”). En la coordinación editorial se comparte por internet “simposia”, por caso el relacionado con Derechos de Autor, de índole internacional. O bien, sobre la organización del Primer Coloquio de Investigación para el Diseño. En suma, hay mensajes de esperanza y optimismo para correctores de estilo, revisores de redacción, cultores de belleza en la palabra impresa, amantes de pulcras y fascinantes ediciones.  

lunes, 17 de octubre de 2011

¿JUICIO POLÍTICO AL GOBERNADOR PADRÉS? LA PUNTA DEL ICEBERG


                                              Por  Federico Osorio Altúzar

Jugó el gobernador de Sonora, Guillermo Padrés Elías, al gato y al ratón, y está acabando su apuesta al revés: la presunta víctima, el ratón, está en condiciones de comerse al gato, contrariamente a lo que suponía el ahora mandatario en apuros. Olvidó que un antecesor suyo, don Plutarco Elías Calles, proclamó al asumir el poder presidencial que México era un país de leyes. No de temperamentos.
Inexperto en la función de gobernar, Padrés Elías se propuso resolver la demanda de agua, por parte de un millón de habitantes de la capital del Estado, quitando el insumo a sus inmediatos consumidores del Valle del Yaqui. Procedió con la máxima del anarquismo según la cual lo justo es dar a cada quien lo suyo. Así, por encima o al margen del Derecho.
Hizo lo consabido: efectuó las licitaciones de rigor, contrató a las empresas ganadoras, hizo acopio de recursos públicos, los de todos los sonorenses (del norte y del sur) y puso en marcha la obra multimillonaria. Actuó con la prepotencia de aquella paraestatal (PEMEX) invirtiendo dineros como si fuesen propios.
Una vez inferido el daño, Padrés comete la ofensa de repartir culpabilidades a diestra y siniestra. Acusa, como si fuese un fiscal, a los indígenas tildándolos de comparsas de los otrora poderosos y prósperos agricultores; señala a los priistas (líderes de opinión, diputados locales y federales) de promover un movimiento social en su contra. Y el colmo: se hace el desentendido a las resoluciones judiciales, una y otra vez, en cínico desacato a las órdenes de suspender la obra que, por hoy, divide a los sonorenses, provocando un conflicto de insospechados efectos sociopolíticos y económicos.
Padrés ha ido más lejos de lo permisible y de lo que él calculó como legítimo  y sus consejeros le hicieron creer. Cayó en lo temerario. Desconoció que impera en las letras de la ley el principio de la separación (coordinación) de poderes; soslayó la idea de que, a pesar de lo que sostienen los tránsfugas de la responsabilidad, Estado y Derecho son una y la misma “cosa”; quiso ignorar que aún siendo titular de un poder (en el caso, el Ejecutivo), es imposible saltar sobre la propia sombra.
Querer eludir la consecuencia de asaltar el poder por parte de un titular del poder público,  sólo lleva a sumar consecuencias de mucho mayor peso.
Así, ahora. Se oyen pasos sobre el tejado de Palacio de Gobierno en Hermosillo. Los inconformes con el acueducto, por cierto mal llamado “Independencia”, piden juicio político contra el Ejecutivo estatal. (No se olvida el caso de Carlos Armando Biebrich, asimismo contra campesinos indígenas del Valle de Guaymas)  Si es el desacato es la consecuencia. Se pide el triunfo de la imputación jurídica. No más, no menos.
Mal andan las cosas para los panistas en el poder. El jefe del Ejecutivo Federal, Felipe Calderón, mal sobrelleva el temporal que azota sobre Los Pinos. Desde el exterior provienen voces que comienzan a delatarlo como responsable por delitos de “lesa Humanidad”. Éstos, documentados en los más de cincuenta mil asesinatos impunes como saldo de la “guerra no declarada” contra una potencia invisible, pero igualmente destructiva: el crimen organizado convertido en pretexto, asimismo, de violar la Constitución, socavar el federalismo invadiendo soberanías estatales y municipales, y dividiendo al país en compartimentos estancos de poder.
Y haciendo de la competencia por el poder político una reyerta de todos contra todos.
Al final del día, es decir, del sexenio, pierde sus reservas el PAN, avanza triunfal la campaña de López Obrador y el PRI afronta grave riesgo de ver mermada,  en modo alguno suprimida, la delantera para regresar a Los Pinos con su abanderado: el vencedor virtual, Enrique Peña Nieto. 

martes, 11 de octubre de 2011

CÉSAR DUARTE: EN CHIHUAHUA, UN INFORME DE ESPERANZA


                                                                        Por Federico Osorio Altúzar
Comparable al último informe de Enrique Peña Nieto, el primero de César Duarte tuvo de todo en cuanto a luces, vítores, acompañamiento de importantes personalidades de la política local y nacional, sin faltar el aplauso de figuras que han pasado a los registros cronológicos del pasado. Por lo que se refiere al contenido y al mensaje del documento, cabe afirmar que se trató de un informe con más conceptos que adjetivos: menos palabras y más descripciones de hechos y realizaciones; de planes y proyectos.
Por bastante tiempo pasará como el informe de la esperanza. No el informe de las ilusiones, de las utopías y las promesas. Es el primero y no el último, como dio a entender el ex mandatario Patricio Martínez: tiene cinco largos años para alcanzar las metas y los objetivos del Plan Estatal de Gobierno. Pero, el ritmo y la intensidad, dan certeza, coherencia y eficacia a las acciones del Ejecutivo.
Los agoreros y amantes del vaticinio aseguran que Duarte Jáquez es, a partir del pasado 1 de octubre  de 2011, la carta fuerte para suceder al ex gobernador del Estado de México en Los Pinos, en el nada remoto año de 2018.
Conjeturas aparte, las cuentas públicas rendidas hace unos días por el gobernador de Chihuahua producen la certidumbre y la fe en las instituciones en una de las horas más difíciles y lóbregas de México. Hacen ver lampos de confianza cuando el edificio del bienestar casi se derrumba: empleo, salud, vivienda, educación y mínimos de bienestar. Y cuando, por añadidura, los ánimos de predominio allende la frontera norte soplan amenazadoramente, haciendo el ala ultraconservadora advertencias sobre incursiones militaristas para abatir, en nuestro territorio, a los cárteles del crimen organizado.
En lo interno, tierra adentro, Duarte hace constar a sus coterráneos que la voluntad política puede más que el derrotismo y la apatía en materia de inversiones públicas y privadas; que la visión de Estado va más allá del discurso lisonjero y ególatra hasta remover lastres y colmar vacíos en cuestiones educativas; que el legítimo liderazgo supera la pasión política para orientar  recursos humanos y materiales a la creación de universidades tecnológicas regionales y colegios de enseñanza media y media superior.
En fin, el ejecutivo estatal transparenta su gestión con base en una política inédita, audaz y de gran alcance: la Tarahumara deja de ser, a partir de 2010, el traspatio de la modernización de Chihuahua,  el “lumpen” en torno a la gran mansión en crecimiento y portentoso desarrollo que vio su término al final del sexenio 1998-2004, la tierra de nadie en donde la impunidad es campo propicio para la erección de un territorio libre y autónomo para la criminalidad en el seno del legítimo Estado de Derecho.
Frutales y hortalizas sustituirán a los “narcocultivos” en pleno florecimiento; escuelas y bibliotecas, centros de salud, a los reductos de compra-venta de estupefacientes; presas y carreteras en lugar de sembradíos para envenenar almas y cuerpos, y para enriquecer las cuentas bancarias de advenedizos y tránsfugas de la ley. Modelo en ciernes, la Tarahumara será la ruta a  seguir para remontar la miseria y postración de las sierras, montañas y cañadas de Durango, Sonora y Sinaloa en el norte; Guerrero, Oaxaca, Chiapas y todo el Sureste en el país.    
En lo externo, allende la línea divisoria Chihuahua pone las bases para un nuevo entendimiento con los Estados fronterizos de la Unión Americana. Revive en la cuestión del agua, el principio juarista en el sentido de que el respeto al derecho ajeno es la paz, y revisa con el concurso del Legislativo los preceptos de la Ley en cuestión para que la administración, uso y usufructo del recurso sirva, en primer término, a los intereses de los chihuahuenses.

PEÑA NIETO Y BELTRONES: LA REFORMA DEL ESTADO




                                            Por Federico Osorio Altúzar
Con un pie en la tradición y otro en la modernidad, las dos cartas o prospectos presidenciales del PRI para el 2012, han cumplido la presentación pública de la agenda de precampaña con un menú en que el platillo principal es la de  cambiar todo para dar paso a una nación idílica: próspera, segura, de primer mundo y apta para competir airosamente en la sociedad internacional.
Enrique Peña Nieto y Manlio Fabio Beltrones, abanderados de un  Partido defenestrado de la Presidencia de la República hace doce años, abren lo que sin llegar a ser debate ideológico es una tibia manifestación de lo que podría, y debería ser, la puesta del blanco hacia el cual habrían de tirar sus adversarios.
Cierto es que Peña Nieto sigue siendo, dentro del PRI,  la carta a superar en lo que se refiere a la delantera, con todo y el escepticismo que hay sobre la certidumbre y acerca del método de las encuestas. Por un Estado eficaz se pronuncia el ex mandatario de Edomex, no sin antes declararse partidario de romper con todos los cánones de la inercia en la educación, las finanzas, la planeación de los recursos humanos y materiales.
El decálogo de Peña Nieto es una confrontación tácita con la política económica de los dos últimos sexenios y una apertura al México que se fue de las manos a partir del sexenio salinista y acaba por hundirse desde el ascenso de los mandatarios proimperialistas de la Doctrina Monroe, primero con Vicente Fox y ahora con Felipe Calderón.
Beltrones no se quedó atrás, pese a la calificación desfavorable de las encuestas. Propuso un “nuevo pacto social”. Apostó, en su carta de presentación, por un cambio radical en el ámbito de la hacienda pública, en el modelo de la economía y en el formato de la justicia. El senador por Sonora llegó a la cita precedido del hálito de su oferta política de coalición de corrientes partidistas en el poder (no de alianzas previas a la elección como quisieron entender no pocos), de cerrar puertas a un Ejecutivo proveniente de las filas del narcotráfico y dispuesto a renovar las bases del régimen político para dar entrada a un gobierno “sui generis”, mitad presidencialista, mitad parlamentario que haga factible la cooperación entre las diversas tendencias ideológicas y permita la participación mancomunada a fin de evitar la tentación totalitario y el caudillismo encubierto.
Ambos,  Peña Nieto y Beltrones, compartieron la idea de que el PAN es el único responsable de la crisis económica, de la crisis de confianza institucional y de la derrota de la democracia en México.
Asimismo, en el denominador común brilló por su ausencia la propuesta de reformar la Constitución como punto de partida, incurriendo en la tendencia tradicional de considerar que el Derecho es una superestructura, una ficción o, en el peor de los casos, un lastre  para la eficacia y eficiencia del Estado. Como en la doctrina conservadurista (ahí en donde PAN y PRI están de acuerdo), Estado y Derecho son entidades distintas y en algunos casos opuestas, con el fin de aprobar o reprobar lo que sucede en el primero o para justificar y aplaudir lo que ocurre en el ámbito normativo.
Sonrientes al final de la jornada, con actitud triunfalista el de Sonora y el de Edomex, todo ha ocurrido en términos del buen trato entre correligionarios y de  colaboracionistas, dándose apoyo mutuo sin ostensibles rupturas doctrinarias. Faltaría más. Los operadores y consejeros políticos han estado a la altura y medida de los dialogantes.